Se llamaba SERGIO VICENTE GOULARD - Dromómanos
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Estaba solo, desnudo sobre una camilla en el hospital, a la espera de ser reconocido. Unas horas antes, estaba en casa. Alguien tocó la puerta y gritó «Policía». Cuando abrió, dos personas habían saltado ya la barda. Le dispararon.

 

La fachada de su casa es amarilla y el portón blanco. Afuera, en la acera, había una mancha de sangre. Dentro, una bicicleta, otro charco de sangre, pedazos de sesos, una chancla rosa. Su hermana no lloraba. Su padre, fumaba. Su amiga Ingrid estaba con él. Hasta ese día, nunca había visto un asesinato.

 

«Lo mataron por sus amigos, aunque en verdad no eran amigos», dijo su hermana, indignada, en el hospital Posse, en Nova Iguaçu, Baixada Fluminense. Los policías explicaron que así actúa la milicia, grupos paramilitares en Río de Janeiro que prometen expulsar al tráfico y mantener la seguridad a cambio de dinero.

 

Su padre también se llama Sergio. «Ningún padre debe enterrar a su hijo», dijo. Ese mismo día, Serginho le pidió 20 reales. Fue al cajero y cuando regresó se encontró a su hijo muerto.

 

Río de Janeiro, Enero 2017.

 

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SERGIO VICENTE GOULARD

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¿POR QUÉ MORIMOS?