“Si los colectivos me ven, me pegan un tiro”

¿A alguien con una 9mm qué le vas a decir? Pues nada. Tienes que morir callada.

Al principio los colectivos tenían un componente social y luchaban contra la violencia generada por los malandros. Pero desde hace años se tiñeron de política. Tienen poder porque están con el estado, que les brindas nóminas paralelas. Y tienen cualquier cantidad de armamento. Dicen que te protegen, pero no puedes hablar. Si te expresas contra ellos, te amedrentan, te sacan del municipio. Yo he visto vecinos asesinados.

A mí por ejemplo me gustaría ir a las marchas contra el gobierno, pero no puedo. Si los colectivos me ven, me pegan un tiro.

Hace unos días los colectivos del 23 salieron todos e impusieron un toque de queda. No dicen que es un toque de queda, pero por los parlantes avisan de que estamos en guerra y hay que defender la revolución. Si entras en la comunidad, no puedes salir. Amedrentan a la gente. La protección que dan, es una verdad disfrazada.

Caracas, Junio 2017. 

*Cambiamos el nombre de esta persona por motivos de seguridad. 

Ilustración de Carlos Carabaña.

“Ahora se mata y te tiran plomo”

En el año 2,000 yo entro a la Guardia Nacional, pero cinco años después empiezo a ver cosas que no eran normales: había corrupción, droga y atracos entre los uniformados y entonces salí definitivamente.

Con el tiempo vi cosas que no me gustaban. Hay hambre, no hay medicinas y otras cosas en el país que no son normales. Por ejemplo, el CLAP (el sistema de distribución de alimentos del gobierno venezolano) es vital para mucha gente y lo manipulan: si voy a una marcha y quemo un caucho, entonces me quitan de la lista y no me lo dan. Pero yo he ido he ido a las marchas y he tirado piedras y cócteles molotov. Eso es fácil, con un poco de gasolina, una botella y mecha. Yo creo que es un derecho, una forma de expresarnos.

Tengo compañeros militares que me dicen que no vaya a las marchas porque van a reprimir con plomo. En mi tiempo se reprimía con escudo y también tirábamos bombas lacrimógenas, pero no se disparaba contra la gente, como se está haciendo ahorita. Ahora se mata y te tiran plomo.

Caracas, Junio de 2017.

 

 

“Cuando me tocaba matar, no sentía nada”

De niño yo decía: “Quieto” y disparaba con las manos. Siempre quise ser policía, pero ahora veo que solo hay tres formas de salir de esto: muerto, preso o jubilado.

La última vez (en enfrentamiento) hubo un funcionario muerto y tres heridos, yo entre ellos.  Yo iba con una 9mm y ellos (los criminales) con R-15, AK-47, granadas. En la cárcel hay un mortero y se dice que el 23 de enero tiene un misil. ¿Cómo vamos a poder contra ellos? Yo me jodí ya a unos 15. Llegó un punto en qué cuando me tocaba matar, no sentía nada. En total tengo ocho disparos entre piernas, brazo y abdomen. Tu llegas a investigar algo  y te reciben con plomo.

El policía que quiere sobrevivir tiene que firmar pactos. Se necesita un informante y los suficientes cojones para sacar información. Normalmente te llegan 20 casos (homicidios) y resuelves dos. Ahora quieren manejar todas las cifras como enfrentamientos, hay mucho maquillaje. Esto se escapó de las manos.

Los que trabajamos en homicidio tenemos una pizca de amor por esto.  Cuando te dan la placa es como firmar un compromiso con el país. Pero es difícil no ser corrupto. Un día ves a un monstruo con 10 homicidios y el día que lo agarraste pasa algo y vuelve a la calle. Por eso mucho los siembran (con droga). Te conviertes en un fraude porque no hay forma de acabar con la impunidad. Esto es un circo.

Caracas, Junio de 2017.

*Cambiamos el nombre de esta persona por su seguridad.

Ilustración de Carlos Carabaña.

“Me dijeron: ‘Muerto el perro se acaba la rabia”

.—   Me dijeron que mi hermano era un delincuente y que muerto el perro se acaba la rabia. Yo tenía 11 años cuando lo vi morir. Él tenía 20. Mañana se cumple cuatro años que no veo a mi hermano.

—   Mi prima escuchó a mi hijo diciendo que lo iban a matar y al policía diciendo que se arrodillara. Lo ajusticiaron enfrente de su casa. Mi hijo tenía 19 años. Después el policía llamó a la puerta de mi prima y le dijo: “tú no viste nada”. Aunque iban con las caras tapadas para que no los identificaran.

—   Mi hijo tenía 25 años, tenía su pareja, sus hijos y los policías se lo llevaron y después de pasar unas horas con él decidieron quitarle la vida. Yo exijo justicia porque mi hijo no tenía armas, no se enfrentaba con nadie, su asesinato no puede quedar impune.

—   A mi hijo lo mató un Guardia Nacional hace cuatro años, siete meses, siete días. La noche anterior el guardia les dijo a sus compañeros: mi mujer viene a traerme los papeles del divorcio, al que venga con ella me lo voy a joder.

—   Mi hijo estudiaba para ser criminalista. Pero como era de pocos recursos también trabajaba. El único día que faltó al trabajo, el 14 de julio de 2006, lo mataron en esta casa. Yo vivo aquí. Lo encerraron, lo metieron en un hoyo. Mi hijo apareció con nueve disparos de metralleta. Dijeron que fue un enfrentamiento.

*Caracas, Junio de 2017.

¿Entonces mi muchacho está muerto?  

Fernando tenía 25 años.  Él decía que cuando yo me muriera, él se moría también. Que se iba a tirar al metro.

Se crió conmigo. Su epilepsia era muy fuerte. Le daban ataques, caía al piso, sacaba espuma. La última vez estuvo cuatro días sin conocimiento porque en el hospital no había el medicamento que él tomaba. Se le veía la enfermedad en un ojo, que se le iba para un lado, pero no era una persona dependiente. Trabajaba en la alcaldía de Sucre, limpiando y despachando. Echaba bromas, le gustaba andar en bicicleta. En las fiestas de cumpleaños, le encantaba romper la piñata.  

Ese día, llegó a casa de su tía a ver Se ha dicho, un programa sobre una abogada que arregla conflictos de divorcio, de custodia de los niños. Nunca se lo perdía. No le gustaba que hablaran cuando lo estaba viendo, pero le gustaba comentar en la publicidad. Cogió unos bistecs que su tía le tenía preparados y la comida del perro. Cuando fue saliendo, se encontró con el desastre.

Había protestas contra el gobierno. La Guardia Nacional estaba haciendo lo que mejor sabe hacer: reprimir a todos. La gente empezó a correr. Los guardias empezaron a disparar. Fernando nunca iba a las protestas. Sólo pasaba por ahí.  Recibió el impacto y cayó. Un chico lo montó en un coche y se fueron al hospital. Cuando me enteré fui corriendo. Al principio me dijeron que le habían disparado con perdigones y que lo iban a operar. Pero al tiempo salió una doctora y me dijo: “¿Usted es familiar? Sabe que la bala le entró en el abdomen y le perforó los órganos”. Yo le pregunté: ¿Entonces mi muchacho está muerto?  

Caracas, Junio 2017.

 

 

“Les importa un pito que van a morir”

Yo perdí a mi sobrino y a su esposa que estaba embarazada.  Lo mataron una noche como a las 12. ¿Quién fue? Nadie sabe. Lo cierto es que lo mataron a él y a la muchacha. Le cayeron a plomo.  Si fue la policía o el hampa no se sabe.  Mi sobrino no era ningún niño bueno, estaba metido en vainas.  Pero con las OLP (incursiones policiales llamadas Operación de Liberación del Pueblo) no hay ningún proceso de investigación para saber quién enterró.  Ellos entran a para un sector y se llevan a los muchachos y los matan, porque los meten a todos en el mismo pozo. 

La paz se rompió a raíz de un año para acá. ¿Qué era la zona de paz? Yo te permito que estés en tu zona tranquila, pero que no mates y que no robes. Antes el gobierno las apoyaba, pero ya no existe y se están matando entre los muchachos (criminales) y la policía.  

Desde los 12 años he organizado eventos deportivos en esta parroquia, haciendo intercambio entre un barrio y otro. Hace 40 años era distinto, pero ahora… Yo veía a mi sobrino con una máquina (fusil), pistola, granada, peine (cargador), corriendo de allá para acá. Esos muchachos no vivían tranquilos porque tienen que huir permanentemente las 24 horas al día. ¿Cómo duermen? No sé.  Porque se meten en secuestro, drogas, mata y cobran vacuna.  Les importa un pito que van a morir.

Caracas, Junio 2017.

 

 

“Los tiros son normales”

Yo soy de Barquisimeto. Llegué aquí en 1960.  Había pura mata con espinas hediondas.  En ese tiempo,  la gente quitaba la mata y hacía su ranchito con tablas. Yo hice lo mismo.  Poco a poco se fue poblando el barrio, era muy bonito, la gente hizo su familia. Ya no sé cuantos nietos tengo, bastantes, también bisnietos y tataranietos.  Tengo 80 años.

El barrio ha cambiado mucho. Hasta el tricolor (partidos de oposición al gobierno) ha venido para arreglar esto aquí. Está descuidado, pero yo tengo este lugarcito y mira qué vista tengo.

No sé cuando empezó la violencia, pero los tiros son normales. La violencia es normal. Siempre fue. Gracias a Dios yo estoy bien, aquí tranquila. Yo en mi casa, mi familia en casa, trabajamos para mantenernos y no hacemos preguntas. Allí arriba (en la parte alta del barrio) es otra cosa. Pero aquí estoy segura.  Tengo mi mata de cacao, mi huerto. No ando viendo lo que pasa en otro lado. Me preocupa más que hay mucha rata y gatos sueltos.

Caracas, Junio 2017.

 

 

“Muchos niños que dejan la escuela entran al crimen”

A mí me sobra carácter. Tengo un palito que le digo el meremere y cuando el muchachito que se porta mal, lo saco. Así no le vaya a dar, yo  lo saco y le digo: “Te voy a dar con esto”.  Le he dado clase a cualquier cantidad de niños de este sector que ahora son hombres viejos como yo.   

Hay mucha deserción escolar. Hay niñitos de arriba (del sector más alto en la barriada El Cementerio) que están en extrema pobreza  y nunca han estudiado. Entonces yo los preparo y les consigo unos cupos aquí en el colegio. Muchos niños que dejan la escuela entran al crimen. Por ahí empieza el problema de la delincuencia. Es falta de educación. A esos muchachos, esos que están desviados, les he dado clase a cualquier cantidad, y me da cónchale, mucha tristeza.

Ahorita pasó un caso, no sé si escucharon, mataron a unos policías y venían todos los niñitos y me decían: “¿Usted oyó?”. Y yo respondía: “No y ustedes tampoco”. Es mejor no saber nada. Yo los meto en cintura. 

Caracas, Junio 2017.

 

 

“Nos estábamos matando por llevar pan a casa”

Yo me metí al sindicaleo con 15 años, cuando la broma era candela. Andaba en la mala vida y era mi única manera de trabajar.

Es lo que te decía, la necesidad. El malandro no nace, se hace.

—  Yo por lo menos me metí a la delincuencia porque me obligaron, me quitaron a mi hermano cuando yo tenía 11 años. Por venganza, por remordimientos. Él era una persona sana y pensé que como a él le podían quitar la vida, a mí también. Automáticamente me compré una pistola. Y de ahí en adelante en la mala vida, ganándome el respeto.

—  Yo no quería estudiar más y me fui a la calle a drogarme, a vender droga. Caí preso y estuve cinco años. Cuando me agarraron no tenía nada de droga, pero tenía una orden de captura porque traficaba y me sembraron 50 gramos de heroína. La policía, cuando no te siembra, te mata.

—  Soy chavista 100%, pero algunas cosas que hace el gobierno no me gustan. Yo no sé por qué la policía no puede dialogar como hicimos nosotros. Hace cuatro años decidimos que los sindicalistas no nos podíamos matar entre nosotros por llevar pan a casa e hicimos la paz, aunque claro, no entraron todos. Antes era plomo todo el tiempo. La primera vez que me echaron de una obra fue a balazos. Aquí, en la barriga tengo la cicatriz.

—  Antes, si un grupo se apoderaba de una obra  y a mí no me dejaba trabajar, tenía que ir por él hasta apoderarme yo de la obra.

— Era a la fuerza. Yo no agarraba un tabulador para decirle al empresario tienes que pagar tanto. Yo ya he pagado, he estado preso, y hay un momento en que uno recapacita y dice ya basta.

—  Pero la policía está matando a los jóvenes e irrespetando los espacios de los sindicatos. Así empiezan las cosas.

Caracas, Junio 2017.

*Cambiamos el nombre de estas personas por motivos de seguridad.

Ilustración de Carlos Carabaña.

“No era respeto, era el temor que yo causaba”

En cierto momento llegué a tener una gran fama, pero eso no era nada. No era ni respeto. Era el temor que yo le causaba a la comunidad. Cuando echaba un chiste, todos se reían aunque no fuera muy bueno, si no estaba en lo cierto, daba igual, todos me aplaudían.

Tengo 36 años. Soy nacido y criado en esta comunidad, El Encanto. Una vez después de ver a mi padrastro pegarle a mi madre, yo tendría 17 años, mi corazón se llenó de odio y salí a la calle. Me pusieron una pistola, me dijeron garitea ahí. Eso es lo primero que tienes que hacer, vigilar, luego vender, traer cosas de aquí para allá. Quemártela. Después ya estaba en mi esquina, armado, cuidándome de las otras bandas. Había unas cinco. Eran problemas mil en la zona. Si pasabas la frontera, era plomo. En mis tiempos era lo que se veía, ahora se ven bandas organizadas contra la policía, porque aquí las OLP (Operaciones para la Liberación del Pueblo) han hecho demasiado desastre.

Yo en mis últimos días en el crimen lloraba por las noches, pero no le podía decir a los muchachos. Yo era el cabecilla y eso era una debilidad. Me podían matar. El primero que me dijo que estaba equivocado fue el pastor Robinson y por eso me hice cristiano y ahora sigo el camino del señor. Yo, varón, le digo que los muchachos piden auxilio en silencio. Estar ahí es un sufrimiento muy grande. No es fácil. Te están mostrando un rostro, pero es mentira. Por dentro estar en el crimen te desgarra.

Caracas, Junio 2017.