«Quise venganza, ya no» - Dromómanos
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Sigo sin acostumbrarme a los tiros. Me sigo escondiendo. Tengo miedo porque ya pasó con mi hijo.

 

Fue el 27 de mayo de 2014. Él tenía 20 años. Fue un día horrible. Caio era mototaxi. A las 18:52 me llamó para avisarme de que había parado de trabajar por una manifestación. Por un momento tuve un dolor en la espalda, pero nunca imaginé que fuera porque a mi hijo le dispararon en la espalda. En eso, llegan unos chicos y me dicen: «tía, tía, el Caio recibió un tiro». No conseguía encontrar mi zapato, ni el bolso, ni los documentos. Cuando llegué, mi hijo ya había muerto. Mi mundo cayó.

 

La policía empezó a tirar gas pimienta y todos corrieron. Un policía que estaba en la panadería le disparó a mi hijo. Dijo que había visto a un bandido y que había fallado el tiro. Eso es mentira. Era muy cerca. La bala dio en la vena del corazón. Entró por detrás y se quedó en la clavícula. Así pudimos saber.

 

Mi padre se quedó tan triste que murió de un infarto y mi madre lo siguió un mes y 13 días después. Mi hijo era su único nieto. No es natural que los abuelos estén vivos y los hijos mueran.

 

Ya no deseo para el policía lo que él me hizo, pero muchas veces quise que pasara por el mismo dolor que yo. Primero quería que muriera, luego que mataran a su hijo, pero ¿qué tiene que ver su hijo? Es un sentimiento humano, el ojo por ojo diente por diente. Pero eso no es justicia. Lo que yo quiero es que sea condenado. Que haya vergüenza en la corporación, en su familia, por matar a una persona inocente. Él no va a traer a mi hijo de vuelta. Quise venganza, ya no. El dolor te hace madurar. Solo quiero justicia.

 

Río de Janeiro, Marzo 2017.

 

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DENIZE MORAES

Madre

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¿POR QUÉ MORIMOS?, BRASIL