El nuevo presidente paraguayo podría tener vinculos con el narco

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Por Pablo Ferri

En 1992, un perro policía alcanzó la fama en Paraguay al detectar varias prendas de ropa en el aeropuerto impregnadas de cocaína. Era lo nunca visto en el país sudamericano, camisetas llenas de coca… Max, el perro, se convirtió en un símbolo de la lucha contra el narcotráfico y cuando murió, seis años más tarde, la policía no supo desprenderse de él. ¿Enterrarlo? ¿A Max? ¡Qué frivolidad!

La Secretaría Nacional Antidrogas (Senad) embalsamó el cadáver y colocó los restos en una vitrina a metro y medio del suelo, a la entrada de su sede en Asunción. Aun hoy, Max mira a los visitantes con ojos perspicaces. Cualquiera que visite al secretario enfrenta sin remedio su mirada inquisitiva.

El próximo mes de agosto, Max seguirá en la vitrina y podrá atestiguar la llegada de un nuevo secretario a la jefatura de la Senad. El nuevo presidente, Horacio Cartes, formará su gobierno, después de su victoria electoral el pasado 21 de abril bajo la bandera del Partido Colorado. Entre otras cuestiones, Cartes deberá hacer frente a la pobreza rampante que afecta a treinta por ciento de la población, a las corruptelas de un sistema heredado de la dictadura y por supuesto al tráfico y el cultivo de drogas.

Paraguay es el mayor productor de mariguana de Latinoamérica. Hace un par de años, el subdirector de la oficina de la ONU contra las Drogas y el Crimen (UNODC) dijo en una visita al país, que 15 por ciento de la producción mundial de mariguana crecía en suelo paraguayo. Por lo que cuenta la Senad, actualmente la producción podría ser mayor. Un oficial de alto rango de la secretaría me explicaba hace un mes que con Lugo —Fernando Lugo gobernó Paraguay entre 2008 y 2012, cuando el parlamento lo destituyó de muy malas maneras—, sus hombres apenas erradicaron plantíos; que la situación había cambiado los últimos meses con los liberales en el poder y que no sabía qué podía pasar cuando Cartes ganara las elecciones.

El oficial de la Senad sabía —como todo el mundo en Paraguay meses antes de que ocurriera—, que Cartes iba a ganar sin mayor problema. Ignoraba sin embargo qué haría el futuro presidente en materia de drogas. Insistí. ¿Cuáles pensaba que serían sus movimientos? Se hizo un poco el loco.

La pregunta venía a cuento porque días antes había leído que Estados Unidos había investigado a Cartes por narcotráfico. Es más, a finales de esa misma semana, en una entrevista con el senador Roberto Acevedo en Pedro Juan Caballero, en el departamento del Amambay, en la frontera con Brasil, escuché de sus labios que algunas avionetas habían empleado la hacienda de Cartes como pista de aterrizaje clandestina. ¿Tráfico de cocaína? Acevedo sospechaba que sí. Cartes y el senador tenían tierras en el Amambay, zona clave para el tráfico de cocaína hacia Brasil y el cultivo de mariguana —la tierra allá es roja como las crestas de los gallos, muy rica en minerales—. Resulta que ambos habían sido vecinos y que Acevedo sabía de las avionetas por los trabajadores de su hacienda. Pese a la sospecha, Acevedo no pensaba que Cartes tuviese que ver. “Los narcos”, decía “usan las haciendas a su antojo allá, y si protestas, te matan el ganado”. Mejor callar.

Lo que sí dijo Acevedo es que a Cartes le fue muy bien en sus años en la frontera. Montó un banco y lanzó su imperio tabacalero. ¿Para qué iba a traficar con cocaína si ya le iba bien con lo que tenía?


Horacio Cartes, vía.

Los motivos de Cartes monopolizaron las sobremesas asuncenas a finales de marzo. Más allá de sus haciendas en el Amambay, pocos se atrevían a aventurar qué objetivos podía tener el empresario como presidente –para el Paraguay y para sí mismo-: ¿Por qué uno de los hombres más ricos del país se exponía a la opinión pública? ¿Qué necesidad tenía? ¿Por qué asumía protagonizar una operación publicitaria tan puntiaguda como la campaña electoral? Bernardino Cano Radil, ideólogo de los colorados, asumía las declaraciones del futuro presidente semanas antes de la elección: Cartes no soporta vivir en un país lleno de pobres.

Así las cosas, Cartes tiene toneladas de trabajo por delante. Parece que su intención es devolver a Paraguay al Mercosur antes que nada —sus compañeros, Brasil y demás, suspendieron su membresía cuando el episodio de Lugo—. Además, tendrá que negociar la instalación de una empresa canadiense en el país, cuyos requisitos energéticos superan la mitad de las necesidades de la población en un año. No estaría mal que apoyara la instalación de radares aéreos para monitorizar los vuelos clandestinos en la frontera y que de paso hablara con Bolivia y Brasil para coordinarse mejor.

Un año antes de su muerte, en 2007, el escritor y periodista paraguayo Helio Vera concedió una entrevista a Luz González en la revista Teveo. La reportera preguntó a Vera si Paraguay tenía salida. “¡Claro que sí!”, respondió, “todavía no se robaron el aeropuerto”. Ignoro si Max, el perro policía, tuvo algo que ver para que no se lo robaran.

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Pablo Ferri

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