Okupas por decreto

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Por Pablo Ferri – Fotos por Nicolle Yapur, José Pacheco y Omar Véliz

Media tarde de un día feriado en Caracas. Ángel Cacique, activista vecinal y fontanero de la política capitalina, dirige un paseo por el bulevar Sabana Grande, cerca del centro de la ciudad. “Mira, ¿ves ahí?”, dice, “ese edificio era de un colombiano que quería ampliar su hotel… ¿Qué pasó? Lo invadieron hace unos años y hasta la fecha no los han sacado”. Sabana Grande es uno de esos bulevares modernos, peatonales, con farolas bonitas y juegos infantiles en cada esquina. “Así ha sido con Chávez”, afirma, “quien quiere, okupa y nadie dice nada. ¡El propio Chávez los anima!”, exclama.

El 21 de enero de 2011, el presidente venezolano Hugo Chávez  invitaba por televisión a las clases populares de Caracas a okupar terrenos en “desuso” de las zonas nobles de la ciudad. Horas más tarde, grupos de seguidores tomaban al pie de la letra el discurso del mandatario e invadían varios solares y locales comerciales de Chacao, una elegante zona ubicada al este. Luego Chávez reculó y dijo que la clase media no era enemiga de la revolución, pero pocos le creyeron. No era la primera vez que el gobernante apoyaba la okupación.

Desde que Chávez gobierna, hace ya 14 años, decenas de edificios han sido okupados en la capital con su beneplácito o indiferencia. Casi todos se reparten entre Sabana Grande y el barrio de La Candelaria, más al oeste. En la mayoría, los invasores no pagan luz, ni agua. Un caso emblemático es el de la torre Confinanzas (también llamada Torre de David), un rascacielos de 120 metros de altura que un grupo de ciudadanos okupó en 2007. Desde entonces, el deterioro es evidente. Decenas de parabólicas cuelgan de las fachadas; muchas de las ventanas de los pisos altos están tapiadas para evitar caídas al vacío y las escaleras carecen de pasamanos hasta los pisos más altos. La Confinanzas eludió su destino en el skyline latinoamericanoy se convirtió en la primera favela vertical del mundo con más de tres mil habitantes.


Torre Confinanzas, por Omar Véliz.


Foto del Sambil, por José Pacheco. 

“Ahora no te dejan entrar”, explica Ángel, “desde lo de abril se andan con más cuidado”. El pasado 11 de abril, un centenar de agentes de la policía irrumpieron en la torre Confinanzas para rescatar al agregado comercial de la embajada de Costa Rica. Acudieron en helicóptero y actuaron desde las plantas altas, las que no están okupadas. La prensa local puso el grito en el cielo y denunció que las bandas criminales se habían adueñado de la torre, que un colectivo armado pro chavista, los Tupamaro, controlaba partes del edificio y que el resto se lo repartían varios líderes, entre ellosEl Enano, Elvis o El Gordo Borrego. Ellos coordinan la torre, echan a quienes se retrasan en el pago de la mensualidad –porque decidieron cobrar una mensualidad– y ofrecen alquileres a nuevos inquilinos aunque ellos nunca pagaron nada. Ángel dice que intentó buscar un enlace para entrar pero que ahora no se andan con bromas. “En la entrada hay varios panas armados vigilando”…

En todo caso, la mayoría de los vecinos  de la Confinanzas y otros edificios okupados decidieron invadir porque no tenían otro lugar al que ir. En el barrio de Altavista, al oeste de la ciudad, la estructura de la futura escuela José Rojas Armas se ha convertido en el refugio temporal de una decena de familias que perdieron sus viviendas durante las lluvias de 2010. Antonieta Bianchi, de 57 años, es vecina del barrio de toda la vida. Se queja de la humedad que afecta a su casa y teme que un día de estos los cimientos se le vengan abajo. “Esta zona está horrible, las calles y las casas se caen por la humedad”, explica.

“La república es su responsabilidad”

Otro de los edificios okupados que llaman la atención es el centro comercial Sambil, expropiado por el gobierno en 2009 y convertido actualmente en otra favela y en un foco de inseguridad. El Sambil está también en La Candelaria y alberga a centenares de ciudadanos que han convertido los locales comerciales en vivienda. La señora Bianchi se enfurece. “El fallo del presidente fue darle poder al pueblo, ¡la república es su responsabilidad!”. Bianchi critica a Chávez por su “irresponsabilidad” por apoyar las okupaciones y las expropiaciones.

“La gente cree que puede hacer lo que quiera porque se siente legitimado por el presidente”, argumenta Ángel. El paseo esta vez discurre por Catia, un suburbio enorme ubicado al oeste. “Mira”, dice, “esta fábrica textil la expropiaron y la hicieron ruina”, lamenta. “¿Ves ahí, el hotel? Los chavistas de aquí propusieron expropiarlo también”…

El Sambil y la torre Confinanzas han generado cantidad de historias los últimos meses. Desde hace un tiempo, por ejemplo, la torre ha desarrollado un sistema de transporte basado en moto taxis, la forma más común de moverse en Caracas. Las rampas que comunican las plantas permiten a los vehículos ascender rápidamente varias plantas, una solución a la falta de elevadores.

En el Sambil, los vecinos de La Candelaria se quejan de que los que viven allí arrojan su basura a la calle sin ningún tipo de control.

Casas que nunca llegan

Una de las críticas que la oposición ensaya con insistencia en Venezuela es la escasez de vivienda. El candidato opositor a Chávez, Henrique Capriles, repite constantemente que el gobierno ha construido sólo 373 mil viviendas en 12 años cuando prometió edificar más del doble. En los últimos meses, según la oposición, Chávez ha empezado a levantar edificios a lo loco para asegurarse la victoria en las elecciones del próximo 7 de octubre, cosa que a su juicio no soluciona el problema. Capriles da siempre otro dato: el déficit de vivienda en el país asciende a 2.5 millones de unidades.

Lo cierto es que los habitantes de la torre Confinanzas y demás edificios okupados de Caracas invadieron esos espacios porque no les quedaba otra opción. En los reportajes que se publicaron antes del suceso de abril, cuando los reporteros aun podían entrar, los vecinos de la torre explicaban que si vivían allí no era por gusto, si no por necesidad. En uno que publicó The New York Times en febrero del año pasado, José Hernández, trabajador del Banco de Venezuela, concluía: “¿La gente cree realmente que nosotros queremos vivir aquí?”.

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Pablo Ferri

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