Un café sin palabras

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Este lugar se rige por el silencio. Los cafés se piden sin palabras, sólo con señas y miradas. El cliente empatiza con el camarero y aprende a hablar un lenguaje sin sonidos. Se llama El Café de las Sonrisas, un lugar único en Granada, uno de los lugares más turísticos de Nicaragua, donde la única regla es no hablar.

En un amplio espacio, de arcos morunos, Antonio Prieto, español, 40 años, decidió iniciar este proyecto por “aburrimiento”, dice entre risas. La realidad es que surgió como una alternativa para aquellos chicos con discapacidad a los que había ayudado durante años pero no tenían salida laboral después de sus estudios.

“Quisimos dar una respuesta real, y dijimos ¡si no les dan trabajo, lo creamos! Nosotros ya teníamos un proyecto de elaboración de hamacas y conocíamos a chicos con deficiencias auditivas; Granada es una ciudad turística en desarrollo y teníamos el Centro Social cerca del punto neurálgico así que… un café era una apuesta factible” explica el Tío Antonio, conocido así en toda Nicaragua.

Antonio era un cocinero en Manhattan que un día se cansó de todo y decidió mirar hacia Centroamérica. Buscaba algún sitio donde poder abrir su propio restaurante. Un día camino a León (al norte de Nicaragua) una lluvia le impidió continuar su camino y tuvo que alojarse en el Reparto Las Mercedes, donde conoció a un chico sordomudo que cambió su vida. Decidió quedarse en Nicaragua y abrir el Centro Social Tío Antonio para ayudar a todos los jóvenes con bajos recursos y algún tipo de discapacidad.

“Son siete años imposibles de relatar en unas líneas, y solo diré que volvería a hacerlo mil veces si volviera a nacer”, apunta.

Desde el Centro Social Tío Antonio, un centro de desarrollo para jóvenes, intenta evitar estas personas sean apartadas tanto en el tema laboral, como lo en el tema personal y puedan vivir una vida normal. El Café de las Sonrisas es la mayor prueba de ello.

Actualmente siete chicos con discapacidad auditiva atienden este café, donde la sonrisa es lo más importante. Detrás de la repisa se puede ver un alfabeto del lenguaje de signos gigante. Los camareros, incluso, se toman el tiempo de enseñar al cliente como pedir un café, como decir gracias y por favor.

“Yo creo que ahora, Granada también tiene una opción alternativa de la arquitectura colonial y el paseo en carruaje. Creo que estamos innovando y rompiendo los estereotipos. Es increíble ver las caras de las personas cuando entran y son servidas por sordomudos, o verlos hablar entre ellos cuando comen. La gente pierde miedos y encuentra nuevas realidades”.

Siendo realistas, agrega el Tío Antonio, una persona no va a aprender el lenguaje de signos en un desayuno, pero si que obtiene inspiración. Desde las ganas de aprender, hasta el empresario que considera la opción de contratar a personas con capacidades diferentes en su propia empresa. “Eso es lo que buscamos en este proyecto, que este sector de la sociedad ninguneada se de a la luz y se deje de ver como algo inservible”.

El Café de las Sonrisas tiene como objetivo dar un mensaje: romper con los estereotipos y contagiar este espíritu. Actualmente, Antonio trabaja en una escuela de hostelería para estas mismas personas y busca contactos para abrir proyectos similares en otras partes del mundo.

Este pequeño café granadino se ha convertido en el punto de referencia para las personas con discapacidad. Muchas personas sordomudas llegan directamente y piden su orden en el lenguaje de signos. “Como me dijo alguien una vez” comenta Antonio, “en la mesa llenáis el estómago y a la salida, el alma”.

 

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