¿Entonces mi muchacho está muerto?   - Dromómanos
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Fernando tenía 25 años.  Él decía que cuando yo me muriera, él se moría también. Que se iba a tirar al metro.

 

Se crió conmigo. Su epilepsia era muy fuerte. Le daban ataques, caía al piso, sacaba espuma. La última vez estuvo cuatro días sin conocimiento porque en el hospital no había el medicamento que él tomaba. Se le veía la enfermedad en un ojo, que se le iba para un lado, pero no era una persona dependiente. Trabajaba en la alcaldía de Sucre, limpiando y despachando. Echaba bromas, le gustaba andar en bicicleta. En las fiestas de cumpleaños, le encantaba romper la piñata.  

 

Ese día, llegó a casa de su tía a ver Se ha dicho, un programa sobre una abogada que arregla conflictos de divorcio, de custodia de los niños. Nunca se lo perdía. No le gustaba que hablaran cuando lo estaba viendo, pero le gustaba comentar en la publicidad. Cogió unos bistecs que su tía le tenía preparados y la comida del perro. Cuando fue saliendo, se encontró con el desastre.

 

Había protestas contra el gobierno. La Guardia Nacional estaba haciendo lo que mejor sabe hacer: reprimir a todos. La gente empezó a correr. Los guardias empezaron a disparar. Fernando nunca iba a las protestas. Sólo pasaba por ahí.  Recibió el impacto y cayó. Un chico lo montó en un coche y se fueron al hospital. Cuando me enteré fui corriendo. Al principio me dijeron que le habían disparado con perdigones y que lo iban a operar. Pero al tiempo salió una doctora y me dijo: “¿Usted es familiar? Sabe que la bala le entró en el abdomen y le perforó los órganos”. Yo le pregunté: ¿Entonces mi muchacho está muerto?  

 

Caracas, Junio 2017.

 

 

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Nerviz Díaz

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