Centroamérica, a la caza del narco mexicano

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Por  y José Luis Pardo Veiras

La presencia de Los Zetas y el Cártel de Sinaloa en países como Guatemala, Honduras y Costa activa la alerta de las autoridades contra traficantes mexicanos en Centroamérica.

Salvador Argüelles Briones, alias El Manchas, era el único mexicano entre los 36 zetas acusados de asesinar, secuestrar y traficar armas, que esperaban la sentencia de un tribunal guatemalteco. Pero era el más importante. El Manchas es uno de los líderes zeta en la región y fue el autor intelectual del asesinato del fiscal Allan Stowlinski Vidaurre, cuyo cuerpo fue dejado frente al edificio de Gobernación del departamento fronterizo de Alta Verapaz.  El pasado 27 de julio, lo condenaron a 97 años de cárcel.

El Manchas ha pasado a engrosar la vitrina de trofeos de las autoridades guatemaltecas en su lucha contra el narco. Este año han sido detenidos, condenados y extraditados alrededor de 18 capos más relacionados con cárteles mexicanos, según fuentes del Ministerio de Gobernación. La tendencia habla sobre la creciente presencia de mexicanos –Zetas y Sinaloa– en Centroamérica, donde han activado las alertas de las autoridades de cada país, que se centran en su caza.

A los mexicanos yo los comparo con cavernícolas. Son más violentos, más primitivos. Los colombianos son más hombres de negocios”, analiza Mauricio Boraschi, zar antidrogas de Costa Rica, quien asegura que los mexicanos ya han establecido una base operativa en ese país.

Narcotraficantes de rango medio, como El Manchas,  han creado alianzas con criminales locales para tener una mayor cadena en el negocio de la droga. Asumir el control de un territorio más grande, aumenta el riesgo para las organizaciones criminales, pero la recompensa es notable: un kilo de cocaína en Costa Rica ronda los 3 mil dólares, en México los 10 mil.

El nuevo paradigma del tráfico de drogas ha desatado el miedo en la población. El año pasado, los vecinos de Las Orquídeas, un barrio de San José, protestaron con palos y piedras contra que dos narcotraficantes mexicanos, acusados de traficar 177 kilos de cocaína a Guatemala y México, lograran el arresto domiciliario.Los vecinos afirmaban que su mera presencia alteraría la tranquilidad en la zona. El juez rectificó y los dejó en la cárcel.

Los tentáculos de los grandes cárteles mexicanos han llegado a casi todos los rincones, como a la Región Autónoma Norte de Nicaragua, una zona aislada en el caribe nicaragüense.   “Actualmente, si vemos la cantidad de cárteles que hay en Colombia y México, prácticamente México tiene el doble. Entonces, se volvieron más agresivos tanto en el traslado como en la venta del producto. Y para ello utilizan a colombianos, panameños, nicaragüenses, costarricenses, hondureños, de cualquier nacionalidad, pero siempre bajo su propio manto”, apunta el contralmirante Roger González, jefe de las Fuerzas Navales de Nicaragua.

Aunque sus nombres no son conocidos, no tienen fama ni narcocorridos que cuenten sus hazañas, este nuevo modus operandi ha extendido la preocupación en toda la región. Tan sólo en las cárceles costarriscenses hay alrededor de 60 mexicanos detenidos por tráfico internacional de droga. En Nicaragua, el cártel de los Charros que operaba de Colombia a México y tenía conexiones con la Familia Michoacana, fue desarticulado el pasado abril, producto de las detenciones realizadas a raíz de la muerte del cantautor Facundo Cabral. En Honduras, los mexicanos han incursionado por el caribe adueñándose del país más violento del mundo. Y El Salvador ya alerta sobre la presencia de zetas en su territorio y sus posibles alianzas con líderes de pandillas. Guatemala, es quizá el país con el peor de los síntomas, en el que se han reproducido más  matanzas a la mexicana.

El guatemalteco Abel de Jesús Bolpito, supuesto Zeta, fue capturado el 11 de junio en un campo de fuútbol en el departamento de Baja Verapaz. El propio presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, fue quien lo anunció: “Es acusado de participar en la masacre de la finca de Los Cocos”, dijo. Aquel 11 de mayo de 2011 el ex brazo armado del Cártel del Golfo perpetró una de sus demostraciones macabras de poder. Mataron a 27 campesinos en La Libertad, Petén (frontera con México). Fue el parteaguas, el síntoma que alertó sobre la extensión de los cárteles mexicanos en Guatemala primero, y luego en el resto de Centroamérica. Un año después las organizaciones criminales están en el punto de mira. Decir Sinaloa o Zetas ante las autoridades de estos países produce siempre dos efectos: enarcar la ceja en señal de preocupación y elevar el tono para asegurar que caerán.

Alejandra S. Inzunza y José Luis Pardo

 

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