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El dominio de los sicarios en la Sierra Tarahumara, donde vive el 90% de la población indígena de Chihuahua, ha provocado un desplazamiento masivo ante la indolencia de las autoridades ¿Por qué en un lugar inmenso sus habitantes viven acorralados?

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“Si los colectivos me ven, me pegan un tiro”

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María

¿A alguien con una 9mm qué le vas a decir? Pues nada. Tienes que morir callada.

Al principio los colectivos tenían un componente social y luchaban contra la violencia generada por los malandros. Pero desde hace años se tiñeron de política. Tienen poder porque están con el estado, que les brindas nóminas paralelas. Y tienen cualquier cantidad de armamento. Dicen que te protegen, pero no puedes hablar. Si te expresas contra ellos, te amedrentan, te sacan del municipio. Yo he visto vecinos asesinados.

A mí por ejemplo me gustaría ir a las marchas contra el gobierno, pero no puedo. Si los colectivos me ven, me pegan un tiro.

Hace unos días los colectivos del 23 salieron todos e impusieron un toque de queda. No dicen que es un toque de queda, pero por los parlantes avisan de que estamos en guerra y hay que defender la revolución. Si entras en la comunidad, no puedes salir. Amedrentan a la gente. La protección que dan, es una verdad disfrazada.

Caracas, Junio 2017. 

*Cambiamos el nombre de esta persona por motivos de seguridad. 

Ilustración de Carlos Carabaña.

¿A alguien con una 9mm qué le vas a decir?

Vecina del 23 de Enero
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"Ahora se mata y te tiran plomo"

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Romer Pérez

En el año 2,000 yo entro a la Guardia Nacional, pero cinco años después empiezo a ver cosas que no eran normales: había corrupción, droga y atracos entre los uniformados y entonces salí definitivamente.

Con el tiempo vi cosas que no me gustaban. Hay hambre, no hay medicinas y otras cosas en el país que no son normales. Por ejemplo, el CLAP (el sistema de distribución de alimentos del gobierno venezolano) es vital para mucha gente y lo manipulan: si voy a una marcha y quemo un caucho, entonces me quitan de la lista y no me lo dan. Pero yo he ido he ido a las marchas y he tirado piedras y cócteles molotov. Eso es fácil, con un poco de gasolina, una botella y mecha. Yo creo que es un derecho, una forma de expresarnos.

Tengo compañeros militares que me dicen que no vaya a las marchas porque van a reprimir con plomo. En mi tiempo se reprimía con escudo y también tirábamos bombas lacrimógenas, pero no se disparaba contra la gente, como se está haciendo ahorita. Ahora se mata y te tiran plomo.

Caracas, Junio de 2017.

Había corrupción, droga y atracos entre los uniformados  

Ex Guardia Nacional
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"Cuando me tocaba matar, no sentía nada"

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Armando

De niño yo decía: “Quieto” y disparaba con las manos. Siempre quise ser policía, pero ahora veo que solo hay tres formas de salir de esto: muerto, preso o jubilado.

La última vez (en enfrentamiento) hubo un funcionario muerto y tres heridos, yo entre ellos.  Yo iba con una 9mm y ellos (los criminales) con R-15, AK-47, granadas. En la cárcel hay un mortero y se dice que el 23 de enero tiene un misil. ¿Cómo vamos a poder contra ellos? Yo me jodí ya a unos 15. Llegó un punto en qué cuando me tocaba matar, no sentía nada. En total tengo ocho disparos entre piernas, brazo y abdomen. Tu llegas a investigar algo  y te reciben con plomo.

El policía que quiere sobrevivir tiene que firmar pactos. Se necesita un informante y los suficientes cojones para sacar información. Normalmente te llegan 20 casos (homicidios) y resuelves dos. Ahora quieren manejar todas las cifras como enfrentamientos, hay mucho maquillaje. Esto se escapó de las manos.

Los que trabajamos en homicidio tenemos una pizca de amor por esto.  Cuando te dan la placa es como firmar un compromiso con el país. Pero es difícil no ser corrupto. Un día ves a un monstruo con 10 homicidios y el día que lo agarraste pasa algo y vuelve a la calle. Por eso mucho los siembran (con droga). Te conviertes en un fraude porque no hay forma de acabar con la impunidad. Esto es un circo.

Caracas, Junio de 2017.

*Cambiamos el nombre de esta persona por su seguridad.

Ilustración de Carlos Carabaña.

En total tengo ocho disparos entre piernas, brazo y abdomen. Tú llegas a investigar algo  y te reciben con plomo 

Miembro de la Policía Científica
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“Me dijeron: ‘Muerto el perro se acaba la rabia’”

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Mujeres víctimas de la OLP

.—   Me dijeron que mi hermano era un delincuente y que muerto el perro se acaba la rabia. Yo tenía 11 años cuando lo vi morir. Él tenía 20. Mañana se cumple cuatro años que no veo a mi hermano.

—   Mi prima escuchó a mi hijo diciendo que lo iban a matar y al policía diciendo que se arrodillara. Lo ajusticiaron enfrente de su casa. Mi hijo tenía 19 años. Después el policía llamó a la puerta de mi prima y le dijo: “tú no viste nada”. Aunque iban con las caras tapadas para que no los identificaran.

—   Mi hijo tenía 25 años, tenía su pareja, sus hijos y los policías se lo llevaron y después de pasar unas horas con él decidieron quitarle la vida. Yo exijo justicia porque mi hijo no tenía armas, no se enfrentaba con nadie, su asesinato no puede quedar impune.

—   A mi hijo lo mató un Guardia Nacional hace cuatro años, siete meses, siete días. La noche anterior el guardia les dijo a sus compañeros: mi mujer viene a traerme los papeles del divorcio, al que venga con ella me lo voy a joder.

—   Mi hijo estudiaba para ser criminalista. Pero como era de pocos recursos también trabajaba. El único día que faltó al trabajo, el 14 de julio de 2006, lo mataron en esta casa. Yo vivo aquí. Lo encerraron, lo metieron en un hoyo. Mi hijo apareció con nueve disparos de metralleta. Dijeron que fue un enfrentamiento.

*Caracas, Junio de 2017.

Yo exijo justicia porque mi hijo no tenía armas, no se enfrentaba con nadie, su asesinato no puede quedar impune 

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¿Entonces mi muchacho está muerto?  

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Nervis Díaz

Fernando tenía 25 años.  Él decía que cuando yo me muriera, él se moría también. Que se iba a tirar al metro.

Se crió conmigo. Su epilepsia era muy fuerte. Le daban ataques, caía al piso, sacaba espuma. La última vez estuvo cuatro días sin conocimiento porque en el hospital no había el medicamento que él tomaba. Se le veía la enfermedad en un ojo, que se le iba para un lado, pero no era una persona dependiente. Trabajaba en la alcaldía de Sucre, limpiando y despachando. Echaba bromas, le gustaba andar en bicicleta. En las fiestas de cumpleaños, le encantaba romper la piñata.  

Ese día, llegó a casa de su tía a ver Se ha dicho, un programa sobre una abogada que arregla conflictos de divorcio, de custodia de los niños. Nunca se lo perdía. No le gustaba que hablaran cuando lo estaba viendo, pero le gustaba comentar en la publicidad. Cogió unos bistecs que su tía le tenía preparados y la comida del perro. Cuando fue saliendo, se encontró con el desastre.

Había protestas contra el gobierno. La Guardia Nacional estaba haciendo lo que mejor sabe hacer: reprimir a todos. La gente empezó a correr. Los guardias empezaron a disparar. Fernando nunca iba a las protestas. Sólo pasaba por ahí.  Recibió el impacto y cayó. Un chico lo montó en un coche y se fueron al hospital. Cuando me enteré fui corriendo. Al principio me dijeron que le habían disparado con perdigones y que lo iban a operar. Pero al tiempo salió una doctora y me dijo: “¿Usted es familiar? Sabe que la bala le entró en el abdomen y le perforó los órganos”. Yo le pregunté: ¿Entonces mi muchacho está muerto?  

Caracas, Junio 2017. 

La Guardia Nacional estaba haciendo lo que mejor sabe hacer: reprimir a todos

Abuela
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"Les importa un pito que van a morir"

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Juan Osorio

Yo perdí a mi sobrino y a su esposa que estaba embarazada.  Lo mataron una noche como a las 12. ¿Quién fue? Nadie sabe. Lo cierto es que lo mataron a él y a la muchacha. Le cayeron a plomo.  Si fue la policía o el hampa no se sabe.  Mi sobrino no era ningún niño bueno, estaba metido en vainas.  Pero con las OLP (incursiones policiales llamadas Operación de Liberación del Pueblo) no hay ningún proceso de investigación para saber quién enterró.  Ellos entran a para un sector y se llevan a los muchachos y los matan, porque los meten a todos en el mismo pozo. 

La paz se rompió a raíz de un año para acá. ¿Qué era la zona de paz? Yo te permito que estés en tu zona tranquila, pero que no mates y que no robes. Antes el gobierno las apoyaba, pero ya no existe y se están matando entre los muchachos (criminales) y la policía.  

Desde los 12 años he organizado eventos deportivos en esta parroquia, haciendo intercambio entre un barrio y otro. Hace 40 años era distinto, pero ahora… Yo veía a mi sobrino con una máquina (fusil), pistola, granada, peine (cargador), corriendo de allá para acá. Esos muchachos no vivían tranquilos porque tienen que huir permanentemente las 24 horas al día. ¿Cómo duermen? No sé.  Porque se meten en secuestro, drogas, mata y cobran vacuna.  Les importa un pito que van a morir.

Caracas, Junio 2017. 

Yo perdí a mi sobrino y a su esposa que estaba embarazada 

Líder vecinal
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"Los tiros son normales"

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Maria Gregoria Navarro

Yo soy de Barquisimeto. Llegué aquí en 1960.  Había pura mata con espinas hediondas.  En ese tiempo,  la gente quitaba la mata y hacía su ranchito con tablas. Yo hice lo mismo.  Poco a poco se fue poblando el barrio, era muy bonito, la gente hizo su familia. Ya no sé cuantos nietos tengo, bastantes, también bisnietos y tataranietos.  Tengo 80 años.

El barrio ha cambiado mucho. Hasta el tricolor (partidos de oposición al gobierno) ha venido para arreglar esto aquí. Está descuidado, pero yo tengo este lugarcito y mira qué vista tengo.

No sé cuando empezó la violencia, pero los tiros son normales. La violencia es normal. Siempre fue. Gracias a Dios yo estoy bien, aquí tranquila. Yo en mi casa, mi familia en casa, trabajamos para mantenernos y no hacemos preguntas. Allí arriba (en la parte alta del barrio) es otra cosa. Pero aquí estoy segura.  Tengo mi mata de cacao, mi huerto. No ando viendo lo que pasa en otro lado. Me preocupa más que hay mucha rata y gatos sueltos.

Caracas, Junio 2017.

 

 

No hago preguntas y estoy tranquila. Me preocupa más que hay muchas ratas

Dueña de una tienda de abarrotes
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"Muchos niños que dejan la escuela entran al crimen"

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Dilma Blanco

A mí me sobra carácter. Tengo un palito que le digo el meremere y cuando el muchachito que se porta mal, lo saco. Así no le vaya a dar, yo  lo saco y le digo: “Te voy a dar con esto”.  Le he dado clase a cualquier cantidad de niños de este sector que ahora son hombres viejos como yo.   

Hay mucha deserción escolar. Hay niñitos de arriba (del sector más alto en la barriada El Cementerio) que están en extrema pobreza  y nunca han estudiado. Entonces yo los preparo y les consigo unos cupos aquí en el colegio. Muchos niños que dejan la escuela entran al crimen. Por ahí empieza el problema de la delincuencia. Es falta de educación. A esos muchachos, esos que están desviados, les he dado clase a cualquier cantidad, y me da cónchale, mucha tristeza.

Ahorita pasó un caso, no sé si escucharon, mataron a unos policías y venían todos los niñitos y me decían: “¿Usted oyó?”. Y yo respondía: “No y ustedes tampoco”. Es mejor no saber nada. Yo los meto en cintura. 

Caracas, Junio 2017. 

Es mejor no saber nada. Yo los meto en cintura. 

Profesora
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“Nos estábamos matando por llevar pan a casa”

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Sindicalistas de la construcción

Yo me metí al sindicaleo con 15 años, cuando la broma era candela. Andaba en la mala vida y era mi única manera de trabajar.

Es lo que te decía, la necesidad. El malandro no nace, se hace.

—  Yo por lo menos me metí a la delincuencia porque me obligaron, me quitaron a mi hermano cuando yo tenía 11 años. Por venganza, por remordimientos. Él era una persona sana y pensé que como a él le podían quitar la vida, a mí también. Automáticamente me compré una pistola. Y de ahí en adelante en la mala vida, ganándome el respeto.

—  Yo no quería estudiar más y me fui a la calle a drogarme, a vender droga. Caí preso y estuve cinco años. Cuando me agarraron no tenía nada de droga, pero tenía una orden de captura porque traficaba y me sembraron 50 gramos de heroína. La policía, cuando no te siembra, te mata.

—  Soy chavista 100%, pero algunas cosas que hace el gobierno no me gustan. Yo no sé por qué la policía no puede dialogar como hicimos nosotros. Hace cuatro años decidimos que los sindicalistas no nos podíamos matar entre nosotros por llevar pan a casa e hicimos la paz, aunque claro, no entraron todos. Antes era plomo todo el tiempo. La primera vez que me echaron de una obra fue a balazos. Aquí, en la barriga tengo la cicatriz.

—  Antes, si un grupo se apoderaba de una obra  y a mí no me dejaba trabajar, tenía que ir por él hasta apoderarme yo de la obra.

— Era a la fuerza. Yo no agarraba un tabulador para decirle al empresario tienes que pagar tanto. Yo ya he pagado, he estado preso, y hay un momento en que uno recapacita y dice ya basta.

—  Pero la policía está matando a los jóvenes e irrespetando los espacios de los sindicatos. Así empiezan las cosas.

Caracas, Junio 2017.

*Cambiamos el nombre de estas personas por motivos de seguridad.

Ilustración de Carlos Carabaña.

 Yo por lo menos me metí a la delincuencia porque me obligaron, me quitaron a mi hermano cuando yo tenía 11 años

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"No era respeto, era el temor que yo causaba"

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Eduardo Payuelo

En cierto momento llegué a tener una gran fama, pero eso no era nada. No era ni respeto. Era el temor que yo le causaba a la comunidad. Cuando echaba un chiste, todos se reían aunque no fuera muy bueno, si no estaba en lo cierto, daba igual, todos me aplaudían.

Tengo 36 años. Soy nacido y criado en esta comunidad, El Encanto. Una vez después de ver a mi padrastro pegarle a mi madre, yo tendría 17 años, mi corazón se llenó de odio y salí a la calle. Me pusieron una pistola, me dijeron garitea ahí. Eso es lo primero que tienes que hacer, vigilar, luego vender, traer cosas de aquí para allá. Quemártela. Después ya estaba en mi esquina, armado, cuidándome de las otras bandas. Había unas cinco. Eran problemas mil en la zona. Si pasabas la frontera, era plomo. En mis tiempos era lo que se veía, ahora se ven bandas organizadas contra la policía, porque aquí las OLP (Operaciones para la Liberación del Pueblo) han hecho demasiado desastre.

Yo en mis últimos días en el crimen lloraba por las noches, pero no le podía decir a los muchachos. Yo era el cabecilla y eso era una debilidad. Me podían matar. El primero que me dijo que estaba equivocado fue el pastor Robinson y por eso me hice cristiano y ahora sigo el camino del señor. Yo, varón, le digo que los muchachos piden auxilio en silencio. Estar ahí es un sufrimiento muy grande. No es fácil. Te están mostrando un rostro, pero es mentira. Por dentro estar en el crimen te desgarra.

Caracas, Junio 2017.

Yo en mis últimos días en el crimen lloraba por las noches, pero no le podía decir a los muchachos 

Pastor evangélico
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"Nunca me perdí en la calle"

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Diosmar González

Yo siempre fui un chamo tranquilo. Veía a los amigos, tuve un amigo que mataron, consumían droga y esas cosas, pero yo nunca nada. Yo estudié, me formé de profesor en artes marciales. Nunca me perdí en la calle. Mi otro hermano tampoco. Pero los otros dos sí y los mató la OLP (incursiones policiales conocidas como Operación de Liberación del Pueblo), que siempre que entra mata a quien puede.  

Ellos mismos me decían: no te metas por aquí.  No eran malas personas.  Ellos (los criminales) pueden ser malos con la policía, pero no con el ciudadano.  La banda respeta a todo el sector y el sector los respeta a ellos. Tu haces tu rumba, estás con tu novia, y a ellos no les importa, ellos están con su grupo por allí y tú por aquí.

Aquí en El Cementerio ya no viven policías. Ellos (las bandas) dijeron: “Bueno, vamos a luchar contra al enemigo juntos”.  Los malandros les dijeron que se fueran antes de que pase lo peor y entonces mejor cogieron para otro lado.  Porque si los ven aquí, los matan. Así le ha pasado a varios policías. Aquí quemaron a una pareja hace unos días. A otro que agarraron en la Cota  también lo quemaron. Era grandote y quedó chiquitito,  chicharroncito.

Caracas, Junio 2017.  

 Ellos (los criminales) pueden ser malos con la policía, pero no con el ciudadano

Jefe de mantenimiento
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"Ojo por ojo y diente por diente no puede ser"

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María Elena Delgado

Yo tuve siete hijos, pero crié muchos niños a los que su mamá los abandonó, aquí en Niu, en Petare. Todos son mi familia. Y bueno, he criado a 15 ya.     

Tengo uno muerto por la delincuencia. Se llamaba José y tenía 15 años. Un día llegando a la casa vino un loco echando puñalada a todo el mundo.  Logró llegar al hospital, pero a las 4 horas murió. A la niña también me la mataron. Empezaron a echarse plomo de aquí para allá  y la niña iba cruzando la calle y le dieron el tiro en la cabeza. Esa no llegó viva al hospital. Se llamaba Norca Iliana del Milagro, tenía 13 años. Después me mataron a Wilmer, que se iba bajando de la camioneta,  y una bala traspasó el vidrio. El llegó hasta la puerta de la casa y se murió en mi regazo.  Él era uno de mis hijos criados. Lo agarré de dos meses. Después perdí a mi nieto, de 20 años. También por plomo.Y perdí a mi sobrino que lo iban a atracar. Todo eso ha sido tan traumático.

La mayoría de sus asesinos han muerto. No me alegra ni me entristece. Me da igual.  Ojo por ojo y diente por diente no puede ser. Yo creo que hay que darle lecciones de vida a la gente, porque eso es injusto.  ¿Qué está generando? Más odio, más ira y más mal ejemplo para los demás. No hay que dar ese ejemplo a los niños.  Irme me genera mucho problema. Mi mamá, mis hijos, mis sobrinos. Sobre todo mi mamá, ella tiene 88 años y ella dice que no se va de  aquí sino en la urna.  

Caracas, Junio 2017.

 

La mayoría de sus asesinos han muerto. No me alegra ni me entristece. Me da igual

Madre
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“Yo no pregunto, la situación ya es bastante difícil”

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Giovanni Gómez

Al hijo de mi vecino lo mató la OLP (operativos policiales llamados Operaciones para la Liberación del Pueblo). Hace unos días mataron arriba a una pareja de policías. Pero yo no pregunto. La situación del país ya es bastante difícil.

Yo trabajo en una empresa de recursos humanos y gano el sueldo mínimo, 65,000 bolívares, y con los bonos del gobierno llego a 200,000. Eso no alcanza, no digamos mentiras. Un kilo de queso vale hasta 18,000 bolívares, uno de arroz entre 7,000 y 10,000. Se tiene que controlar la inflación porque no nos llega para nada.

Yo he protestado porque pienso que el gobierno puede hacer más, pero no apoyo a nadie. No me meto mucho, pero tenemos derecho. Me gustaría que se erradicara es la violencia. La vida ya está bastante difícil.

Caracas, Junio de 2017.

 

 

Se tiene que controlar la inflación porque el sueldo no llega a nada

Empleado en una empresa de recursos humanos
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"Esta protesta es existencial"

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Miguel Pizarro

Mi papá fue un guerrillero urbano que pensaba que por la via de la violencia se podían cambiar cosas. Mi mamá fue de la fracción parlamentaria del Partido Comunista. La mitad de sus amigos estuvieron presos o están muertos. Soy nieto de exiliados de la dictadura chilena. Quizás por eso en mi casa somos todos tan pacifistas. Aprendimos de sus errores.

Tengo 29 años y este es mi segundo mandato como diputado. Soy de la generación que le tocó combatir a Chávez con el dólar a 4 bolívares, el barril de petróleo a 120 dólares y con un nivel de popularidad del 70%. En el 2012, había un 60-40 a favor del chavismo. Ahí empezó el declive. Ya no hay un país dividido, hay un país en contra de un gobierno.

Esta protesta es existencial. Si la situación del país no cambia, no tendremos futuro. Es un país con una renta petrolera absurda, pero donde no hay medicamentos y la gente pasa hambre. Por eso protestamos y nos exponemos físicamente. Pero yo no creo en la violencia. No hay muertos buenos y malos. Toda muerte es mala. Para mí la violencia no suma, resta. No debilita el poder, le da justificación. Si queremos cambiar el país y que la nueva mayoría esté en el poder, debemos hacerlo de una manera pacífica, estable y constitucional, porque si no para preservar el poder vamos a requerir de la violencia. Y, en la violencia, no somos buenos.

Caracas, Junio 2017.  

No hay muertos buenos y malos. Toda muerte es mala 

Diputado de la Asamblea Nacional
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"A veces nos matan"

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Orlando

¿Me puede ayudar a escribir este cartel? Quiero poner: “Luchamos por un futuro mejor para Venezuela”.

Tengo 16 años y vivo en la calle. Mi mamá se murió y mi padrastro, mi tía y mi hermana me sacaron de la casa. Estamos viviendo una situación económica muy arrecha. El arroz antes te costaba 400 bolos y los bachaqueros los acaparan y te lo venden a 4,500. Éramos millonarios y no lo sabíamos. Duermo donde me agarre la noche.  

Voy con la cara tapada porque pasan muchos carros del gobierno y nos gran. Si nos graban la cara, estamos fichados. En las protestas nos empiezan a reprimir y a veces nos matan. A Neomar, lo mataron. Era mi amigo.

Tengo hasta cinco cicatrices: esta me la hice escapando de la policía por un perdigonazo. Esta, en el Tribunal Superior de Justicia. El otro día me agarraron duro del cuello, que si no es por un amigo que le dio un botellazo en el pecho, me agarran. No es que nosotros les lancemos cosas, pero si ellos nos atacan o agarran a uno de nosotros, también les damos feo.

Yo voy a las protestas porque quiero, pero a veces también me dan comida. Conozco a otros chicos de la calle como yo que también están en la Resistencia. Yo quiero un cambio de gobierno, de la economía, de todo.

Caracas, Junio 2017.

Tengo hasta cinco cicatrices: esta me la hice escapando de la policía por un perdigonazo

Sin techo
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"Me dejan amenazas de muerte"

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Rafael Uzcategui

Hay un grupo de gente en Venezuela al que se le llama ninis, que hasta el año pasado no estaba con el gobierno ni con la oposición. Pensaban, o pensábamos porque yo me puedo incluir, que había que crear un tercer polo. Pero el gobierno se ha convertido en un régimen no democrático. Ahora la polarización es entre el gobierno y sus partidarios y los defensores de la democracia. Y también es una respuesta a la ausencia de dignidad.

El año pasado en Provea documentamos que 24 personas murieron por comer yuca amarga. Era gente que no tenía nada que comer y arrancaron esta variación tóxica del tubérculo que necesita un proceso largo para quitarle eso. Por desespero, no cumplían el plazo y fallecieron.

Incluso yo, que soy director de una ONG, de clase media, estoy limitado a la subsistencia. El dinero llega para comprar alimentos, si se te rompen unos zapatos o se estropea el celular, es una tragedia. Salir de noche a tomar algo con amigos tampoco se puede. Eso también es por la inseguridad.

A mí me amenazan constantemente. Me dejan mensajes con amenazas de muerte. A un compañero de Provea lo secuestró un grupo de paramilitares en 2014. Le robaron y le amenazaron. Se tuvo que ir. Aquí, en Altamira, hay muchos allanamientos. El Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional) actúa autónomamente, entra en las casas y roba. El nivel de abuso y desamparo es tremendo.

Caracas, Junio 2017.

A un compañero de Provea lo secuestró un grupo de paramilitares en 2014

Director de la ONG Provea
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"Chávez es sagrado"

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Jefferson Morán

Ahora más que nunca hay que ser chavista. Ser chavista con el petróleo a cien era sabroso. Vivíamos en la felicidad. Nadie se acuerda de que Chávez recogió un país en la ruina y le dio dignidad. Cuando murió sentí dolor porque Chávez se reflejó en el pueblo como un padre, como un amigo, para nosotros era nuestro gran amor. Ese mismo día pensé que no quería ser un chavista light, de esos que van a votar y a las marchas, sino que quería participar.

Nací en el interior del país y llevo tres años en el 23 de enero, como militante de las Fuerzas Patrióticas Alexis Vive y comunero de la Comuna Panal 2021. A nosotros se nos ha estigmatizado mucho: los colectivos violentos, los colectivos del terror, los colectivos paramilitares. Hay una guerra declarada de los medios de comunicación en contra de los movimientos populares. Temen a la organización del pueblo. ¿Cómo se explica que personas que ellos piensan que son analfabetos y malandros estén desarrollando todas estas medidas sociales?

Esta revolución va más allá de lo electoral. En el remoto caso de que la derecha tome el poder en Venezuela a nosotros no nos van a decir qué hacer. Somos autónomos. No vamos a entregar este proyecto. Decimos que, aun con el descontento, este pueblo es chavista. La derecha identifica a Chávez con el enemigo, se rieron de su muerte, y para nosotros Chávez es sagrado. Chávez no se toca.

Caracas, Junio 2017.

 

 

¿Cómo se explica que personas que ellos piensan que son analfabetos y malandros estén desarrollando todas estas medidas sociales?

Militante Fuerzas Patrióticas Alexis Vive
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"Me dieron un tiro en la cabeza"

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One Chot

El último recuerdo que tengo fue de una semana antes, cuando dimos un concierto. El resto me lo contaron. Fue en febrero de 2012. Iba a buscar unos discos porque me iba de gira promocional. Estacioné mi carro, una camioneta Mitsubishi.  Me dieron un tiro en la cabeza.

Aquella noche no había luz en el hospital. Fue cirugía de guerra. El pronóstico que le dieron a mi mamá fue: “olvídese de su hijo cantante, no se va a acordar de nada”. Desperté tres semanas después porque estuve en coma inducido y lo primero que pregunté fue: “¿Dónde están mis rastas?” Reconocía a todo el mundo, menos a las enfermeras, claro. El cerebro es muy sabio y olvida lo que no quiere recordar.

Fue mi segundo secuestro exprés. Bueno, yo digo que cuando me metieron el disparo en la cabeza era por un secuestro o para robarme la camioneta, nunca lo supe. Me robaron el celular, pero yo creo que eso fue la policía. Yo le tengo más miedo a los policías que a los malandros. 

Venezuela siempre ha estado mal y ahora está peor que nunca, pero yo no quiero irme a ningún lado. No conozco un país mejor que este. Yo no tengo miedo, no me siento inseguro. Y si ahora se vive una guerra entre el gobierno y la oposición, tengo que centrar todas mis redes en el problema. Yo estoy en medio.

Me puse One Chot por otra cosa, pero ahora que me preguntan digo que me llamo así porque me dieron un tiro en la cabeza.

Caracas, Junio 2017. 

Venezuela siempre ha estado mal y ahora, peor que nunca

Músico
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"Estoy a favor de la lucha armada"

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Yosmar Ortiz

La razón nos ordena organizarnos y resistir para defender al pueblo de esa fuerza brutal de la Guardia Nacional. Esa es la función de los que estamos en primera fila. Tenemos miedo porque somos humanos, pero imagínese usted si nosotros no estuviéramos cuántos muertos más habría. 

Venezuela se ha convertido en uno de los países más violentos es por este sistema. Por este sistema hemos perdido los valores, por este sistema hemos perdido nuestros amigos. Este sistema nos ha hecho retroceder en el tiempo. Cuando no te mata la delincuencia, te mata el estado. Lo que nos tiene en pie son todos aquellos chicos que han caído,. No es justo echarnos atrás y no ser leal a quien fue leal con nosotros.

Cuando comenzaron las protestas, el 1 de abril, yo lo vi en mi casa por internet y me pareció injusto estar en Narnia cuando estos chamos estaban dando la vida por un mejor país. En mi primera marcha mi único armamento era la bandera. Todavía la llevo. Pero ahora si ellos generan violencia me tengo que defender. Utilizo bombas molotov, si tengo que lanzar piedras, las lanzo.

Yo tengo 22 años y ahora voy hasta el final. Y la resistencia también. Estoy a favor de la lucha armada. Nunca he tenido un arma de fuego en mis manos, pero si es la única manera… violencia genera violencia.

Caracas, Junio 2017. 

Por este sistema hemos perdido a nuestros amigos

Camarero e Integrante de la 'Resistencia' venezolana
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"En Caracas, todos somos víctimas de una u otra forma"

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Roberto Patiño

Para hablar de por qué fundé Caracas MiConvive tengo que remontarme a cuando tenía 17 años: mi hermana sufrió un secuestro exprés y me impactó mucho. Afortunadamente la liberaron porque estudiaba medicina. Los secuestradores le dijeron que cuando a ellos les caen a tiros los médicos son los que les salvan la vida. Como seis años después, mi padre también sufrió un secuestro. Lo agarraron a las ocho de la mañana saliendo de una panadería. Fueron unos policías. Después de una negociación, lo liberaron. Llegó a casa quebrado mentalmente. Fueron seis horas de terror psicológico: apuntándole con una pistola, diciéndole que le iban a matar. Tuve otra experiencia con la violencia. Tenía ocho años y estaba llegando a casa. Vi a mi tío, que le habían pegado un tiro para robarle la camioneta.

Siempre digo que de la violencia en Caracas todos somos víctimas de una u otra forma. Siempre tienes un familiar o un amigo que ha sido víctima de violencia extrema, ya sea un homicidio, un secuestro o un asalto a mano armada.

La violencia es por una combinación de factores, pero algo fundamental es la exclusión de los jóvenes. Mientras un un joven de clase media se puede ganar el respeto en la universidad y consiguiendo un trabajo, un joven de un sector popular tiene esos caminos cerrados. Lo único que le queda para ganarse el respeto es coger una pistola y ser el más bravo del barrio.

En MiConvive hemos trabajado en 40 comunidades. Frente a la figura del malandro, que tienen mucho poder, dinero y respeto a través del miedo, buscamos otra autoridad y la promocionamos. Ellos mismo se convierten en referentes para los jóvenes. Hacemos talleres de prevención de violencia, identificamos los puntos calientes y ahí hacemos las actividades sociales.

De un año para acá en nuestras actividades nos empezamos a encontrar a muchos niños pidiéndonos comida y eso nos marcó. Arrancamos una iniciativa que se llama Alimenta la Solidaridad. Era sólo para ocho semanas, las vacaciones de los niños cuando no tenían apoyo de la escuela. Pero por la situación del país, el programa creció y van 11 meses corridos que de lunes a viernes le damos almuerzo a 700 niños.

Caracas, Junio 2017.

Foto: Andrés Kerese.

Lo único que le queda para ganarse el respeto es coger una pistola

Director de la ONG Caracas MiConvive
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"Me lo han quitado todo"

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Sugeimar Armas

Mi hijo protestaba por el futuro de su hermana y de todos los venezolanos. Él me dijo que sólo lo iban a quitar de la calle si lo mataban.

Ese día llegamos a la Plaza Altamira mi hijo, mi sobrino, mi compadre y yo. Éramos los que siempre íbamos a las marchas. Nos pusimos las máscaras y el casco porque en Caracas las bombas lacrimógenas son a diario. La represión empezó y nos dispersamos. Porque es sálvate tú o yo. Corrimos y después de ahí ya no nos vimos más. Al final de la tarde me llamaron y me dijeron que en las redes estaba circulando un vídeo donde él estaba muerto. Lo mató un policía. Todas las muertes que están ocurriendo dentro de las marchas son culpa del gobierno, bueno, y fuera también. Hay muertos a diario por asaltos, demasiada violencia.

Nunca he sido partícipe del chavismo y después que muere Chávez menos.  La crisis nos ha afectado a todos. Hay mucha gente sin trabajar, sin estudiar, mucha gente con hambre. Ha sido duro. Mi marido trabaja casi 24 horas al día y apenas nos llega para pagar la comida, los zapatos, el colegio. Las cosas para una vida digna. Independientemente de la ideología política todos tenemos el derecho, el deber, de salir a la calle para reclamar.

Ya no tengo miedo a marchar porque me lo han quitado todo. Va para tres semanas y la gente me abraza y me llora como si Neomar fuera familia de ellos. Me escriben, me dicen que era su ángel. Yo le digo a la gente que, efectivamente, mi hijo es ahora más hijo de Venezuela que mío.

Caracas, Junio 2017.  

Al final de la tarde me llamaron y me dijeron que en las redes estaba circulando un vídeo donde él estaba muerto

Madre
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"Violencia es cuando unos explotan a otros"

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Gabriel Puerta

Ya no voy a todas las manifestaciones, pero sigo la lucha. Ya no tengo 18 años, tengo 74. Ya cubrí esa etapa. Pasé por manifestaciones, por tiros, por guerrilla,  por golpes militares, ya pasé todas esas historias.  El otro día, el médico que me operó de los ojos me dijo: “Estás 20- 20 por este ojo. No tienes problema para disparar” (Risas).

Para mi, la violencia es cuando unos empiezan a explotar a otros. Pero antes viene desde el Estado, en formas de coerción y  en sistemas de participación limitada.  Yo he vivido la violencia política dramáticamente. Como organización política estamos metidos en esta lucha, en estas acciones, somos víctimas de la represión. Nos quitaron el derecho a presentarnos a elecciones, la tarjeta electoral,  ese fue el cobro a nuestra participación política. Hay compañeros que pasaron un tiempo presos, otros que desde hace dos años tienen juicios, o prohibido salir del país. A mi me prohibieron comprar vuelos nacionales. Estoy en una lista de 72 líderes políticos.

No voy a irme de Venezuela. Esa es una determinación que yo tomé desde el principio. Podrán meterme preso, podrán llevarme a fuerza, eso pueden hacerlo. Yo creo que tengo un compromiso con Venezuela. Alguien decía el otro día que a los venezolanos nos arrullaban con el himno nacional.

La constituyente (la idea del gobierno chavista para modificar la Constitución) es desconocida en todos los aspectos. ¿A qué nos lleva a eso? A dos constituciones, a dos poderes y en algún momento a un enfrentamiento violento de ambas fuerzas.  Yo no abogo porque la solución sea violenta. Quisiera, como dijo el poeta venezolano, no derramar ni la sangre que cabe en el pecho de un colibrí.

Caracas, Junio 2017. 

Podrán meterme preso, podrán llevarme a fuerza, eso pueden hacerlo. Pero no voy a irme de Venezuela 

Fundador del partido Bandera Roja
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"Si los cuento todos, han muerto unos ocho amigos"

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Vitor Pereira

Hace unas semanas, iba caminando y alguien dejó las piernas de un cuerpo en una esquina. Me asomé. Tenía curiosidad. Después me fui a casa.

La primera vez que vi un muerto estaba en un teléfono público. Llegaron en un carro, le apuntaron, así bien cerca, como si fuese aquí al lado, y le dieron un tiro. Yo me quedé paralizado. Tenía 11 años.

Otro día le dispararon a mi mamá. Yo era niño. Fui a recoger un hamster a casa de un amigo y estaba esperándolo en la esquina con mi mamá. Un tipo, primo de un colega, se estaba peleando con otro por una empanada. Escuché un tiroteo y de repente mi mamá cayó en el suelo. Tenía un tiro en la espalda. No salí más de casa hasta que tuve 15 años. Sólo iba a la escuela.

Cuando era niño, había tanto tiroteo que mi familia ponía el colchón en el suelo y nos tirábamos ahí para no recibir una bala perdida.  Ya perdí un amigo que murió así. Me asusté mucho. Estuve un año con el trauma, hasta que vi otro y otro y otro y otro. Si los cuento todos, han muerto unos ocho amigos.  

Mi madre cuida de mí como si tuviera nueve años. Ella hace todo por mi. No duerme hasta que llego a casa. Yo llego y voy directo a la computadora, pero ella se levanta de cama para hacerme de comer, no importa que sea la una de la mañana. Ella me hace mi tapioca. Tiene miedo de que me pase algo.   

Otro día estaba yendo a un evento de reggae aquí en la plaza. Vi que mataron a una persona, pero ya no me detuve. Me fui al concierto.  

Fortaleza, Abril de 2017.

 

 

 

 

El otro día vi que mataron a otra persona, pero no me detuve. Me fui al concierto

Desempleado
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"Hay un genocidio de la población joven y negra"

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Rómulo Silva

Yo me considero negro. Siempre viví en la periferia de Fortaleza. Siempre estudié en escuela pública. Soy de familia humilde. Mi papá se fue casa cuando tenía diez años.  Mi lucha por los derechos humanos comienza en 2002 cuando me empiezo a cuestionar mi propia condición: ¿Por qué jóvenes de mi edad estaban siendo asesinados por la policía o los traficantes? En la cabeza de un chico de 15 años eso no está claro y hasta hoy sigue sin estarlo.

En la masacre del 12 de noviembre de 2015,  murieron 20 personas, 11 en la misma masacre y otras nueve en otros lugares, también ligados. Un joven llegó al CUCA (un centro cultural)  diciendo que la policía había matado a varias personas.  Yo conocía a dos de ellos. A Alef y Jardel. Eran muy amigos. Murieron juntos.

Hicimos varias manifestaciones en Fortaleza para presionar de alguna manera y sensibilizar a la sociedad.  Casi todos los policías han sido liberados. Se dice que hubo casi 200 involucrados. De esos, unos 10 ó 15 van a responder a la justicia.

Mensualmente mueren unas 400 personas en Fortaleza. De esas casi 90% son jóvenes. Hay un genocidio de la población joven y negra.  La violencia afecta mi vida directamente. Vi amigos morir. Yo mismo he sido detenido por la policía. Hay que entender las formas de violencia simbólica como el machismo, el racismo, la homofobia, la xenofobia y crear mecanismos concretos con las personas de la propia comunidad y la academia. Necesitamos crear espacios de resistencia e indignación porque ahí nace la esperanza y se cree en un mundo mejor.  

Fortaleza, Abril 2017

Mensualmente mueren unas 400 personas en Fortaleza. De esas casi 90% son jóvenes

Activista
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"Como madre, tengo miedo"

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Rosa Oliveira

En el crimen no están siempre las mismas personas. Llegan de otros barrios. Y lo único que puedes hacer es empezar una especie de amistad con ellos. Bueno, eso o también ha habido muchas familias que se fueron por la violencia. Eso empezó hace unos cuatro años. Amenazaban a los hijos y entonces se iban.

Yo tengo tres hijos con el que viene. Uno de 9 años, otro de cuatro y estoy embarazada de ocho meses. Como madre, tengo miedo, porque ves que hay muchos jóvenes perdidos que se meten al tráfico. Yo con mis hijos soy muy realista, les digo pasó esto y esto otro. Porque aquí muere mucha gente, muchos conocidos. Lo que más miedo me da son las balas perdidas. Porque no hay pocas. Puedo estar aquí sentada y que me toque una. Eso me pone muy nerviosa.

Nací en Fortaleza y antes me gustaba vivir aquí. Antes teníamos libertad para jugar en la calle, ahora no. Fue empeorando. Lo de los jóvenes hoy da tristeza. Empiezan en el tráfico y se mueren rápido. No tienen tiempo para vivir. Y yo temo por el futuro de mis hijos. Necesitamos deporte, cultura, para que su mente no esté vacía.

Fortaleza, Abril de 2017.

 

 

Puedo estar aquí sentada y que me toque una bala perdida

Ama de casa
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"No podemos crecer en la maldad"

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Edivania Márques

Aquí la gente muere entre los 14 y los 29 años. Llegar a los 29 años es tener suerte. Con las bandas criminales hay un planteamiento de la muerte mucho más brutal. Su lógica es exterminar al otro, descuartizarlo. Ya no es sólo una muerte con un tiro. Creo que hay una total deshumanización. No podemos crecer en maldad. El último caso que vivimos en el barrio es algo muy difícil de entender: una persona mató a un joven y distribuyó sus miembros. La cabeza en un rincón, los brazos en el otro. Pasamos una semana viendo los miembros.

Luego ves mensajes en las paredes tipo: si robas a un trabajador, mueres. Parece que tienen hasta conciencia social . No tienes que robar al trabajador, tienes que robar al burgués.

Cuando era pequeña, si veía un arma me daba pavor. Estaba temblando todo el día porque sabía lo grave que era que alguien estuviera armado. Hoy encuentras normal que alguien pertenezca a una banda armada. No es normal, pero es común. Es una sociedad enferma. Todo esto trae consecuencias psicológicas para los demás. Yo misma tengo miedo. Siempre trabajé en el tema social. No quieres aceptar lo que está pasando. Quieres que las personas tengan una vida digna.  

La población piensa que más policía es la solución. Siempre que hay un espacio para una obra la gente lo que pide es un puesto de salud, una escuela y una delegación de policía. Lo que percibimos con los jóvenes, en cambio, es que piensan que el estado no va a cambiar las cosas, que somos nosotros los que nos tenemos que unir.

Fortaleza, Abril de 2017.

 

La gente siempre quiere más policía, pero los jóvenes no piensan que el estado va a cambiar las cosas

Coordinadora de programa en el Centro de Vida Herbert Souza
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"El demonio me poseyó"

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Geraldo

Estaba muy borracho y estoy seguro de que el demonio me poseyó porque consciente yo nunca haría una barbaridad de esas.

Tengo 17 años. Dejé la escuela hace dos y empecé a beber. Drogas no consumía. Tampoco estaba en el tráfico. Yo era más de disfrutar. Ese día estaba bebiendo con mis amigos. Al principio fui a ver un partido a una ciudad próxima. Ahí empecé a beber. Después fui a una fiesta. Hasta hoy le pido a Dios que me devuelva la memoria para saber lo que pasó después.

Dicen que yo invadí una casa pidiendo un arma. Que decía que la necesitaba porque me estaban persiguiendo y me querían matar. Según ellos, la mujer de la casa me dijo que no tenía una pistola y ahí pasó lo que pasó.  El crimen que yo cometí… Dicen que fue con un cuchillo. Maté a un niño. Tenía como siete años.

No recuerdo nada. Mi mamá me dijo que allá todos están muy enfadados por lo que hice. Sólo pienso en hacer cosas buenas cuando salga. Si Dios quiere.

Fortaleza, Abril de 2017.

*El nombre de esta persona es ficticio por ser menor de edad.

Ilustración de Carlos Carabaña.

Sólo pienso en hacer cosas buenas cuando salga. Si Dios quiere

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"Tienes que tener cuidado de con quién andas"

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Enrique Lin

Cuando eres niño si escuchas un ruido tienes que echarte a correr. Yo eso lo sabía cuando tenía diez años y estaba en medio de la calle. También tienes que tener cuidado de con quién andas. Primero porque si fulano está metido en algo y van a por él y tú estás ahí en ese momento… Y si pasa algo conmigo, lo primero que van a decir es que algo había hecho. Por la cabeza de la gente no pasa eso de ‘el lugar equivocado en el momento equivocado’.

Por ejemplo, si muere un traficante lo que piensa la gente es que al fin su madre va a poder dormir, que no va a tener más preocupaciones. Que un joven mate a otro joven se está convirtiendo en una cuestión muy banal. Y hay gente en la comunidad que lo incentiva: ‘Si fulano hace esto, tú lo matas, total nadie lo va a echar de menos’.

Creo que lo que más influye para que los jóvenes entren al crimen son los recursos financieros. Yo ahora me estoy graduando, pero si mi madre no trabajase o sólo ganara el salario mínimo, no podría pagar mis pasajes y mi comida. A veces las familias de esos jóvenes no tienen dinero para comprar un pantalón e ir a una entrevista de trabajo. O para cortar el pelo. Yo ayer le arreglé el pelo a un amigo. Es muy fácil para las personas hablar de que los chicos no salen del crimen porque no quieren.

Fortaleza, Abril de 2017. 

 

Si muere un traficante la gente piensa que su madre al fin va a poder dormir

Estudiante
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"El entrenamiento de un policía no lo prepara para el resto de su vida"

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Wagner Sousa

Cuando yo estaba en la Academia, el arma que utilizaba era un revólver calibre 22 que hoy ya no existe. Pasé tres años para ser oficial. Hoy el soldado pasa apenas cuatro meses y tiene un entrenamiento muy deficitario para las atribuciones del policía. No es suficiente para prepararse para el resto de la vida.  ¿Por qué quise ser policía? Para ser sincero fue por el empleo. Luego me apasioné. Tenía la oportunidad de salvar vidas.

Empecé en la política porque un grupo de policías me lo propuso. Yo no tenía dinero, no tenía parientes en la política. Era 2010. Me quedé como suplente. Luego me presenté a concejal de Fortaleza y saqué la mayor votación de la historia. Luego diputado del Estado y saqué también la mayor votación de la historia. El cambio de la policía a la política fue muy interesante. Fue en la época del lanzamiento de Tropa de Élite, aquella historia del capitán Nascimento. Yo era capitán. Hubo mucho esa conexión cuando llegué al Parlamento. El día que llegué tuve un debate muy grande con un diputado, era como la película.

Fortaleza, Abril de 2017.

 

Hoy el soldado pasa apenas cuatro meses en la Academia

Diputado del estado de Ceará
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"El tráfico sólo avisa una vez"

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Jaqueline Márques

¿Cuántos amigos míos murieron? Unos cinco que quería mucho, que eran cercanos. Todos de la periferia. Empezaron vendiendo droga, metiéndose con personas que no los llevaban a ningún lado. Se involucran con el traficante o con la mujer… o no pagan la cantidad que se llevaron de droga y los matan.

Cuando mi primer amigo murió teníamos 16 años. Cuando éramos niños, jugábamos en la calle. Era muy activo, siempre hacía bromas. Cuando yo me enfoqué en mis estudios y dejé de vivir en la comunidad, él cambió por completo. Ya tenía tatuajes, hablaba con una jerga que yo no entendía, no lo reconocía.  Él decía: “no tengo trabajo, no tengo estudios, tengo que ayudar a mi familia”. Era avionzinho, significa que te llevas una cantidad pequeña y vas distribuyendo poco a poco. Nunca pagaba porque él usaba. No daba lucro para el tráfico. Le dijeron que si no pagaba todo, iba a morir. El tráfico solo avisa una vez. Llega, te amenaza y te dice que si no pagas tal día, ya sabes. Él rezaba para que no pasara, pero no había nada que hacer.

Cuando vi que mis amigos, gente cercana, se estaban destruyendo,  que su único refugio es la droga y el alcohol, yo pensé que si seguía ahí iba a acabar así. Entonces fui buscando otros lugares, alejándome de eso.  Cuando descubrí Centro Herbert Souza y el proyecto de juventud me enganché y hoy soy becaria en la casa. Cuando salgo a mi comunidad, cuando voy a hablar sobre este lugar, ellos quedan sorprendidos y me dicen: “si hubiéramos sabido qué era eso, tendríamos otra realidad”.

Fortaleza, Abril 2017.

 

 

Cuando vi que mis amigos se estaban destruyendo, busqué otros lugares

Activista juventud y violencia
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"Mi infancia duró desde los cinco hasta los diez años"

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Francisco de Asís

Mi infancia duró desde los cinco hasta los diez años. Después ya no pensaba en jugar. Sólo pensaba en usar y vender drogas. Ahora estoy preso. El juez dijo que era yo. Entré aquí con 17 años, tengo 19.

La primera vez que consumí llegó mi hermano mayor y me ofreció. Esnifé y le dije: “¿Qué es eso?”. No sabía qué era, pensaba que era maicena. La primera vez pensé que iba a morir. A partir de la segunda ya sólo pensaba en hacer maldades. Sólo fumaba, dormía y comía… y vendía. Vendía todos los días. Pero esos 5,000 reales que ganaba los dividía con mi jefe. Yo no quería mucho de dinero. Me quedaba con 1,000 y poco y el resto en droga. Esnifaba al máximo.

Siempre fue violento ahí, desde que era niño. Mi primera arma la tuve con 13 años, me la dio un amigo para robar. Cuando llegaron las facciones la vida no cambió… bueno empeoró. Conmigo no se metieron. Si se hubieran metido conmigo…

Ese día estábamos todos usando droga y llegaron unos chicos que yo conocía con una chica. Me dijeron que los llevara a casa de uno de ellos. Ahí la mataron y la violaron. Yo no hice nada, pero el juez dijo que yo lo había hecho.

Cuando salga de aquí voy a ir a trabajar a São Paulo. Tengo tres hermanos allá. No quiero volver a mi casa porque si vuelvo voy a hacer las mismas cosas.

Fortaleza, Abril 2017.

La segunda vez que consumí ya sólo pensaba en hacer maldades

Preso por violación y homicidio
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"Alguien que escoge eso tiene dos caminos: cárcel o cementerio"

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Carolina Ximenes

A veces la única forma de sustentar a la familia es a través de la droga.  Un vecino que vivía en mi calle murió por deberle cinco reales (1.5 dólar)  a un traficante.  Yo he visto morir unas tres personas. Mi primo, mi vecino y un colega de la escuela, que también estaba en las drogas. Usaba, no pagaba… Muere mucha juventud en nuestro barrio. Mucha, mucha, mucha. La realidad no juega. Alguien que escoge eso tiene dos caminos: cárcel o cementerio. El joven se acostumbra a que todos los días muera uno.

En pleno siglo XXI, la gente tiene este prejuicio contra el negro joven de la periferia. Siempre hemos tenido esas cosas de prejuicio por religión, por droga, por ser mujer… En una clase de ciudadanía, yo dije que soy umbandista (parte de una religión ecléctica fundada en Brasil en el Siglo XX) y un niño me dijo: “Tú eres hija del diablo, tú adoras a Satanás”. Cuando salimos de la escuela me empujó al suelo y me empezó a pegar.  Yo no entendía el porqué.   

Sufrimos muchas violencias. Por no tener un dinero, unas ropas, las personas ya te ven diferente. Yo veo que la gente rica, es muy fresquinha. Siento que la periferia es más acogedora.

Fortaleza, Abril de 2017.

 

En nuestro barrio la realidad no juega

Estudiante
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"¿Por qué al Estado no le interesan nuestros muertos?"

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Caio Feitosa

¿Cómo crece la gente? La gente socializa la violencia. Luchar contra ese sentimiento es nuestro principal objetivo, y aún no sé si lo conseguimos. Hace unas semanas cerca de mi casa tuvimos el caso de Dandara, otro caso de linchamiento y descuartizamiento. Es una barbaridad. Desde 2007 a 2014 murieron 1,200 personas en los cinco barrios del Bom Jardím. No se puede pensar que eso es normal, que es algo de la naturaleza o que es Dios quien quiere que sea así.

En los años 2000 empezamos a preocuparnos por los asesinatos de jóvenes. Cuando intentamos hacer acciones la sorpresa fue que nadie quería hablar de eso. Muchas familias no tienen derecho a la memoria porque se piensa de ellas que son bandidos, traficantes. Parece que no tienen una historia. Da la impresión que su vida no importa. Las familias también tienen miedo porque el asesino vive muy cerca y los asesinatos están asociados al tráfico de drogas, pero no sólo al tráfico, también a otras redes ilegales: el tráfico de armas, la seguridad privada ilegal. Lo otro que queríamos saber es: ¿Por qué al Estado no le interesan nuestros muertos?. Pero la policía no colaboró en la investigación.

Otra dimensión que me preocupa es cómo resolvemos conflictos. Me contaron que uno de mis primos se puso los pantalones cortos de su hermano y él lo amenazó con matarle. Si yo hubiera hecho eso en mi tiempo hubiéramos tenido una gran crisis familiar. Y algo importante es que si ese chico quiere conseguir un arma no va a tener ningún problema.  

Fortaleza, Abril 2017.

Muchas familias no tienen derecho a la memoria porque se piensa de ellas que son bandidos, traficantes 

Asesor en la Fundación Herbert Souza
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"El luto es en la lucha"

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Edna Cavalcante

Él decía que se parecía a Justin Bieber. Que cuando cumpliera 18 años quería servir en el Ejército. Porque era bonito, porque era alto… y la policía vino y le arrebató sus sueños.  Mi hijo era un niño tranquilo. Era bueno, cariñoso, dedicado. Andaba de skate, le gustaba el fútbol. Yo sé que no estaba en malos pasos.

Fue con su amigo Jardiel a Curió. Ahí cerca los mataron. Hay una calle donde hay wi-fi y todos los chicos van a eso. Ellos estaban en la calle, sentados. Eran las once de la noche. Llegó la policía y mató a quien sea que se le puso enfrente. Fue por venganza a un policía que mataron un día antes.

Yo pensaba que a mi hijo nunca le podría pasar nada. Como él no debía nada, ¿por qué habría de morir? Tenía miedo que muriera en un accidente, que muriera por una caída, que muriera de viejo, de una enfermedad.  ¿Pero, por la policía?  La policía de Ceará fue tan cobarde que fueron encapuchados, adulteraron placas de vehículos, hicieron todo eso para matar.

Yo vi a mi hijo  por última vez en el cajón, en su féretro. La policía me arrancó a mi hijo. Sin último adiós. Sin último te amo. Sin último abrazo. Me arrancó mi hijo y todos sus sueños. Toda la vitalidad que tenía mi hijo. Toda la alegría que tenía mi hijo. La policía enterró la juventud de mi hijo.

Pasé tres meses sin hablar. Con ganas de morir. Sólo lloraba. Todavía lloro. Pero ahora el luto es en la lucha. Empezamos a luchar para que cambiáramos el nombre de dos calles aquí en San Cristóbal. Pusieron el nombre de Jardel y de Alfie.

Fortaleza, Abril de 2017.  

La policía enterró la juventud de mi hijo

Madre
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"Maté a mi novia, no lo pensé"

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Favio

Vivíamos juntos en el interior del estado. Tenía un hijo con ella, de cuatro meses. Estaba contento por ser padre, no pensaba que era demasiado joven. Es la vida.

Compré el arma en la ciudad de donde era mi novia. Me costó 2,000 reales (600 dólares). Nunca quise vender drogas. La compré porque en mi barrio había bandas. Ellos matan, trafican, roban. Y un día estaba en casa de mi hermana, con mi cuñado, que sí es traficante, y ellos sacaron una foto. Tenía mucho miedo.  

Hace 20 días que estoy aquí. Es la primera vez. Maté a mi novia, no lo pensé. Estábamos discutiendo y ella estaba de mi lado. Yo agarré el arma. Pensé que no tenía balas. El tambor giró y acabó disparando. Me siento triste, perdí todo el respeto. Cuando salga de aquí quiero seguir el camino de Dios. Yo no iba a la iglesia, pero ahora que vine aquí me hice evangélico. Aquí la vida es normal… bueno es normal… yo estoy aquí para aprender…

Mi hijo está, con todo respeto, con la madre de ella. 

Fortaleza, Abril 2017.

*El nombre de esta persona es ficticio por ser menor de edad.

Ilustración de Carlos Carabaña.

 

Mi hijo está, con todo respeto, con la madre de ella

Preso por homicidio
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"Mi mamá huyó con nosotras"

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Suyanne Oliver

Mi papá le pegaba a mi mamá. Tengo muchos malos recuerdos. Hubo un día que mi mamá no aguantaba más y quiso prender fuego a todo. Mi papá trabajaba con pintura, tenía galones en la casa. Ella los derramó en el cuarto y fue con nosotras. Llorábamos mucho. Pero no pudo. No prendió el fuego. Mi mamá huyó con nosotras. Yo tenía siete años.  

Estuvimos en el interior de Ceará  hasta los 11 años. Regresamos porque mi mamá sintió que teníamos que hacerlo, teníamos una casa aquí, y allí empezamos a asumir responsabilidades que no eran para nosotros, cuidar la casa, lavar la loza, hasta vender fruta en la calle. Mi papá no nos ayudó nada. No nos fue a visitar. Mi mamá nunca denunció a mi papá. Ella huyó y ya.

Cuando regresamos encontré a los amigos que había dejado, fue muy bueno, pero siempre había esa tristeza profunda, de entrar en la casa y acordarse de lo que había pasado.  Cuando regresé había cambiado el contexto social.  En aquella época no había esa cuestión de crímenes violentos y ahora si. Empecé a trabajar con la comunidad.

A mi mamá también le dispararon. El año pasado. Ella venía de la iglesia con mi tía. Se metió dentro de un fuego cruzado. Los avionzinhos le decían que saliera, pero ella no entiende la forma del hablar de los traficantes. Continuaron caminando. Mi mamá solo sentía como pasaban las balas. Recibió una en el tendón. Todavía la tiene dentro.

Fortaleza, Abril 2017. 

Cuando regresamos, sentía una tristeza profunda

Trabajadora social
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"No se arrepienten del delito, se avergüenzan de que los detengan"

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Manoel Clístenes

La mayoría no se resocializa: o terminan en un presidio o los asesinan. El resultado es triste. No se arrepienten del delito, se avergüenzan de que los detuvieran. Tengo cuatro hijos y muy en el fondo siempre tienes miedo de que caigan en ese mundo.

Los centros sociales son un factor agravante para la violencia. El grueso de los muertos está en la franja entre 17 y 22 años. El perfil entre las víctimas y los ejecutores es el mismo: jóvenes del sexo masculino, aunque cada vez más mujeres, que viven en la pobreza o por debajo del límite de la pobreza. Los motivos son luchas de facciones, deuda por drogas y la llamada quema de archivo, cuando la persona es testigo o sabe alguna cosa. Una vez llegó aquí un niño que a los 12 ya había matado a tres.

En esas comunidades manda la ley del silencio. Nadie quiere ser testigo de un crimen en la favela. Nadie oye, nadie ve. Los crímenes que son resueltos es porque la familia tiene coraje, pero la mayoría prefiere irse antes que testificar. El juez sólo tiene 45 días para sentenciar el proceso. Llegas a casos absurdos. Por ejemplo, tenemos en nuestro sistema a un adolescente que tiene 22 procesos. Los datos que yo manejo hablan de un 92,8 % de impunidad.

 

Fortaleza,  Abril de 2017.

 

 

 

 

Juez de menores
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¿Quién dijo miedo?

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José Luis Pardo Veiras

*Foto: Vista de la zona norte Río de Janeiro desde el morro de Adeus, en el complexo de Alemão.

Mis personas cercanas suelen pensar una de estas dos cosas: que vivo de lujo porque paso gran parte del tiempo viajando o que me pueden matar en cualquier momento porque casi siempre viajo a lugares a los que nadie va de vacaciones. Luego está mi hermana, que dependiendo del día piensa una cosa, la otra, o las dos a la vez. Las personas que no me conocen, cuando se enteran de que investigo temas de violencia, lo primero que preguntan es si no tengo miedo y después suelen admirar mi supuesta valentía. Río de Janeiro quizá sea la mejor ciudad para entender que nada de lo anterior es cierto.

Es difícil pensar que no me doy la gran vida cuando Ale sube a alguna red social (yo soy un ermitaño digital) una foto de las vistas de la casa de Gustavo, el amigo que nos hospeda en el barrio de Santa Teresa, o de un atardecer en Arpoador. La imagen denota tanto placer que no puedo criticar a esos que me dicen: ¡Cómo vives! Pero lo que no se ve es que probablemente esa foto se sacó después de que, por ejemplo, la noche anterior estuviéramos a las cinco de la mañana en el Complexo de Maré buscando un contacto mientras se celebraba la fiesta de cumpleaños del hijo de uno de los líderes del tráfico de esa favela.

No es una queja, porque para mí viajar son las dos cosas. Río es una ciudad con una geografía del miedo muy marcada. En muchos casos, la pobreza y la violencia está ante nuestros ojos, no alejada en una periferia a kilómetros de lo que los cariocas llaman para inglés ver, esa belleza radiante que oculta la miseria. Hay muchos ejemplos, pero el que más se nombra es el de Rocinha, la mayor favela de Brasil, enclavada entre Gavia y Leblon, dos de las zonas más exclusivas de la ciudad. Si yo no cruzara estas fronteras impuestas por el miedo sentiría un vacío en mi viaje, porque Río es lo uno y lo otro, y tanto la favela como el asfalto habla de quiénes somos.

Esto no quiere decir que sea valiente. Soy consciente de que lo que hago conlleva un cierto riesgo, pero a los que me preguntan si tengo miedo les respondo, porque así lo siento, que me preocupa más la seguridad de mis fuentes y de los periodistas locales que me ayudan (y en mi caso, que trabajo con mi mujer, también la de Ale). Al fin y al cabo, yo entro y salgo: los que permanecen son los que se suelen convertir en víctimas. Lo que soy es curioso. Si mis miedos (que existen) me paralizaran, creo que me perdería demasiadas cosas y más que viajar para entender realidades desconocidas haría un turismo de postal.

Estas explicaciones, que son las que doy en persona, suelen estar destinadas al fracaso porque medimos nuestras percepciones según nuestras experiencias. Después de varios años viajando y cubriendo la violencia, respeto el miedo de los demás, pero a mí lo que me interesa es saber qué hay detrás de ese miedo. Cruzar fronteras físicas, emocionales e imaginarias es la mejor manera que he encontrado para descubrirlo.

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El sí de nunca jamás

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Alejandra Sánchez Inzunza

Escribo este post en Caracas, cinco meses después de haber comenzado el viaje. Estoy en un centro cultural vacío y Lady Gaga resuena a todo volumen en una bocina a lado del enchufe donde estoy conectada. Es el lugar más cercano a nuestra casa con buen wifi. Pero otro día hablaré de Venezuela y sus problemas logísticos.  Han pasado cinco meses desde que empezó el viaje y este es el segundo post que escribimos. Vivo peleada contra el tiempo. Los días pasan y cambian los lugares, las tareas, las personas alrededor, pero yo sigo atrapada en Río de Janeiro, la ciudad culpable de todos nuestros retrasos. 

Decidimos empezar en Río de Janeiro porque la campaña Instinto de Vida, de la que En Malos Pasos forma parte, arrancaría en Brasil. Porque después del Mundial y los Juegos Olímpicos, Río sufre una crisis económica y de seguridad, que ha desatado una violencia urbana que no se había visto en años. Porque en Río de Janeiro está Gustavo, un amigo carioca que nos hace sentir siempre como en casa. Porque después de dos años viviendo en ciudad de México estábamos locos por salir de ahí.

Río de Janeiro desde la casa de Gustavo.

Pero Río de Janeiro tiene su propio ritmo y se corona en lo absurdo y la informalidad. El año empieza después de carnaval, es decir, hasta marzo. Y por ser tan bonita y festiva, siempre hay una sensación de vacaciones en el ambiente. Trabajar es difícil.  Para un extranjero es incluso deprimente. Uno está yendo a la Baixada Fluminense, la  zona más violenta y   pobre del estado, mientras la gente juega voleibol y hace rutas por las montañas.

Río Olímpico en la Baixada Fluminense.

El mayor problema fue agendar entrevistas y lidiar con el sí de nunca jamás. Yo, desde hace años,  soy experta en el acoso virtual. Si alguien ignora mis mails, reenvío hasta que me contesten por hartazgo. En este caso, lo hice con Whatsapp porque en Río ya nadie responde al teléfono y todo mundo se escribe por “Zap”. Pero lo peor no era que me ignoraran,  sino que siempre me decían que sí y nunca agendaban. Cuando pedía una entrevista, solían responderme: “Oi, querida, claro. Será um prazer”. Cuándo preguntaba cuándo y a qué hora,  yo lidiaba con días de silencio y ellos con  mensajes acosadores: oi? Quando? Tudo bem? Pode me responder?  Que acha de nos encontrar amanhã?  y el clásico ???.

Río de Janeiro es una de las ciudades más absurdas. Es normal que un día aparezca un refrigerador flotando en la playa de Leblon, que un tipo reúna un montón de mierda y se ponga un cartel en medio de la calle llamándose a sí mismo «el rey de la mierda», que unos funcionarios sean sorprendidos pescando en horas de trabajo, que un traficante entregue a unos policías a la propia policía o  que el periódico suba noticias de una señora que graba gatitos cayendo de un edificio.

Foto de María Martín.

Hay dos claves para sobrevivir a Río. La primera es adoptar su ritmo. Ir a la playa, comer feijoada y tomar cachaça en lo que las cosas se resuelven.  La segunda es reírse. Nuestra amiga María colecciona noticias bizarras que suceden en Brasil, el país ganador de la primera guerra mundial de memes.   No se puede pelear contra una ciudad, hay que asumirla.

La última semana en Río, a finales de marzo, nos confirmaron decenas de entrevistas de golpe. El acoso tuvo resultados.  Pero los estragos siguen hasta hoy. Viviendo a destiempo. Viendo Caracas mientras escribo de Río.

 

 

 

 

 

 

 

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"Cuando naces en la favela ya eres un superviviente"

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Raúl Santiago

Cuando naces en la favela, ya eres un superviviente. Tienes que aprender a vivir en medio de un ambiente que es increíble, pero en el que hay guerras. Soy habitante del Complexo de Alemão hace 28 años, la edad que tengo. El colectivo Papo Reto nació en 2014, poco después de unas fuertes lluvias. Algunas casas se desmoronaron y esas familias se quedaron sin tener dónde dormir. Queremos mostrar todas las cosas buenas que pasan en la favela, pero denunciar los abusos a los derechos humanos nos lleva mucho tiempo, porque son muy graves. 

Empecé en la lucha en 2006 haciendo eventos y producciones para recaudar fondos y mantener el único espacio donde teníamos acceso a internet. En 2010 participé en colectivos que discutían los problemas que teníamos en el Complexo, como la falta de un servicio de recogida de basura. Algunos habitantes empezaron a denunciar violaciones a sus derechos, principalmente por las operaciones policiales, que siempre fueron las únicas políticas públicas en la favela. 

Muchos abusos los comete el propio estado a través de la policía. Recibimos amenazas verbales o agresiones físicas. Yo sufrí ataques virtuales. Hicieron varios perfiles falsos con mi nombre y foto. A finales del año pasado me tuve que ir tres días de la favela porque algunos policías me amenazaron. Es muy difícil denunciar y también nos quita mucha energía.   

Río de Janeiro, Marzo 2017. 

Muchos abusos los comete el propio estado a través de la policía

Colectivo Papo Reto
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"¿Sabes qué crimen cometí? Pedir un salario digno"

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Carlos Antônio Oliveira

En 1997, el Papa Juan Pablo II estuvo en Brasil. Fui a reclamarle a mi capitán mejor salario y condiciones de trabajo. Y él me dijo: «Ve a hablar con el Papa». Yo obedecí. Un día el Papamóvil paró enfrente de la Cruz Roja, aquí en Río de Janeiro, y yo con mi uniforme de policía, esperé y grité: «Ayúdeme Santo Papa, sólo usted me puede salvar». Y la Policía Militar, hipócrita, me detuvo cinco días por reivindicar mi salario. Yo era soldado. Otra vez llevé a mi hijo de dos años a una protesta y salió en la televisión porque teníamos una manta que decía: «No quiero una bandera y un héroe muerto, quiero protección del Estado y un padre vivo».  

Yo veía en la televisión los tanques de guerra y quise entrar al Ejército. Me di cuenta que me estaba preparando para una guerra que no existía. Si yo veía a un criminal no podía hacer nada. En 1988 entré a la Policía Militar porque tenía el sueño de servir y proteger a la sociedad. Pero después de un año vi que era un esclavo, no solo de mis superiores, sino de los gobiernos, del politiqueo. Empecé mi lucha hace 20 años y desde entonces la Policía Militar me ha perseguido. En 2012 estuve en la cárcel de Bangú durante nueve meses, donde ponen a los peores presos. ¿Sabes qué crimen cometí? En el país de la corrupción, yo pedí condiciones de trabajo y salario digno.

Río de Janeiro, Marzo 2017.

 

En el ejército me estaba preparando para una guerra que no existía 

Policía Militar
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Se llamaba Leandro Alves Montes

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Leandro Alves Montes

Cuando intentaron robarle el coche, sacó la pistola y disparó. Los asaltantes eran dos jóvenes en una moto. Mató a uno de ellos. El otro huyó. Una de sus sandalias estaba al lado del cuerpo de Leandro. Era sábado. Su mujer y su hijo de siete años viajaban con él en el coche. Se habían mudado hacía dos semanas porque la zona donde residían, en Nova Iguaçú, se había vuelto demasiado peligrosa. Los policías de Homicidio de la Baixada Fluminense recibieron el aviso de que un chico había ingresado al hospital con una herida de bala. Estaban convencidos de que era el otro asaltante. Lo interrogaron. Él lo negó todo. La mujer de Leandro lo reconoció. «Perdimos a un tipo bueno que mataba hijos de puta», dijo uno de los agentes en el hospital. 

Río de Janeiro, Enero 2017. 

Los asaltantes eran dos jóvenes en una moto. Mató a uno de ellos

Fallecido
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EL PRIMER PASO

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Alejandra Sánchez Inzunza

Alejandra y Patxi

El primer día de trabajo llegamos a una casa amarilla con un portón blanco. Afuera se reunía una docena de personas. Dentro, la policía buscaba pistas. En el patio, había una bicicleta y una chancla rosa; en el medio, un charco de sangre. Alan, nuestro amigo fotógrafo, caminaba por todos lados con la cámara en la mano. Un médico forense estudiaba el charco de sangre, salpicado por unos puntitos blancos.

— Creo que Alan acaba de pisar un pedazo de cerebro, —le dije a Patxi.

Alan levantó su enorme zapato —es un tipo de casi dos metros— y siguió tomando fotos. Una chica, de blusa amarilla, lloraba porque nunca había visto un asesinato. En la escena del crimen estaban los habituales: los curiosos que toman fotos con su celular; los indiferentes, que siguen su vida; los policías que preguntan a los testigos; los familiares, sorprendidos, esperando volver al pasado. Y entre todos ellos, nosotros nos reíamos porque Alan había pisado los pedazos de cerebro de un chico de 21 años.  Fue espontáneo. Nos salió una risa vergonzosa. No era nuestra intención imitar el humor negro que los policías de homicidios desarrollan con los años. Quizás fue un mecanismo de defensa, una forma de evasión momentánea. Fue el primer muerto de nuestro viaje. Se llamaba Sergio Vicente Goulard.

Llegamos en enero a Río de Janeiro, una de nuestras ciudades favoritas, con su bosque frondoso, sus playas kilométricas, nuestros amigos. Veníamos del invierno del hemisferio norte al verano del hemisferio sur. Nos íbamos a ir tan pálidos como llegamos. Una semana después de aterrizar,  ya habíamos pedido prestados dos chalecos antibalas y estábamos en la Baixada Fluminense, el Río más feo y alejado de las postales. Fue el primer paso de un proyecto sobre homicidio.

Queremos entender por qué en América Latina se mata más que en cualquier otra parte del mundo. Por qué cada 15 minutos alguien es asesinado.  Por qué en Brasil, Venezuela, Colombia, El Salvador, Honduras, Guatemala y México se concentran un tercio de los homicidios en todo el mundo. Esta es la ruta que vamos a seguir el resto del año.

Llamamos En Malos Pasos a nuestro proyecto porque cuando alguien es asesinado se suele decir que esa persona «andaba en malos pasos» para explicar su muerte. Es una respuesta simplista a un fenómeno complejo. En el asesinato hay un sinfín de prejuicios que queremos romper con esta investigación. Hablaremos con los protagonistas de estos números de guerra: los que mueren, los que matan, los que sobreviven,  los que luchan. Porque todos queremos que se mate menos.

En este camino no estamos solos.  En Malos Pasos es parte de la campaña Instinto de Vida, en la que participan 26 organizaciones de la sociedad civil en los siete países más peligrosos de América Latina. Es un esfuerzo conjunto para reducir el 50 % de los homicidios en los próximos 10 años.

Una semanas después de nuestro primer día de trabajo regresamos a la Baixada Fluminense. Hablamos con Luciene Silva, una madre que había perdido a su hijo en una matanza perpetrada por la policía hace 12 años. Fueron asesinadas 29 personas.  Nos contaba que antes de que esa tragedia ocurriera, ella vivía en una zona de confort. Veía las noticias, conocía a madres de hijos que habían muerto asesinados, sabía que su barrio era peligroso, pero pensaba que su familia estaba segura. No le debía nada a nadie.  Después cambió de parecer: «Eso no pasa solo allá, puede pasar aquí o en cualquier lugar».

Nosotros hemos salido de nuestra zona de confort. Tú también nos puedes acompañar en nuestros malos pasos. Únete a la comunidad y conversemos juntos sobre nuestra violencia.

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"Si el dueño te manda a matar, tienes que hacerlo"

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Junior

Hace una semana casi me matan. Tengo el brazo roto, con nueve puntos y dos más en la cabeza. No tenía permiso del dueño de la favela para robar. Pero yo y otro chico fuimos por un coche. Lo dejamos guardado y fui a ver a mi tía. Cuando salí del portón me empezaron a golpear con una pala. Me llevaron a la cima del morro para matarme. Mi padrastro llegó justo a tiempo. Habló con el dueño de la favela y me liberó.

De niño pensaba que iba a servir en el cuartel y ser paracaidista. Mi mamá me decía que nunca fuera a la boca (venta de drogas), que no jugara a eso, pero cuando crecí me llamaron y entré. Tengo 15 años. Era abastecedor. Cuando se acaba la carga traes más. Ganaba 600-800 (reales) a la semana. Tenía carro, moto, mujer, dinero… Nunca imaginé que todo iba a salir mal.

Ese día creí que iba a morir, pero Dios me dio una oportunidad. Pensaba en mi madre, en mi padre, en mi novia y en mi hijo, que tiene un mes. En esta vida todo el mundo tiene hijos rápido, fácil. Un día mi novia me dijo que no fuera a la boca, había soñado que iba a morir. No le creí. Pero ese día el chico a mi lado murió. Un policía entró y le dio un tiro en la cabeza. No fue suerte. Fue Dios. Nadie tiene suerte.

Yo nunca maté. Pero si un día el dueño te ordena matar, tienes que hacerlo. Estuve en varias ejecuciones. Una persona se dedicaba a cortar, o los tiraba al río, con los cocodrilos. Matan, cortan, hacen microondas (quemar con neumáticos a una persona). Hay gente que está ahí y se ríe. Yo quiero una nueva vida. Tengo varios amigos que murieron. A dos primos los cortaron en pedazos. A otro amigo le dispararon en la barriga. Ahora mi papá quiere que trabaje vendiendo fruta en la calle.

Río de Janeiro, Abril 2017.

*El nombre de esta persona es ficticio por motivos de seguridad.

 

Matan, cortan y hay gente que se ríe

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"El miedo legitima la barbarie"

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Marcelo Freixo

El crimen organizado nace dentro del Estado. Fuera es barbarie. Todas las facciones de Río de Janeiro nacen en la prisión y van a controlar las favelas. Porque la gran mayoría de presos son de la favela. 

Soy diputado hace diez años, pero empecé a trabajar en prisiones con 21 y ahora tengo 50. Cuando empecé a trabajar esas facciones casi no existían. Yo les vi ganar cuerpo dentro del presidio. Son mucho más un control local que crimen organizado. Si tú hablas con los grandes traficantes presos no saben ni dónde está Bolivia, muchos de ellos nunca salieron de la favela. Brasil es hoy la tercera población carcelaria del mundo. ¿Y quiénes son los presos? Los mismos que mueren. Son los matables

Los números que tenemos de homicidios son de genocidio, pero la violencia no es igual para todo el mundo. Los homicidios sobre la población blanca descendieron bastante. Al contrario de la población negra.  El problema es que las políticas de seguridad pública en los últimos gobiernos tienen una lógica de guerra. Y en la guerra es matar o morir. 

¿Por qué las personas que sufren la violencia en Río de Janeiro están de acuerdo con ajusticiamientos, con personas amarradas, con la venganza? La lógica de la guerra trae la sustitución de la justicia por la venganza. Y el combustible que mueve ese sentimiento es el del miedo. El miedo legitima la barbarie. El miedo permite que el estado no cumpla la ley: ‘Yo no sé quién es mi enemigo, pero sé qué color tiene y del territorio que viene’. El futuro de la juventud negra de la periferia es la muerte o el presidio. Y las excepciones confirman la regla. 

Río de Janeiro, Marzo 2017. 

La lógica de la guerra trae la sustitución de la justicia por la venganza 

Diputado
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"Nos tenemos que ir de aquí"

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Ananis de Oliveira

Cuando hay culto y empiezan los tiros, les digo a todos que nos vayamos al cuarto de atrás. No hay mucho más que hacer, sólo esperar a que pase. Cuando llegué a esta iglesia hace dos años, venían más de 150 personas al culto, ahora no pasan de 30 porque desde hace mes y medio vivimos en fuego cruzado.

Mira las entradas, están llenas de agujeros por las balas. No es forma de vivir. Tenemos que salir de aquí. No veo otra opción. Yo intento calmar a las personas que vienen a la iglesia para que la gente pueda estar aquí, pero la gente tiene miedo de salir de casa, no quieren pisar la calle.  Lo único que podemos hacer es continuar caminando y no desistir. Nuestra luz es Cristo.

Río de Janeiro, Marzo 2017.

 

Mira las entradas, están llenas de agujeros por las balas. No es forma de vivir

Pastor evangélico
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"Mi hijo no tuvo oportunidad"

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Luciene Silva

Él estaba en el pie de la escalera, sin camisa: le encantaba mostrar el cuerpazo que tenía porque hacía capoeira. Le pasé la mano en la cara y en el pecho y le dije: «Vas a ser igual de peludo que tu padre». Él se río, con su sonrisa de pillo. Fue la última vez que lo vi. 

El día anterior él estaba en casa conversando con los amigos en el portón. Otro amigo lo llamó para ir a comprar una pieza de bicicleta. Fueron a Nova Iguaçú y cuando regresaba, los policías estaban bajando por la avenida y ellos fueron los primeros en morir. Tiraron contra ellos. Pasaron por las calles matando aleatoriamente a las personas (en la llamada «Masacre de la Baixada Fluminense» en 2005, 29 personas fueron asesinadas por la Policía Militar). 

Me enteré por el periódico que lo habían matado. Ese día yo estaba con una amiga que acababa de perder al marido. Pasó todo y no me enteré de nada. Cuando llegué, mi otro hijo me contó que había habido una matanza, pero no sabíamos que Rafael estaba entre los muertos. Un policía le dijo a su hermano: «Si te sirve de consuelo, no sufrió nada. Murió al momento». Rafael no tuvo oportunidad alguna de huir, porque si la hubiera tenido, habría corrido o le habría dado una patada o algo. Recibió un tiro en la columna y cayó de inmediato. 

Tuve un sueño en el que me decía cómo fue. Es la única vez que soñé con él, ya adulto. Tenía 17 años. Se me apareció vestido como fue enterrado, todo de blanco, y él me decía: «Mamá, yo no vi nada. Solo vi todo oscuro». 

Yo no lloré en el entierro ni en el velorio. Cuando llegué a casa y puse todo para dormir, agarré su saco y su identificación, me senté en el pie de la escalera y me puse a llorar. 

Río de Janeiro, Marzo 2017. 

Mi otro hijo me contó que había habido una matanza, pero no sabíamos que Rafael estaba entre los muertos

Madre
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"Uno no crece pensando que va a matar"

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André Luiz de Oliveira

Decidí ser policía porque está en mi sangre. Mi padre era policía. Es mi segunda piel. El objetivo es servir y proteger, pero somos un ejército porque estamos en una guerra no declarada por territorio. Vas a una comunidad y ves a un pueblo pobre, abandonado y al mismo tiempo es un lugar explotado por el tráfico. Si la policía no entrara no habría enfrentamiento. ¿Pero vamos a dejar imponer al tráfico su ley? Ellos ahí matan. Ellos son jueces. Imagina salir con tu hijo y ver a un tipo con un fusil y una bolsa de cocaína vendiendo en la puerta de tu casa. Los niños acaban pensando que aquello es normal. Y los bandidos armados se convierten en sus héroes.

Rio de Janeiro es una ciudad donde mueres por tu trabajo. En el tiempo de mi padre el vagabundo (criminal) era un tipo viejo, tenía un respeto. Ahora son una pandilla de adolescentes con un arma en la mano, sin estudios, sin expectativas en la vida. Ya he perdido a varios compañeros, muchos. El último estaba en su carro y lo mataron porque descubrieron que era Policía Militar. Si matan a un policía ganan estatus.

Llevo casi 20 años en la lucha contra el tráfico y no puedo contar las operaciones que he hecho. Ya he estado en un enfrentamiento con un compañero baleado al lado. Estuve tirado en la mata seis horas sin poder estornudar para que no me descubrieran los bandidos. Si te descubren o corres, o reaccionas o mueres. Si te cogen y te llevan a la favela es peor: te torturan. No sé cuántos autos de resistencia he tenido. Recuerdo el primero. Fue hace 18 años. Era un asalto. Con la primera persona que hablé fue con mi padre. No es natural ver morir a alguien. Uno no crece pensando que va a matar. Mi padre me dijo «es algo natural en el trabajo, no va a pasar ni una, ni  dos, ni tres o cuatro veces».

Río de Janeiro, Marzo 2017. 

Rio de Janeiro es una ciudad en la que mueres por tu trabajo

Policía Militar
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"Hoy matar a un policía es una victoria"

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Nelson da Silva

El policía, por ser policía, ya es un enemigo. ¿Por qué no matan a los jueces, a los fiscales? Ellos son casos aislados. Se mata a personas específicas, pero a nosotros nos matan sólo por ser policías. No es el policía que atrapó al marginal, es simplemente el policía. No tenemos la sensación de que haya castigo. Hoy matar a un policía es una victoria. Y cuando nosotros matamos a un bandido, a veces el policía acaba preso. 

Yo entré a la policía porque buscaba la estabilidad  financiera del empleo público.  Fue hace 32 años. No había ese riesgo que hay hoy.   Antes era una profesión respetada, incluso por el propio marginal. Era un empleo que se pagaba bien. En la época, ocho salarios mínimos eran 5,000 reales y ahora ganamos poco más de 2,000. Yo, como muchos, tuve que trabajar también en seguridad privada para darle una buena vida a mi familia. Ahora no se tiene material, no se tiene efectivos, no hay ni hojas de papel. Si no hay dinero para comprar papel, no va a haber dinero para armas, municiones o comprar gasolina para hacer diligencias. Estamos muy vulnerables.  En las calles se está matando al policía.

Yo perdí a mi hermano de corazón. Era un hombre bueno, alguien que ayudaba, un hombre de familia, que tenía tres hijos. Siempre estábamos juntos y murió en la mano de marginales. No hay una contra respuesta efectiva del estado para cuando un marginal mata a un policía. Yo siempre voy armando. Si estás desarmado no puedes ayudar. 

Ahora estoy investigado por la policía Militar. Me acusan de organizar la huelga.  La hicieron las mujeres de los policías. Ahora el Estado está en crisis. Como yo soy de SOS Policía, recibí 17,000 mensajes. Mi esposa fue a la puerta del batallón porque ella es mujer de PM y sabe lo que hemos sufrido. Yo fui a apoyar a mi mujer. Pero está prohibido en nuestras normas. Lo que no entiendo es: ¿Por qué nos cobran a nosotros, servidores públicos, cuando la calamidad pública del estado es por la corrupción? Se le tienen que cobrar a ellos.

Rio de Janeiro, Marzo 2016.

Yo siempre voy armando. Si estás desarmado no puedes ayudar 

 

Policía militar
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"Quien está en el frente tiene derecho a improvisar"

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Veríssimo Junior

A los habitantes de la favela nos santifican o nos demonizan y las dos son formas de deshumanizar. La gente lo que quiere es ser humano. Me crié en una favela llamada Pexinhos, en Recife. Soy profesor en Vila Cruzeiro hace 18. A los jóvenes les digo que no hay nadie mejor para hablar de sus experiencias que ellos mismos. 

Vamos a estudiar el mito de Antígona, porque en 2010, durante la invasión de las fuerzas armadas, en la Vacaría, la parte más alta y pobre, varios jóvenes fueron ejecutados y las madres querían rescatar sus cuerpos para sepultarlos. Los cerdos los estaban devorando. Lo mismo que le ocurrió a Antígona con su hermano Polinise. También estudiaremos La farsa del abogado Pantelhin, en relación a las astucias que se tienen que desarrollar para vivir en la favela; Othelo, por todo lo que tiene que ver con el control del territorio, la lucha de poder; Tartufo, de Moliere, la historia de un falso religioso que se trasviste de un creyente fervoroso para hacer patrañas. Es una forma de debatir sobre el avance del fundamentalismo religioso. Y La madre coraje, de Brecht, que cuenta la historia de una mujer que tiene cinco hijos y se gana la vida con la guerra forneciendo víveres. Es un paralelo con las tías de las quentinhas en las favelas, que venden víveres para los soldados de la UPP, para los traficantes. 

A mis alumnos los llamo Hércules por todas las pruebas que tienen que superar para llegar a la escuela. A veces el aula está medio vacía por los disparos. Otras los disparos empiezan en medio de la clase y sus madres los vienen a buscar. Estos jóvenes no deben ser objeto de caridad, sino de admiración. Por la urgencia en la que viven crean un pensamiento muy complejo del que deberíamos aprender. Quien está en el frente tiene derecho a improvisar.

 Río de Janeiro, Marzo 2017. 

A mis alumnos los llamo Hércules por todas las pruebas que tienen que superar  

Profesor
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Se llamaba Cladeir Gabriel Francisco

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Llevaba ocho horas en el suelo y todavía agarraba los audífonos de su celular con las manos. Tenía nueve heridas de bala. En su cuerpo rígido la sangre estaba estancada. Los músculos, como piedra. Andaba en su bicicleta cuando le dispararon, a solo unos metros de su casa. Una decena de familiares miraba su cadáver y se consolaban unos a otros. Su madre, una señora bajita de gafas y pelo corto a la que faltaba un diente, llegó a la escena del crimen y pegó un grito desgarrador: «¡Nuestra madre del cielo!». Se abalanzó sobre su cuerpo. Su otro hijo la detuvo. 

Río de Janeiro, Enero 2017. 

Una decena de familiares miraba su cadáver y se consolaban unos a otros

Fallecido
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"El que da el primer tiro es el que arranca la vida"

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Galo

Mi primer muerto fue cuando tenía más o menos 15 años. Pero la primera vez que maté no maté. Porque el que mata es el que da el primer tiro. Ese es el que arranca la vida. Yo ayudé. Le dieron un tiro de fusil en la cabeza. Yo después lo completé.

Cuando la policía entraba en la favela los chicos se escondían en mi casa, mi madre escondía las armas de ellos. Crecí con el olor a marihuana, viendo esnifar a las personas. Con 13 años, empecé a vender en Navidad para comprarme ropa bonita. Después empecé a vender todos los días. Vendía de todo: cocaína, crack, marihuana. Cuando dejé la escuela no sabía leer ni escribir: era muy burro. Pasado el tiempo me hice seguridad del gerente de la favela. Donde él iba tenía a 16 tipos rodeándolo. Estás 24 horas en la favela. ¿Sabes lo que es estar cinco años en la favela sin salir a ningún lugar?

Una vez, en un día matamos 15 personas. Todos eran nuestros amigos de crimen. Pero para nosotros era igual. Cuando estás en el tráfico es lo mismo que matar un ratón. Acabas de matar a uno y vas para el baile. El total de personas que maté no lo sé. Más o menos 30. Y fuera de eso, los tiroteos, que no tienes noción. Ese día matamos 15 y a los 15 los cortamos y los echamos en un barril y los quemamos. Eso es lo que hacíamos con todos. Para que la policía no pudiera investigar.

A veces una madre me preguntaba por su hijo. Le decía que no sabía dónde estaba, pero lo acababa de matar. Yo sabía que no lo iba a ver más. Soy malo, pero no tan malo. No lo sé, a veces pensaba que era bueno y luego hacía algo malo. Esa es la vida que vivía. Me tuve que ir de mi favela. Ahora he hecho tantas cosas malas que no tengo dónde ir. Mi familia ya no cree en mí. Tienen miedo. Si pudiera empezar de nuevo, lo primero que haría es estudiar.

Río de Janeiro, Abril 2017.

*Esta persona está identificada solo por su apodo por su seguridad.

Ilustración de Carlos Carabaña.

He hecho tantos cosas malas que no tengo adónde ir

Ex traficante
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"Muchos entran al box para defenderse en la calle"

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Yo no vivo aquí, pero he hecho muchos amigos. Vengo los fines de semana, me divierto muchísimo. Pero tengo mucha rabia. Imagina al que vive aquí. La estigmatización crea odio. La policía criminaliza todo el tiempo a los jóvenes. Cuando hay una operación, el que tiene un familiar se va fuera de su casa. Porque si estás en casa y eres hombre, eres bandido.  El box es una oportunidad de transformar esa rabia en algo positivo. Ofrece mucha adrenalina y otras reacciones físicas que los jóvenes sienten en una situación de violencia. Estar sólo en el ring superando al adversario, tiene mucho que ver con la vida. También tienes disciplina, tienes respeto, tienes una filosofía. Sientes que formas parte de una familia. Eso cambia como el joven se ve y cómo ve al otro. 

La escuela el año pasado estuvo 20 días cerrada. ¿Qué clase de educación tienes? Hay muchos jóvenes que no tienen éxito en la escuela pero que son exitosos en la lucha. Lo ven como un proyecto de vida: no soy una mierda, soy una persona reconocida. Cambia como él ve su futuro. Me dicen que se sienten tristes, con mucha rabia, sin opciones, frustrados. Muchos entran para aprender a defenderse en la calle. 

Para resistir esta situación de violencia la gente normaliza esa violencia. Para mí eso es una doble victimización. La otra opción es cambiar todo, pero es muy difícil. También salir de aquí. Luta Pela Paz nació en 2000. Desde que yo entré recuerdo a cinco o seis alumnos que murieron por la violencia de la policía o de las facciones. 

Río de Janeiro, Marzo 2017. 

El box es una oportunidad de transformar esa rabia en algo positivo

Trabajadora social en Luta pela Paz
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"Tengo decenas de casquillos"

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Marta

Mira lo que tengo aquí. Es una calabaza. Mira lo que guardo. Son casquillos de balas. Los he recolectado aquí cerca, en casa, en la calle, en la azotea. Empecé este año. Hace meses que tenemos disparos casi todos los días. ¿Ves el portón? Ese agujero es también de una bala. Por eso tiene una cuerda para que cierre. Tengo muchos casquillos, decenas.

 Tengo 81 años. Llegué a Alemão con mi marido. Somos diez personas en casa. Conmigo vive mi hija, mis sobrinos, mis nietos. A veces estoy viendo la televisión y empiezan los tiros. Mis nietos tienen miedo. Se esconden. También tenemos tres perros. Esa es una figura de São Jorge. Él nos protege.

Voy todos los días a recoger a mis nietos a la escuela. Uno estudia en una y otros dos en otra. Muchas veces los disparos empiezan a la hora de la salida. Ellos tienen que esperar a que acaben dentro de la escuela porque no puedo llegar. Cuando pasa eso me pongo muy nerviosa. Si me muevo es malo. Si me quedo quieta es peor.

 Río de Janeiro, Marzo 2017.

*Cambiamos el nombre de esta persona por su seguridad. 

A veces estoy viendo la televisión y empiezan los tiros

Ama de casa
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"El dolor para una madre es el mismo"

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Paula

Yo tengo la historia de mis dos hijos: uno que fue preso y otro que murió. 

Cuando el mayor tenía 12 años, su padre se fue. Él se convirtió en el hombre de la casa. Empezó a trabajar vendiendo empanadas. Era un programa social para que los adolescentes no se involucraran con el tráfico. Cada final de semana venía con dinero para ayudarme. Un día, cuando tenía 18 años, hubo una confusión y lo arrestaron. Los policías lo acusaron de ser un gran traficante. Estuvo preso nueve meses en Bangú. Y yo nueve meses sufriendo. Fue hace seis años. 

Mi otro hijo murió hace seis meses. Cuando supe que había muerto allá en el morro, subí… No me dejaron acercarme. Un policía me tiró una bala de goma y me dijo que me fuera de ahí. Yo le dije que no. Que él acababa de matar a mi hijo. Que si quería me podía disparar. Cuando pude acercarme un poco más, me quedé mirándolo, con aquel tiro en la cabeza. Los policías me insultaban. Solo quería sentarme cerca de él. No importa lo que haga un hijo cuando crezca. Llevaba un año y poco (en el tráfico). Yo no lo justifico. Sólo él sabe lo que le pasaba por la cabeza. Puede que un hijo muera de una manera u otra, pero el dolor para una madre es el mismo.  Mi nuera estaba embarazada. Cuando nació mi nieto me sentí feliz porque tiene la cara de mi hijo. 

Río de Janeiro, Marzo 2017. 

*Cambiamos el nombre de esta persona por su seguridad. 

Ilustración de Carlos Carabaña.

 

Yo tengo la historia de mis dos hijos: uno que fue preso y otro que murió 

Madre
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"Somos guerreros, somos cazadores"

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Marcio Alexandre

Ser policía es un sacerdocio. Acabamos conviviendo con nuestros compañeros más que con nuestras familias. No estoy casado, pero tengo una compañera. La familia de un Policía Militar se acostumbra y pide que no pase nada. Porque la verdad es una guerra. Si utilizas armamentos de guerra, estás en una guerra. Si tienes zonas dentro de la ciudad en las que necesitas de un aparato militar para poder entrar, entonces tienes guerra. 

Yo estuve cuando empezó el batallón en 2010 y volví en abril pasado. Cuando llegué había mucha violencia. Cuando volví, la realidad era mucho peor. Fue aumentando porque con el proyecto de la Unidad de Policía Pacificadora llegó una migración de marginales (criminales) de otras localidades. Dicen que el Batallón 41º es el que más mata, pero es un batallón en medio de un contexto muy violento. El enfrentamiento acaba siendo natural. No es que sea un batallón letal. 

Lo de Costa Barros (en 2015 cinco jóvenes murieron cuando cuatro policías del 41º dispararon 111 veces contra su coche) fue un error que está siendo juzgado. Cuando trabajas con vidas, como la Policía Militar, si cometes un error puede acabar con muertos. Es como en un juego de fútbol: si el portero falla, es gol y ese gol puede acabar con el partido. No es por minimizar la muerte de aquellas personas. 

Yo le digo a mis policías que somos guerreros, somos cazadores. Tenemos que garantizar la seguridad de todos. A quien trabaja aquí le gusta porque sabe que es un batallón de héroes.   

Río de Janeiro, Marzo 2017.  

El enfrentamiento acaba siendo natural. No es que sea  un batallón letal 

Mayor de la Policía Militar
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"Soy un reductor de homidicios"

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Alex Marmelo

Cavé un túnel, serré los barrotes. Nada funcionó. La tercera vez que fui capturado fue en Cabo Frío (una localidad turística del Estado de Río de Janeiro). Tenía una casa allí. Estaba fugitivo en verdad. Y ahí también hice un asalto a un supermercado y hubo un tiroteo. Me estaba yendo de la playa en mi carro y la policía me capturó. Ahí o vas a morir o vas preso. Pensé que iba a salir fácil como las otras veces. Me condenaron a nueve años por asalto, asociación criminal y otro crimen en Río. 

En la cárcel un amigo asaltante de Cidade de Deus me dijo que fuera a una reunión. Era un culto. Me sentí tan bien, las músicas eran tan inspiradoras, el ambiente era cargado de una paz… de una inspiración divina. Ahí empezó mi trayectoria, mi nuevo camino con Dios.  A los tres años me dieron la libertad condicional. Solo que cuando sales aquí fuera es otro nivel, otra realidad. Todas las posibilidades que tenías antes vuelven a hacer parte: mujeres, dinero, droga. Mi compadre era el gerente general de la favela. Y cuando salí me trajo tres kilos de marihuana, una pistola, un dinero. No quieres decirle que no. Él te ayudó en la cárcel. Me volví débil. Volví a aquella vida de nuevo. Fue mi mujer, que también es pastora ahora, la que me ayudó a volver a la Iglesia. Hace 17 años. 

Sé que hice cosas malas. Yo participé de ejecuciones, yo participé de momentos en que prendíamos fuego a un tipo vivo, amarrado. Son cosas que hacía porque tenía que hacer. El submundo exige una postura de esa naturaleza. Fue muy malo, pero creo que el secreto de la vida es transformar lo que es malo en algo bueno. ¿No se hace gas con basura? Nuestra vida también tiene su basura. Dios tenía un proyecto para mí. Lo que yo hago ahora es un círculo de Dios. La historia se repite. Lo que hicieron por mi hace 17 años yo lo hago ahora por todos estos chicos (el pastor creó el centro Hune Brasil —Há Uma Nova Esperança— para quitar a jóvenes del crimen y alejarlos de las drogas). Ahora soy un reductor de homicidios.

Río de Janeiro, Marzo 2017. 

El secreto de la vida es transformar lo que es malo en algo bueno

Pastor evangélico
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"Sin el deporte podría estar muerto"

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Jonas Cheyman

De niño era gordito y se burlaban de mí. Era muy peleonero. Todas las semanas me llamaban en la escuela y mi mamá se estaba volviendo loca. Un día vine a Luta Pela Paz (en el complexo de Maré) porque quería aprender a defenderme. Mi mamá no tenía tiempo para estar con nosotros más que en la noche. Luta Pela Paz fue un padre para mí .

Tengo 19 años y hace ocho que estoy aquí. Empecé con box. Al principio todavía peleaba bastante, pero al año siguiente me calmé porque entendí que esto era una disciplina. Después me enamoré de la lucha libre. A los dos años y medio empecé a competir. He perdido en poquísimas ocasiones. Si no hubiera encontrado el deporte estaría en malos pasos o muerto de tanto pelear. 

Tenía una cabeza muy dura, mal genio, era machista. Todo eso acabó. Aquí me han enseñado a conocer nuevas culturas para no quedarnos solo en este mundito. Hace unos años, unos suecos vinieron a hacer un documental. Después de un año nos invitaron a ir. Yo nunca había salido de Río. Estuve en Estocolmo y andaba hablando solo por la calle. Me quedé impresionado con los vikingos.

Río de Janeiro, Marzo 2017.

 

De niño era gordito y se burlaban de mí. Era muy peleonero 

Luchador
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Se llamaba Luiz Carlos Barbosa do Nascimento

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Para poder recoger su cuerpo, la División de Homicidios de la Policía Civil, pidió ayuda a la Policía Militar para entrar a la favela con un vehículo blindado. Su cuerpo estaba abandonado en una calle, cerca de los matorrales. Era una frontera. De un lado dominaba el Comando Vermelho (CV), del otro, Amigos dos Amigos (ADA), dos de las tres principales facciones criminales en Río de Janeiro. 

En una pared, un graffiti advertía «la policía va a morir». Otras pintadas recordaban el dominio de ADA. Luiz Carlos Barbosa estaba solo. Nadie fue a verlo. Alrededor había unas 15 personas riendo y tomando cerveza en un bar. Todos se asomaron cuando llegó la policía, pero nadie reclamó su cuerpo. Los testigos dijeron que lo mataron por cambiar de bando. Él pertenecía a ADA y hacía poco se había mudado a la favela del CV. Luiz Carlos Barbosa murió en la calle del Sosiego. 

Río de Janeiro, Enero 2017.  

Los testigos dijeron que lo mataron por cambiar de bando

Fallecido
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"Tengo miedo de un balazo por detrás"

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MC

Mis hermanos me trataban muy mal desde niño. A nadie le gusta que lo golpeen todo el rato. Me castigaban, me dejaban encerrado en la casa. Veía a todos los amigos jugando en la calle y yo ahí, en la azotea o encima de un muro solo, viendo y pensando: ‘Cuando sea mayor todo lo que voy a hacer’. 

Tenía 14 años cuando entré. Estudié hasta el tercer año. Nunca trabajé en nada. Sólo vendí cacahuates en los semáforos, cerca de Maracaná. No siento vergüenza. Mi mamá vivía en una casucha de madera. Yo veía que el crimen era más fácil. Que las mujeres bonitas sólo hacían caso a los que iban armados. Y pensaba: ‘¿Qué es eso?’. Siempre quise tener un videojuego, una computadora, incluso un teléfono, pero mi mamá no me lo podía dar y yo pensaba: ‘Carajo’. Trabajé para comprar algo que me diera orgullo. Ahora gano unos 2,500 (reales) a la semana. Tengo casa, estoy casado y tengo dos hijos, de un año y de tres meses. 

Antes solo veía las mejores cosas, pero es un negocio serio. Tiene sus momentos buenos y otros, en que los que la cosa aprieta. Hay que tener sabiduría. Yo siempre pedí a Dios que me cuide. No he recibido ningún tiro. Pero yo quiero hacer una vida aparte. Esto no es para mi. Haces mal a otras personas. 

Llevo seis años y nunca maté. Si un día me lo pide (el jefe) intentaré convencerlo de que lo haga otra persona. Esas cosas pasan factura. Es bíblico. Sólo Dios tiene el poder de dar y quitar la vida. Sólo mataría si me hacen daño. Tengo miedo de la cobardía, de ser apuñalado por la espalda o de un balazo por detrás. Doy gracias a Dios. Muchas personas me ayudaron, no lo puedo olvidar, como mi superior (el gerente), estoy sin palabras.   

Río de Janeiro, Abril 2017. 

*Cambiamos el nombre de esta persona por su seguridad.

 

Sólo Dios tiene el poder de dar y quitar la vida. Sólo mataría si me hacen daño

Traficante
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 "El miedo es lo que me hace continuar"

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Adriano Díaz

Cada vez que me encuentro con otra víctima tengo una sensación de impotencia, de que el trabajo no vale la pena. Y da miedo. Que eso pase conmigo  o con mis familiares. Tal vez es el miedo lo que me hace continuar. Hay una obligación. Ayudar a un familiar a que no se sienta solo dentro de esa tragedia es más importante que cualquier otra cosa.

Yo soy de la Baixada Fluminense y desde los 80 empecé a defender los derechos humanos y denunciar la violencia relacionada con los grupos de exterminio, los llamados mano blanca, que controlan el territorio a través de la muerte. Un caso llevó a otro y para el 2000, ya estaba relacionado con otra violencia letal, principalmente crímenes de la policía.  En 2007 sufrí una amenaza muy grande, estaban planeando matarme o desaparecerme por trabajar en los juicios de la masacre de la Baixada Fluminense (29 personas asesinadas aleatoriamente por la policía en 2005). Desde entonces tengo un perfil más bajo. Ya no me expongo e intento tener buenas relaciones. Cuando tenemos una acción efectiva, es muy escondida, para preservar la vida de las personas involucradas. Somos de una región invisible.  En la ciudad de Río hay una guerra declarada, pero la nuestra es velada. El miedo es constante. 

Tengo miedo de la reconfiguración del crimen en Río, la falta de control de la tropa, del Estado, y de estrategias para impedir el avance de los grupos criminales. Tengo más miedo como ciudadano que como militante. En los tres primeros tres meses del año, hubo 1,500 homicidios, más de 60 policías muertos, hay buses quemados en los últimos días. El miedo es el principal motivador para hacer algo. 

Río de Janeiro, Marzo 2017. 

En 2007 estaban planeando matarme o desaparecerme

Fundador de ConCausa
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"Esta guerra nunca va a acabar"

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Rosa

Mi hermano recibió un tiro en un baile funk durante un fuego cruzado. Quedó paralítico durante 10 años y falleció hace poco. Hace 40 años que vivo en la misma calle en el Complexo de Alemão.  Me gusta, es un lugar bueno. Pero después de que la Unidad de la Policía Pacificadora entró, acabó el sosiego. Tenemos tiroteos todos los días. No podemos estar fuera de casa o dejar a los niños jugar en la calle.   

Hace unos meses los policías ocuparon mi azotea y desde ahí disparaban contra los traficantes. Nosotros estamos en medio. En mi calle, las casas están llenas de tiros. Hay días que no puedo subir a mi casa por el fuego cruzado. 

Cuando empiezan los disparos yo sigo viendo la novela, pero mi hija se esconde debajo de la cama de mi mamá. A veces no consigue ir a la escuela por los tiros.  Hay días que compro más comida para no tener que salir. En las noches no consigo dormir. Me quedo despierta por el ruido y empiezo a pensar: ¿Qué tal si tiran una granada? En casa de mi comadre ya echaron una. Quedó sorda un día entero. 

Río de Janeiro, Marzo 2017 

*Cambiamos el nombre de esta persona por su seguridad.

 

No podemos estar fuera de casa o dejar a los niños jugar en la calle

Cajera de banco
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"Vivimos en una Guerra Civil"

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Karla Souza

En el entierro de mi esposo, un chico me dijo: «No me puedo creer que se fuera de esa forma, era un guerrero. Él salvó mi vida». Mi marido nunca me había contado la historia. Unos años atrás estaban en una operación en Corea, que es una favela caliente. Él estaba en el 14º batallón. En el enfrentamiento este chico recibió un tiro de fusil en la cabeza. Sus compañeros siguieron disparando contra los bandidos para que no se quedara en la favela. Mi esposo no pensó en que tenía una hija de un año. Al final el chico se salvó. Mi marido era el Sargento Ronaldo da Cruz. Murió de un infarto en 2005. 

Ese día llegué al hospital y le pregunté a su compañero qué había pasado. «Esta guerra», me contestó. Cuando lo conocí ya era policía. Él era muy tranquilo. Teníamos nuestra vida personal, paseábamos, solo no íbamos a los bares. Es una vida muy difícil. Él se va y te quedas preocupada todo el día. Después vas a cama y piensas que vas a dormir y no duermes. Y entonces llamas para ver si está bien, pero si está en una operación no te contesta. Yo creo que él salía pensando si iba a volver a casa, si iba a ver crecer a sus hijas, si las iba a ver casarse. Incluso hacer los 15 años. Porque cuando mi marido murió mi hija tenía 2 años y la otra 3. 

Mi marido venía cada vez más deprimido a casa. Perdió a un compañero en una operación. Lo quería como a un hijo porque había trabajado con el padre y con el hermano más viejo. Lloraba de noche. Perdía amigos porque no había estructura de trabajo. No tenían chalecos dignos, un armamento… Él amaba ser policía, pero yo digo que quién mató a mi marido fue la propia policía por falta de dignidad. Los bandidos tienen un poder muy grande. Creo que quienes pagamos impuestos somos nosotros, pero quien manda en la realidad son ellos. Lo que vivimos es una Guerra Civil. 

Río de Janeiro, Marzo 2017. 

Él se va y te quedas preocupada todo el día. Después vas a cama y piensas que vas a dormir y no duermes

Ama de casa
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"Es una jungla con todas las especies criminales"

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Yo llamo a esto la Fábrica de Bizcochos. Tenemos que informar de la autoría para que el Ministerio Público lleve al autor a la justicia. Son bizcochos simples. No nos podemos preocupar por el relleno. Si un policía se concentra sólo en un caso viene una avalancha encima de él. Yo me programo cada día para hacer diez tareas, pero cuando llego aquí difícilmente consigo completar dos. En la televisión, el policía se dedica 24 horas a un crimen. Eso no pasa. Nosotros tenemos miles de casos abiertos. Hay más o menos 150 homicidios al mes. 

Entré en la policía en 1987.  Me casé hace 25 años. Ella me decía que si no me iba de la policía no se iba a casar. Después me decía que si iba a viajar cuando volviera ya no iba a estar más. Y tengo dos hijos, uno de 17 y otro de 13 años. Ellos no quieren ser policías, pero si quisieran me preocuparía. En Río de Janeiro el policía tiene que tener un compromiso mayor por las dificultades sociales. Y la Baixada es peor. 

La cultura de muerte aquí viene desde hace años, está muy enraizada. Soy un policía reciclado. Cuando yo empecé estábamos en un régimen de dictadura. En Brasil cambió todo, pero en la Baixada la violencia sólo cambió el ritmo. Continúan los grupos de justicieros de hace 30 años. Hace diez llegó la milicia. Ahora también tenemos latrocinios y carros y cuerpos carbonizados. Es una jungla donde viven todas las especies criminales. 

¿Cuál es la identidad de la víctima? Eso no interesa. Que anduviera de sandalias, que fuera negro o blanco, calvo o con melena. Si era traficante o empresario. Nosotros investigamos a gente de la Policía Militar, a gente de la Policía Civil, milicianos peligrosos. Intentamos crear credibilidad. El policía necesita ese deseo. Les digo que cuando no tienen nada que hacer se sienten al lado de un teléfono, porque alguien te va a llamar para pasarte una información buena. Y de repente puedes hacer el mejor trabajo de tu vida.  

Río de Janeiro, Enero 2017.  

La cultura de muerte aquí viene desde hace años, está muy enraizada

Policía civil
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"Si hay tiroteo, el día siguiente es mucho peor"

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Monica Cirne

A mí me llegan las sobras de los acontecimientos. Son chicos con parálisis facial. Jóvenes de 14 años con derrames. ¡Ese es el nivel de estrés! También crecieron mucho las fracturas. Las secuelas por disparos. Desde hace diez años atiendo gratis a los habitantes del Complexo de Alemão. Dos veces a la semana. Hago 18 consultas por día. Hay madres que son usuarias de drogas y después viene un hijo con deformidades, que no habla. Es muy complicado. Todo relacionado al día a día.

Hace cuatro años empezamos a construir el Instituto Movimento e Vida, pero las puertas están cerradas porque no tenemos patrocinador para los gastos. La comunidad está desesperada. Yo vuelvo siempre después del Carnaval pero este año no pude. Todo el mundo que tiene un problema y necesita rehabilitación física busca a Mónica, ya sea porque recibió un tiro o se cayó de una azotea. Y Mónica está vieja y cansada. Cuando estoy en casa y hay un megatiroteo en la calle tal, sé que el día siguiente va a ser mucho peor para mí. 

Río de Janeiro, Marzo 2017.

 

A mí me llegan las sobras de los acontecimientos 

Fisioterapeuta
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Se llamaba Jorge Luis Bento de Souza

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La última vez que lo vieron, caminaba por la calle y lo obligaron a subir a un coche negro. Había desaparecido hace una semana. La policía le había dicho a la familia que con tanto muerto era difícil buscar a un desaparecido. Sus tres primos decidieron buscarlo por su cuenta. Recorrieron los peores barrios de la Baixada Fluminense, preguntaron dónde se tiraban los muertos. Caminaron por el bosque, por los basureros, por el río, hasta que encontraron un puente con sangre en Nova Iguaçu, cerca de donde vivían. Siguieron ese camino hasta que dieron con él.  «Es una desgracia para nuestra familia, su madre murió hace 15 días», dijo uno de ellos.  Estaba sin cabeza, atado de manos y piernas, pudriéndose cerca del río. Lo reconocieron por un tatuaje en la pierna. 

Río de Janeiro, Enero 2017. 

La policía le había dicho a la familia que con tanto muerto era difícil buscar a un desaparecido

Fallecido
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"Soy negro, pobre y favelado, no tengo miedo"

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Marquinho da Pepe

Tengo 49 años, 25 hijos, 16 nietos y una bisnieta. Llevo en Alemão desde el primer soplo de vida. La gente tiene miedo a hablar por las represiones de la policía. Yo soy negro, pobre y favelado, ya no tengo miedo.

No sé dónde está el juramento de los policías de servir y proteger, porque hacen todo lo contrario. ¿Y dónde queda el habitante? Es rehén de una guerra particular (entre policías y traficantes) que no es suya. Y las mujeres que van a recoger a sus hijos al colegio, ¿cómo viven? Y los niños que están dando clases y escuchan tiros, ¿qué piensan? ¿Qué van a hacer cuando crezcan? Y el profesor que da clases, ¿qué va a enseñar? 

Cuando llegó la UPP (Unidad de Policía Pacificadora) en 2010 hubo buenos comandantes. Me dijeron que eran buenos para la guerra pero que venían a hacer la paz. Y cumplieron. Durante ocho meses no hubo ni un tiro. En 2013 cambió el comando y cambió todo, todo el día disparos. (Mientras habla empieza un enfrentamiento. Los tiros se escuchan a unos 500 metros). ¿Ves? Porque alguien gana con la guerra, ¿quién gana?, porque los habitantes no. El hoy preso Sergio Cabral (exgobernador del estado de Río de Janeiro) dijo en su campaña de reelección que Alemão era una fábrica de bandidos. Luego se retractó. Pero yo le diría que su UPP ahora sí ha hecho una fábrica de bandidos. Teníamos un proyecto social con más de 1,000 jóvenes y niños. Ya no queda nada, sólo una panadería. De ese proyecto ahora el 99% de los chicos se dedica al tráfico. 

Río de Janeiro, Febrero 2017. 

La gente tiene miedo a hablar por las represiones de la policía

Líder vecinal
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"Quise venganza, ya no"

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Denize Moraes

Sigo sin acostumbrarme a los tiros. Me sigo escondiendo. Tengo miedo porque ya pasó con mi hijo. 

Fue el 27 de mayo de 2014. Él tenía 20 años. Fue un día horrible. Caio era mototaxi. A las 18:52 me llamó para avisarme de que había parado de trabajar por una manifestación. Por un momento tuve un dolor en la espalda, pero nunca imaginé que fuera porque a mi hijo le dispararon en la espalda. En eso, llegan unos chicos y me dicen: «tía, tía, el Caio recibió un tiro». No conseguía encontrar mi zapato, ni el bolso, ni los documentos. Cuando llegué, mi hijo ya había muerto. Mi mundo cayó. 

La policía empezó a tirar gas pimienta y todos corrieron. Un policía que estaba en la panadería le disparó a mi hijo. Dijo que había visto a un bandido y que había fallado el tiro. Eso es mentira. Era muy cerca. La bala dio en la vena del corazón. Entró por detrás y se quedó en la clavícula. Así pudimos saber. 

Mi padre se quedó tan triste que murió de un infarto y mi madre lo siguió un mes y 13 días después. Mi hijo era su único nieto. No es natural que los abuelos estén vivos y los hijos mueran. 

Ya no deseo para el policía lo que él me hizo, pero muchas veces quise que pasara por el mismo dolor que yo. Primero quería que muriera, luego que mataran a su hijo, pero ¿qué tiene que ver su hijo? Es un sentimiento humano, el ojo por ojo diente por diente. Pero eso no es justicia. Lo que yo quiero es que sea condenado. Que haya vergüenza en la corporación, en su familia, por matar a una persona inocente. Él no va a traer a mi hijo de vuelta. Quise venganza, ya no. El dolor te hace madurar. Solo quiero justicia. 

Río de Janeiro, Marzo 2017.  

Primero quería que muriera, luego que mataran a su hijo, pero ¿qué tiene que ver su hijo?

Madre
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"En Río de Janeiro no hay un solo día sin tiros"

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Cecilia Oliveira

En Río de Janeiro no hay un solo día sin tiros. Hay días sin víctimas, pocos, pero hay. Soy periodista y siempre trabajé en temas de seguridad pública y política de drogas. A finales de 2015 intenté hacer un conteo y buscar víctimas de bala perdida y fuego cruzado, pero ese dato no existe. Entonces empecé a contar por mí misma. Busqué datos con la prensa de barrio y colectivos locales, pero fue mucho mayor de lo que imaginé, un volumen muy, muy grande. Creamos la aplicación Fogo Cruzado con el apoyo de Amnistía Internacional para mapear tiroteos, ver si hay operaciones policiales, si la persona sabe el motivo de los tiros, si hubo víctimas o no. La policía no da todos los datos. Nosotros contamos el tiroteo, ellos cuentan el crimen.  

Cuando hicimos un balance de seis meses, el Complexo do Alemão fue el que tuvo más tiroteos, pero Nova Iguaçú tuvo el mayor número de víctimas mortales. Son cosas diferentes que demandan políticas de seguridad diferentes. La mayoría de los enfrentamientos son en áreas de la pacificación. No puede llamarse pacificados a lugares que está en flagrante tiroteo. 

Río de Janeiro, Febrero 2017. 

No puede llamarse pacificados a lugares que está en flagrante tiroteo 

Creadora de Fogo Cruzado
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Se llamaba Sergio Vicente Goulard

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Estaba solo, desnudo sobre una camilla en el hospital, a la espera de ser reconocido. Unas horas antes, estaba en casa. Alguien tocó la puerta y gritó «Policía». Cuando abrió, dos personas habían saltado ya la barda. Le dispararon. 

La fachada de su casa es amarilla y el portón blanco. Afuera, en la acera, había una mancha de sangre. Dentro, una bicicleta, otro charco de sangre, pedazos de sesos, una chancla rosa. Su hermana no lloraba. Su padre, fumaba. Su amiga Ingrid estaba con él. Hasta ese día, nunca había visto un asesinato.  

«Lo mataron por sus amigos, aunque en verdad no eran amigos», dijo su hermana, indignada, en el hospital Posse, en Nova Iguaçu, Baixada Fluminense. Los policías explicaron que así actúa la milicia, grupos paramilitares en Río de Janeiro que prometen expulsar al tráfico y mantener la seguridad a cambio de dinero. 

Su padre también se llama Sergio. «Ningún padre debe enterrar a su hijo», dijo. Ese mismo día, Serginho le pidió 20 reales. Fue al cajero y cuando regresó se encontró a su hijo muerto. 

Río de Janeiro, Enero 2017. 

Los policías explicaron que así actúa la milicia

Fallecido
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