El pueblo quiso circo

LOGO-cliente-dromomanos-Yorokobu

Por Pablo Ferri y Jaled Abdelrahim

Hace cinco años, una cuadrilla de muchachos inquietos decidió okupar la plaza de toros de Caracas. No era por okupar, claro está, su objetivo era más ambicioso. Querían convertir el ruedo en lugar de ensayo, los tragaluces en bambalinas, levantar una escuela de artes escénicas y desterrar la lidia para siempre.

Y así lo hicieron. Organizaron un festival de circo, pidieron las llaves de la plaza al alcalde y cuando tenían que devolverlas, dijeron que no.

Empezaron entonces con la limpieza, desbrozaron los exteriores y pulieron el suelo de las salas nobles. Entretanto, prepararon la resistencia para defender el nuevo espacio de la nostalgia taurinista. Cinco años después, parece que han ganado el pulso. La carpa tricolor continúa tersa en la arena y cada tarde la chavalería practica break dance, capoeira, teatro, malabares y cualquier tipo de disciplina artística.

Al principio fue sencillo. El alcalde mayor de Caracas, Juan Barreto, volaba en la órbita del presidente Hugo Chávez y se tomó más en serio que otros todo el asunto de la revolución bolivariana y el poder para el pueblo. Los artistas que tomaron el espacio dicen que la plaza apenas se usaba y que Barreto casi no insistió para que devolvieran las llaves.

Por lo que cuentan, Barreto era un alcalde arrecho, como dicen por aquí enrollado, de esos que organizan cantidad de conciertos y actividades callejeras y que dicen que sí a casi todo. Dicen también que a Barreto le llamaban Calígula y añaden una serie de detalles que haría sonrojar a cualquiera. El caso es que los muchachos apenas tuvieron problemas con él, pero aquel edil perdió las elecciones y a su sucesor, de la oposición, no le hizo tanta gracia eso de la okupación.

Por si acaso, cuenta otro de los muchachos, “Chávez salió por televisión y ordenó que nadie se metiera con los muchachos de Nuevo Circo”. Chávez había dicho Nuevo Circo en antena, es decir, el proyecto estaba asegurado.

Cinco años después, nadie en el Nuevo Circo parece preocupado por las organizaciones protaurinas que trataron de recuperar la plaza años atrás. Varias asociaciones y fundaciones comparten ahora el espacio y los muchachos se enorgullecen de lo que han conseguido.

Carolina Moreno, estudiante de danza contemporánea, pasa muchas tardes en el Nuevo Circo practicando duo de tacos, su especialidad. Asegura que “es la primera carpa social de toda Venezuela y el único sitio así”. Cuando dice así, Carolina se refiere a que pocos sitios ofrecen tantas opciones para desarrollar el propio talento. En la pista principal, bajo la carpa, unos practican malabares con mazas, mientras otros corretean mezclando pasos de ballet y danza contemporánea.

Al rato, un jovenzuelo fibroso con los ojos saltones enganchará sus brazos a dos telas y ensayará en el aire a ritmo de drum ‘n bass. En la sala principal de la vieja presidencia, una docena de zagales briosos practican pasos de break dance. Vishnu lanza mazas al aire justo al lado. “Estoy a muerte con esto”, comenta concentrada. En pocos meses ha conseguido echar las mazas por la espalda y entre las piernas. Mueve hasta cinco a la vez y su objetivo es llegar a 13, como su héroe Anthony Gatto, “el mejor malabarista del mundo”.

Como Vishnu o Carolina, decenas de jóvenes caraqueños alimentan su pasión en el Nuevo Circo. Desde fuera parece una plaza de toros cualquiera, pero un cartel que cuelga del tendido avisa para que nadie se equivoque: “Núcleo de desarrollo endógeno cultural”.

The following two tabs change content below.
Pablo Ferri

Pablo Ferri

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *