"El luto es en la lucha"

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¿Por qué morimos?
Edna Cavalcante

Él decía que se parecía a Justin Bieber. Que cuando cumpliera 18 años quería servir en el Ejército. Porque era bonito, porque era alto… y la policía vino y le arrebató sus sueños.  Mi hijo era un niño tranquilo. Era bueno, cariñoso, dedicado. Andaba de skate, le gustaba el fútbol. Yo sé que no estaba en malos pasos.

Fue con su amigo Jardiel a Curió. Ahí cerca los mataron. Hay una calle donde hay wi-fi y todos los chicos van a eso. Ellos estaban en la calle, sentados. Eran las once de la noche. Llegó la policía y mató a quien sea que se le puso enfrente. Fue por venganza a un policía que mataron un día antes.

Yo pensaba que a mi hijo nunca le podría pasar nada. Como él no debía nada, ¿por qué habría de morir? Tenía miedo que muriera en un accidente, que muriera por una caída, que muriera de viejo, de una enfermedad.  ¿Pero, por la policía?  La policía de Ceará fue tan cobarde que fueron encapuchados, adulteraron placas de vehículos, hicieron todo eso para matar.

Yo vi a mi hijo  por última vez en el cajón, en su féretro. La policía me arrancó a mi hijo. Sin último adiós. Sin último te amo. Sin último abrazo. Me arrancó mi hijo y todos sus sueños. Toda la vitalidad que tenía mi hijo. Toda la alegría que tenía mi hijo. La policía enterró la juventud de mi hijo.

Pasé tres meses sin hablar. Con ganas de morir. Sólo lloraba. Todavía lloro. Pero ahora el luto es en la lucha. Empezamos a luchar para que cambiáramos el nombre de dos calles aquí en San Cristóbal. Pusieron el nombre de Jardel y de Alfie.

Fortaleza, Abril de 2017.

 

 

La policía enterró la juventud de mi hijo

Madre
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“Me dijeron: ‘Muerto el perro se acaba la rabia’”

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¿Por qué morimos?
Mujeres víctimas de la OLP

.—   Me dijeron que mi hermano era un delincuente y que muerto el perro se acaba la rabia. Yo tenía 11 años cuando lo vi morir. Él tenía 20. Mañana se cumple cuatro años que no veo a mi hermano.

—   Mi prima escuchó a mi hijo diciendo que lo iban a matar y al policía diciendo que se arrodillara. Lo ajusticiaron enfrente de su casa. Mi hijo tenía 19 años. Después el policía llamó a la puerta de mi prima y le dijo: “tú no viste nada”. Aunque iban con las caras tapadas para que no los identificaran.

—   Mi hijo tenía 25 años, tenía su pareja, sus hijos y los policías se lo llevaron y después de pasar unas horas con él decidieron quitarle la vida. Yo exijo justicia porque mi hijo no tenía armas, no se enfrentaba con nadie, su asesinato no puede quedar impune.

—   A mi hijo lo mató un Guardia Nacional hace cuatro años, siete meses, siete días. La noche anterior el guardia les dijo a sus compañeros: mi mujer viene a traerme los papeles del divorcio, al que venga con ella me lo voy a joder.

—   Mi hijo estudiaba para ser criminalista. Pero como era de pocos recursos también trabajaba. El único día que faltó al trabajo, el 14 de julio de 2006, lo mataron en esta casa. Yo vivo aquí. Lo encerraron, lo metieron en un hoyo. Mi hijo apareció con nueve disparos de metralleta. Dijeron que fue un enfrentamiento.

*Caracas, Junio de 2017.

Yo exijo justicia porque mi hijo no tenía armas, no se enfrentaba con nadie, su asesinato no puede quedar impune 

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¿Entonces mi muchacho está muerto?  

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¿Por qué morimos?
Nervis Díaz

Fernando tenía 25 años.  Él decía que cuando yo me muriera, él se moría también. Que se iba a tirar al metro.

Se crió conmigo. Su epilepsia era muy fuerte. Le daban ataques, caía al piso, sacaba espuma. La última vez estuvo cuatro días sin conocimiento porque en el hospital no había el medicamento que él tomaba. Se le veía la enfermedad en un ojo, que se le iba para un lado, pero no era una persona dependiente. Trabajaba en la alcaldía de Sucre, limpiando y despachando. Echaba bromas, le gustaba andar en bicicleta. En las fiestas de cumpleaños, le encantaba romper la piñata.  

Ese día, llegó a casa de su tía a ver Se ha dicho, un programa sobre una abogada que arregla conflictos de divorcio, de custodia de los niños. Nunca se lo perdía. No le gustaba que hablaran cuando lo estaba viendo, pero le gustaba comentar en la publicidad. Cogió unos bistecs que su tía le tenía preparados y la comida del perro. Cuando fue saliendo, se encontró con el desastre.

Había protestas contra el gobierno. La Guardia Nacional estaba haciendo lo que mejor sabe hacer: reprimir a todos. La gente empezó a correr. Los guardias empezaron a disparar. Fernando nunca iba a las protestas. Sólo pasaba por ahí.  Recibió el impacto y cayó. Un chico lo montó en un coche y se fueron al hospital. Cuando me enteré fui corriendo. Al principio me dijeron que le habían disparado con perdigones y que lo iban a operar. Pero al tiempo salió una doctora y me dijo: “¿Usted es familiar? Sabe que la bala le entró en el abdomen y le perforó los órganos”. Yo le pregunté: ¿Entonces mi muchacho está muerto?  

Caracas, Junio 2017.

 

 

La Guardia Nacional estaba haciendo lo que mejor sabe hacer: reprimir a todos

Abuela
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"Les importa un pito que van a morir"

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¿Por qué morimos?
Juan Osorio

Yo perdí a mi sobrino y a su esposa que estaba embarazada.  Lo mataron una noche como a las 12. ¿Quién fue? Nadie sabe. Lo cierto es que lo mataron a él y a la muchacha. Le cayeron a plomo.  Si fue la policía o el hampa no se sabe.  Mi sobrino no era ningún niño bueno, estaba metido en vainas.  Pero con las OLP (incursiones policiales llamadas Operación de Liberación del Pueblo) no hay ningún proceso de investigación para saber quién enterró.  Ellos entran a para un sector y se llevan a los muchachos y los matan, porque los meten a todos en el mismo pozo. 

La paz se rompió a raíz de un año para acá. ¿Qué era la zona de paz? Yo te permito que estés en tu zona tranquila, pero que no mates y que no robes. Antes el gobierno las apoyaba, pero ya no existe y se están matando entre los muchachos (criminales) y la policía.  

Desde los 12 años he organizado eventos deportivos en esta parroquia, haciendo intercambio entre un barrio y otro. Hace 40 años era distinto, pero ahora… Yo veía a mi sobrino con una máquina (fusil), pistola, granada, peine (cargador), corriendo de allá para acá. Esos muchachos no vivían tranquilos porque tienen que huir permanentemente las 24 horas al día. ¿Cómo duermen? No sé.  Porque se meten en secuestro, drogas, mata y cobran vacuna.  Les importa un pito que van a morir.

Caracas, Junio 2017.

 

 

Yo perdí a mi sobrino y a su esposa que estaba embarazada 

Líder vecinal
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"Nunca me perdí en la calle"

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¿Por qué morimos?
Diosmar González

Yo siempre fui un chamo tranquilo. Veía a los amigos, tuve un amigo que mataron, consumían droga y esas cosas, pero yo nunca nada. Yo estudié, me formé de profesor en artes marciales. Nunca me perdí en la calle. Mi otro hermano tampoco. Pero los otros dos sí y los mató la OLP (incursiones policiales conocidas como Operación de Liberación del Pueblo), que siempre que entra mata a quien puede.  

Ellos mismos me decían: no te metas por aquí.  No eran malas personas.  Ellos (los criminales) pueden ser malos con la policía, pero no con el ciudadano.  La banda respeta a todo el sector y el sector los respeta a ellos. Tu haces tu rumba, estás con tu novia, y a ellos no les importa, ellos están con su grupo por allí y tú por aquí.

Aquí en El Cementerio ya no viven policías. Ellos (las bandas) dijeron: “Bueno, vamos a luchar contra al enemigo juntos”.  Los malandros les dijeron que se fueran antes de que pase lo peor y entonces mejor cogieron para otro lado.  Porque si los ven aquí, los matan. Así le ha pasado a varios policías. Aquí quemaron a una pareja hace unos días. A otro que agarraron en la Cota  también lo quemaron. Era grandote y quedó chiquitito,  chicharroncito.

Caracas, Junio 2017.

 

 Ellos (los criminales) pueden ser malos con la policía, pero no con el ciudadano

Jefe de mantenimiento
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"Ojo por ojo y diente por diente no puede ser"

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¿Por qué morimos?
María Elena Delgado

Yo tuve siete hijos, pero crié muchos niños a los que su mamá los abandonó, aquí en Niu, en Petare. Todos son mi familia. Y bueno, he criado a 15 ya.     

Tengo uno muerto por la delincuencia. Se llamaba José y tenía 15 años. Un día llegando a la casa vino un loco echando puñalada a todo el mundo.  Logró llegar al hospital, pero a las 4 horas murió. A la niña también me la mataron. Empezaron a echarse plomo de aquí para allá  y la niña iba cruzando la calle y le dieron el tiro en la cabeza. Esa no llegó viva al hospital. Se llamaba Norca Iliana del Milagro, tenía 13 años. Después me mataron a Wilmer, que se iba bajando de la camioneta,  y una bala traspasó el vidrio. El llegó hasta la puerta de la casa y se murió en mi regazo.  Él era uno de mis hijos criados. Lo agarré de dos meses. Después perdí a mi nieto, de 20 años. También por plomo.Y perdí a mi sobrino que lo iban a atracar. Todo eso ha sido tan traumático.

La mayoría de sus asesinos han muerto. No me alegra ni me entristece. Me da igual.  Ojo por ojo y diente por diente no puede ser. Yo creo que hay que darle lecciones de vida a la gente, porque eso es injusto.  ¿Qué está generando? Más odio, más ira y más mal ejemplo para los demás. No hay que dar ese ejemplo a los niños.  Irme me genera mucho problema. Mi mamá, mis hijos, mis sobrinos. Sobre todo mi mamá, ella tiene 88 años y ella dice que no se va de  aquí sino en la urna.  

Caracas, Junio 2017.

 

La mayoría de sus asesinos han muerto. No me alegra ni me entristece. Me da igual

Madre
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"A veces nos matan"

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¿Por qué morimos?
Orlando

¿Me puede ayudar a escribir este cartel? Quiero poner: “Luchamos por un futuro mejor para Venezuela”.

Tengo 16 años y vivo en la calle. Mi mamá se murió y mi padrastro, mi tía y mi hermana me sacaron de la casa. Estamos viviendo una situación económica muy arrecha. El arroz antes te costaba 400 bolos y los bachaqueros los acaparan y te lo venden a 4,500. Éramos millonarios y no lo sabíamos. Duermo donde me agarre la noche.  

Voy con la cara tapada porque pasan muchos carros del gobierno y nos gran. Si nos graban la cara, estamos fichados. En las protestas nos empiezan a reprimir y a veces nos matan. A Neomar, lo mataron. Era mi amigo.

Tengo hasta cinco cicatrices: esta me la hice escapando de la policía por un perdigonazo. Esta, en el Tribunal Superior de Justicia. El otro día me agarraron duro del cuello, que si no es por un amigo que le dio un botellazo en el pecho, me agarran. No es que nosotros les lancemos cosas, pero si ellos nos atacan o agarran a uno de nosotros, también les damos feo.

Yo voy a las protestas porque quiero, pero a veces también me dan comida. Conozco a otros chicos de la calle como yo que también están en la Resistencia. Yo quiero un cambio de gobierno, de la economía, de todo.

Caracas, Junio 2017.

Tengo hasta cinco cicatrices: esta me la hice escapando de la policía por un perdigonazo

Sin techo
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"Me lo han quitado todo"

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¿Por qué morimos?
Sugeimar Armas

Mi hijo protestaba por el futuro de su hermana y de todos los venezolanos. Él me dijo que sólo lo iban a quitar de la calle si lo mataban.

Ese día llegamos a la Plaza Altamira mi hijo, mi sobrino, mi compadre y yo. Éramos los que siempre íbamos a las marchas. Nos pusimos las máscaras y el casco porque en Caracas las bombas lacrimógenas son a diario. La represión empezó y nos dispersamos. Porque es sálvate tú o yo. Corrimos y después de ahí ya no nos vimos más. Al final de la tarde me llamaron y me dijeron que en las redes estaba circulando un vídeo donde él estaba muerto. Lo mató un policía. Todas las muertes que están ocurriendo dentro de las marchas son culpa del gobierno, bueno, y fuera también. Hay muertos a diario por asaltos, demasiada violencia.

Nunca he sido partícipe del chavismo y después que muere Chávez menos.  La crisis nos ha afectado a todos. Hay mucha gente sin trabajar, sin estudiar, mucha gente con hambre. Ha sido duro. Mi marido trabaja casi 24 horas al día y apenas nos llega para pagar la comida, los zapatos, el colegio. Las cosas para una vida digna. Independientemente de la ideología política todos tenemos el derecho, el deber, de salir a la calle para reclamar.

Ya no tengo miedo a marchar porque me lo han quitado todo. Va para tres semanas y la gente me abraza y me llora como si Neomar fuera familia de ellos. Me escriben, me dicen que era su ángel. Yo le digo a la gente que, efectivamente, mi hijo es ahora más hijo de Venezuela que mío.

Caracas, Junio 2017.

 

 

Al final de la tarde me llamaron y me dijeron que en las redes estaba circulando un vídeo donde él estaba muerto

Madre
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"El tráfico sólo avisa una vez"

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¿Por qué morimos?
Jaqueline Márques

¿Cuántos amigos míos murieron? Unos cinco que quería mucho, que eran cercanos. Todos de la periferia. Empezaron vendiendo droga, metiéndose con personas que no los llevaban a ningún lado. Se involucran con el traficante o con la mujer… o no pagan la cantidad que se llevaron de droga y los matan.

Cuando mi primer amigo murió teníamos 16 años. Cuando éramos niños, jugábamos en la calle. Era muy activo, siempre hacía bromas. Cuando yo me enfoqué en mis estudios y dejé de vivir en la comunidad, él cambió por completo. Ya tenía tatuajes, hablaba con una jerga que yo no entendía, no lo reconocía.  Él decía: “no tengo trabajo, no tengo estudios, tengo que ayudar a mi familia”. Era avionzinho, significa que te llevas una cantidad pequeña y vas distribuyendo poco a poco. Nunca pagaba porque él usaba. No daba lucro para el tráfico. Le dijeron que si no pagaba todo, iba a morir. El tráfico solo avisa una vez. Llega, te amenaza y te dice que si no pagas tal día, ya sabes. Él rezaba para que no pasara, pero no había nada que hacer.

Cuando vi que mis amigos, gente cercana, se estaban destruyendo,  que su único refugio es la droga y el alcohol, yo pensé que si seguía ahí iba a acabar así. Entonces fui buscando otros lugares, alejándome de eso.  Cuando descubrí Centro Herbert Souza y el proyecto de juventud me enganché y hoy soy becaria en la casa. Cuando salgo a mi comunidad, cuando voy a hablar sobre este lugar, ellos quedan sorprendidos y me dicen: “si hubiéramos sabido qué era eso, tendríamos otra realidad”.

Fortaleza, Abril 2017.

 

 

Cuando vi que mis amigos se estaban destruyendo, busqué otros lugares

Activista juventud y violencia
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Se llamaba LEANDRO ALVES MONTES

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¿Por qué morimos?
Leandro Alves Montes

Cuando intentaron robarle el coche, sacó la pistola y disparó. Los asaltantes eran dos jóvenes en una moto. Mató a uno de ellos. El otro huyó. Una de sus sandalias estaba al lado del cuerpo de Leandro. Era sábado. Su mujer y su hijo de siete años viajaban con él en el coche. Se habían mudado hacía dos semanas porque la zona donde residían, en Nova Iguaçú, se había vuelto demasiado peligrosa. Los policías de Homicidio de la Baixada Fluminense recibieron el aviso de que un chico había ingresado al hospital con una herida de bala. Estaban convencidos de que era el otro asaltante. Lo interrogaron. Él lo negó todo. La mujer de Leandro lo reconoció. «Perdimos a un tipo bueno que mataba hijos de puta», dijo uno de los agentes en el hospital.

 

Río de Janeiro, Enero 2017.

 

Los asaltantes eran dos jóvenes en una moto. Mató a uno de ellos

Fallecido
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"Mi hijo no tuvo oportunidad"

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¿Por qué morimos?

Él estaba en el pie de la escalera, sin camisa: le encantaba mostrar el cuerpazo que tenía porque hacía capoeira. Le pasé la mano en la cara y en el pecho y le dije: «Vas a ser igual de peludo que tu padre». Él se río, con su sonrisa de pillo. Fue la última vez que lo vi.

 

El día anterior él estaba en casa conversando con los amigos en el portón. Otro amigo lo llamó para ir a comprar una pieza de bicicleta. Fueron a Nova Iguaçú y cuando regresaba, los policías estaban bajando por la avenida y ellos fueron los primeros en morir. Tiraron contra ellos. Pasaron por las calles matando aleatoriamente a las personas (en la llamada «Masacre de la Baixada Fluminense» en 2005, 29 personas fueron asesinadas por la Policía Militar).

 

Me enteré por el periódico que lo habían matado. Ese día yo estaba con una amiga que acababa de perder al marido. Pasó todo y no me enteré de nada. Cuando llegué, mi otro hijo me contó que había habido una matanza, pero no sabíamos que Rafael estaba entre los muertos. Un policía le dijo a su hermano: «Si te sirve de consuelo, no sufrió nada. Murió al momento». Rafael no tuvo oportunidad alguna de huir, porque si la hubiera tenido, habría corrido o le habría dado una patada o algo. Recibió un tiro en la columna y cayó de inmediato.

 

Tuve un sueño en el que me decía cómo fue. Es la única vez que soñé con él, ya adulto. Tenía 17 años. Se me apareció vestido como fue enterrado, todo de blanco, y él me decía: «Mamá, yo no vi nada. Solo vi todo oscuro».

 

Yo no lloré en el entierro ni en el velorio. Cuando llegué a casa y puse todo para dormir, agarré su saco y su identificación, me senté en el pie de la escalera y me puse a llorar.

 

Río de Janeiro, Marzo 2017.

 

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Se llamaba CLADEIR GABRIEL FRANCISCO

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¿Por qué morimos?

Llevaba ocho horas en el suelo y todavía agarraba los audífonos de su celular con las manos. Tenía nueve heridas de bala. En su cuerpo rígido la sangre estaba estancada. Los músculos, como piedra. Andaba en su bicicleta cuando le dispararon, a solo unos metros de su casa. Una decena de familiares miraba su cadáver y se consolaban unos a otros. Su madre, una señora bajita de gafas y pelo corto a la que faltaba un diente, llegó a la escena del crimen y pegó un grito desgarrador: «¡Nuestra madre del cielo!». Se abalanzó sobre su cuerpo. Su otro hijo la detuvo.

 

Río de Janeiro, Enero 2017.

 

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«El dolor para una madre es el mismo»

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¿Por qué morimos?

Yo tengo la historia de mis dos hijos: uno que fue preso y otro que murió.

 

Cuando el mayor tenía 12 años, su padre se fue. Él se convirtió en el hombre de la casa. Empezó a trabajar vendiendo empanadas. Era un programa social para que los adolescentes no se involucraran con el tráfico. Cada final de semana venía con dinero para ayudarme. Un día, cuando tenía 18 años, hubo una confusión y lo arrestaron. Los policías lo acusaron de ser un gran traficante. Estuvo preso nueve meses en Bangú. Y yo nueve meses sufriendo. Fue hace seis años.

 

Mi otro hijo murió hace seis meses. Cuando supe que había muerto allá en el morro, subí… No me dejaron acercarme. Un policía me tiró una bala de goma y me dijo que me fuera de ahí. Yo le dije que no. Que él acababa de matar a mi hijo. Que si quería me podía disparar. Cuando pude acercarme un poco más, me quedé mirándolo, con aquel tiro en la cabeza. Los policías me insultaban. Solo quería sentarme cerca de él. No importa lo que haga un hijo cuando crezca. Llevaba un año y poco (en el tráfico). Yo no lo justifico. Sólo él sabe lo que le pasaba por la cabeza. Puede que un hijo muera de una manera u otra, pero el dolor para una madre es el mismo.  Mi nuera estaba embarazada. Cuando nació mi nieto me sentí feliz porque tiene la cara de mi hijo.

 

Río de Janeiro, Marzo 2017.

 

*Cambiamos el nombre de esta persona por su seguridad.

 

Ilustración de Carlos Carabaña.

 

 

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Se llamaba LUIZ CARLOS BARBOSA DO NASCIMENTO

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¿Por qué morimos?

Para poder recoger su cuerpo, la División de Homicidios de la Policía Civil, pidió ayuda a la Policía Militar para entrar a la favela con un vehículo blindado. Su cuerpo estaba abandonado en una calle, cerca de los matorrales. Era una frontera. De un lado dominaba el Comando Vermelho (CV), del otro, Amigos dos Amigos (ADA), dos de las tres principales facciones criminales en Río de Janeiro.

 

En una pared, un graffiti advertía «la policía va a morir». Otras pintadas recordaban el dominio de ADA. Luiz Carlos Barbosa estaba solo. Nadie fue a verlo. Alrededor había unas 15 personas riendo y tomando cerveza en un bar. Todos se asomaron cuando llegó la policía, pero nadie reclamó su cuerpo. Los testigos dijeron que lo mataron por cambiar de bando. Él pertenecía a ADA y hacía poco se había mudado a la favela del CV. Luiz Carlos Barbosa murió en la calle del Sosiego.

 

Río de Janeiro, Enero 2017

 

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«Vivimos en una Guerra Civil»

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¿Por qué morimos?

En el entierro de mi esposo, un chico me dijo: «No me puedo creer que se fuera de esa forma, era un guerrero. Él salvó mi vida». Mi marido nunca me había contado la historia. Unos años atrás estaban en una operación en Corea, que es una favela caliente. Él estaba en el 14º batallón. En el enfrentamiento este chico recibió un tiro de fusil en la cabeza. Sus compañeros siguieron disparando contra los bandidos para que no se quedara en la favela. Mi esposo no pensó en que tenía una hija de un año. Al final el chico se salvó. Mi marido era el Sargento Ronaldo da Cruz. Murió de un infarto en 2005.

 

Ese día llegué al hospital y le pregunté a su compañero qué había pasado. «Esta guerra», me contestó. Cuando lo conocí ya era policía. Él era muy tranquilo. Teníamos nuestra vida personal, paseábamos, solo no íbamos a los bares. Es una vida muy difícil. Él se va y te quedas preocupada todo el día. Después vas a cama y piensas que vas a dormir y no duermes. Y entonces llamas para ver si está bien, pero si está en una operación no te contesta. Yo creo que él salía pensando si iba a volver a casa, si iba a ver crecer a sus hijas, si las iba a ver casarse. Incluso hacer los 15 años. Porque cuando mi marido murió mi hija tenía 2 años y la otra 3.

 

Mi marido venía cada vez más deprimido a casa. Perdió a un compañero en una operación. Lo quería como a un hijo porque había trabajado con el padre y con el hermano más viejo. Lloraba de noche. Perdía amigos porque no había estructura de trabajo. No tenían chalecos dignos, un armamento… Él amaba ser policía, pero yo digo que quién mató a mi marido fue la propia policía por falta de dignidad. Los bandidos tienen un poder muy grande. Creo que quienes pagamos impuestos somos nosotros, pero quien manda en la realidad son ellos. Lo que vivimos es una Guerra Civil.

 

Río de Janeiro, Marzo 2017.

 

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Se llamaba JORGE LUIZ BENTO DE SOUZA

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¿Por qué morimos?

La última vez que lo vieron, caminaba por la calle y lo obligaron a subir a un coche negro. Había desaparecido hace una semana. La policía le había dicho a la familia que con tanto muerto era difícil buscar a un desaparecido. Sus tres primos decidieron buscarlo por su cuenta. Recorrieron los peores barrios de la Baixada Fluminense, preguntaron dónde se tiraban los muertos. Caminaron por el bosque, por los basureros, por el río, hasta que encontraron un puente con sangre en Nova Iguaçu, cerca de donde vivían. Siguieron ese camino hasta que dieron con él.  «Es una desgracia para nuestra familia, su madre murió hace 15 días», dijo uno de ellos.  Estaba sin cabeza, atado de manos y piernas, pudriéndose cerca del río. Lo reconocieron por un tatuaje en la pierna.

 

Río de Janeiro, Enero 2017

 

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"Quise venganza, ya no"

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¿Por qué morimos?

Sigo sin acostumbrarme a los tiros. Me sigo escondiendo. Tengo miedo porque ya pasó con mi hijo.

 

Fue el 27 de mayo de 2014. Él tenía 20 años. Fue un día horrible. Caio era mototaxi. A las 18:52 me llamó para avisarme de que había parado de trabajar por una manifestación. Por un momento tuve un dolor en la espalda, pero nunca imaginé que fuera porque a mi hijo le dispararon en la espalda. En eso, llegan unos chicos y me dicen: «tía, tía, el Caio recibió un tiro». No conseguía encontrar mi zapato, ni el bolso, ni los documentos. Cuando llegué, mi hijo ya había muerto. Mi mundo cayó.

 

La policía empezó a tirar gas pimienta y todos corrieron. Un policía que estaba en la panadería le disparó a mi hijo. Dijo que había visto a un bandido y que había fallado el tiro. Eso es mentira. Era muy cerca. La bala dio en la vena del corazón. Entró por detrás y se quedó en la clavícula. Así pudimos saber.

 

Mi padre se quedó tan triste que murió de un infarto y mi madre lo siguió un mes y 13 días después. Mi hijo era su único nieto. No es natural que los abuelos estén vivos y los hijos mueran.

 

Ya no deseo para el policía lo que él me hizo, pero muchas veces quise que pasara por el mismo dolor que yo. Primero quería que muriera, luego que mataran a su hijo, pero ¿qué tiene que ver su hijo? Es un sentimiento humano, el ojo por ojo diente por diente. Pero eso no es justicia. Lo que yo quiero es que sea condenado. Que haya vergüenza en la corporación, en su familia, por matar a una persona inocente. Él no va a traer a mi hijo de vuelta. Quise venganza, ya no. El dolor te hace madurar. Solo quiero justicia.

 

Río de Janeiro, Marzo 2017.

 

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Se llamaba SERGIO VICENTE GOULARD

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¿Por qué morimos?

Estaba solo, desnudo sobre una camilla en el hospital, a la espera de ser reconocido. Unas horas antes, estaba en casa. Alguien tocó la puerta y gritó «Policía». Cuando abrió, dos personas habían saltado ya la barda. Le dispararon.

 

La fachada de su casa es amarilla y el portón blanco. Afuera, en la acera, había una mancha de sangre. Dentro, una bicicleta, otro charco de sangre, pedazos de sesos, una chancla rosa. Su hermana no lloraba. Su padre, fumaba. Su amiga Ingrid estaba con él. Hasta ese día, nunca había visto un asesinato.

 

«Lo mataron por sus amigos, aunque en verdad no eran amigos», dijo su hermana, indignada, en el hospital Posse, en Nova Iguaçu, Baixada Fluminense. Los policías explicaron que así actúa la milicia, grupos paramilitares en Río de Janeiro que prometen expulsar al tráfico y mantener la seguridad a cambio de dinero.

 

Su padre también se llama Sergio. «Ningún padre debe enterrar a su hijo», dijo. Ese mismo día, Serginho le pidió 20 reales. Fue al cajero y cuando regresó se encontró a su hijo muerto.

 

Río de Janeiro, Enero 2017.

 

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