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HONDURAS

 

UN LUGAR PARA IRSE

“¿Por qué vienen a Honduras? —nos preguntó Allan— Honduras no es un lugar para venir, es un lugar para irse”.

 


Fotos de Alan Lima y Alejandra S. Inzunza
Texto José Luis Pardo y Alejandra S. Inzunza

El 28 de enero de 2017 llegamos a una casa amarilla con un portón blanco en la Baixada Fluminense, en la periferia de Río de Janeiro. Afuera se reunía una decena de personas. Dentro, la policía buscaba pistas. En el patio, había una bicicleta y una chancla rosa. En el medio, un charco de sangre. Alan, nuestro amigo fotógrafo, caminaba por todos lados con la cámara en la mano. Un médico forense estudiaba el charco de sangre, salpicado por unos puntitos blancos.

— Creo que Alan acaba de pisar un pedazo de cerebro, —le dije a José Luis.

Alan levantó su enorme zapato —es un tipo de casi dos metros— y siguió tomando fotos. Una chica de blusa amarilla lloraba porque nunca había visto un asesinato. En la escena del crimen estaban los habituales: los curiosos que toman fotos con su celular; los indiferentes que siguen su vida; los policías que preguntan a los testigos; los familiares, sorprendidos, esperando volver al pasado. Y entre todos ellos, nosotros nos reíamos porque Alan había pisado los pedazos de cerebro de un chico de 21 años.  Fue espontáneo. Nos salió una risa vergonzosa  No era nuestra intención imitar el humor negro que los policías de homicidios desarrollan con los años. Quizás fue un mecanismo de defensa, una forma de evasión momentánea. Fue el primer muerto de nuestro viaje. Se llamaba Sergio Vicente Goulard.

“Hay pocas cosas que Honduras exporta. Violencia y personas.”

Danny, un evangélico

Un médico forense estudiaba el charco de sangre, salpicado por unos puntitos blancos.

— Creo que Alan acaba de pisar un pedazo de cerebro, —le dije a Patxi.

Alan levantó su enorme zapato —es un tipo de casi dos metros— y siguió tomando fotos. Una chica, de blusa amarilla, lloraba porque nunca había visto un asesinato. En la escena del crimen estaban los habituales: los curiosos que toman fotos con su celular; los indiferentes, que siguen su vida; los policías que preguntan a los testigos; los familiares, sorprendidos, esperando volver al pasado. Y entre todos ellos, nosotros nos reíamos porque Alan había pisado los pedazos de cerebro de un chico de 21 años.  Fue espontáneo. Nos salió una risa vergonzosa.

Las casas en algunas favelas están llenas de agujeros de bala.

Un médico forense estudiaba el charco de sangre, salpicado por unos puntitos blancos.

— Creo que Alan acaba de pisar un pedazo de cerebro, —le dije a Patxi.

Alan levantó su enorme zapato —es un tipo de casi dos metros— y siguió tomando fotos. Una chica, de blusa amarilla, lloraba porque nunca había visto un asesinato. En la escena del crimen estaban los habituales: los curiosos que toman fotos con su celular; los indiferentes, que siguen su vida; los policías que preguntan a los testigos; los familiares, sorprendidos, esperando volver al pasado. Y entre todos ellos, nosotros nos reíamos porque Alan había pisado los pedazos de cerebro de un chico de 21 años.  Fue espontáneo. Nos salió una risa vergonzosa.

EN 2014 POR LO MENOS 10 JÓVENES ENTRE 16 Y 17 AÑOS FUERON ASESINADOS CADA DÍA

¿Cómo explicar el por qué de la muerte?

Hace poco visitamos Fortaleza, la ciudad de Brasil con el mayor índice de homicidios de adolescentes y niños. En 2013 la tasa de homicidios era de 267,7 por cada 100.000 habitantes entre jóvenes de 16 y 17 años, pero su mapa de violencia letal dibujaba un arco casi perfecto, alejado de la zona turística, donde había barrios sin ningún homicidio en un año.

Cuando les preguntamos a jóvenes de estos lugares cuántos asesinados han conocido, a veces utilizan los dedos de las dos manos para contarlos. Hace unas semanas, un extraficante nos decía que no recordaba a cuántas personas había matado. Lo hacía porque era lo que tenía que hacer: eliminar al enemigo. Un policía de Río de Janeiro relataba una historia similar. Lo más común es que tampoco recuerden cuántos compañeros han muerto. Un chico de 15 años nos contó que había matado a su novia porque se enfadó con ella. Tenía la pistola y disparó. La falta de premeditación suele ser escalofriante.

Giaspel molorem aut lat.

Hace poco visitamos Fortaleza, la ciudad de Brasil con el mayor índice de homicidios de adolescentes y niños. En 2013 la tasa de homicidios era de 267,7 por cada 100.000 habitantes entre jóvenes de 16 y 17 años, pero su mapa de violencia letal dibujaba un arco casi perfecto, alejado de la zona turística, donde había barrios sin ningún homicidio en un año.

Cuando les preguntamos a jóvenes de estos lugares cuántos asesinados han conocido, a veces utilizan los dedos de las dos manos para contarlos. Hace unas semanas, un extraficante nos decía que no recordaba a cuántas personas había matado. Lo hacía porque era lo que tenía que hacer: eliminar al enemigo. Un policía de Río de Janeiro relataba una historia similar. Lo más común es que tampoco recuerden cuántos compañeros han muerto. Un chico de 15 años nos contó que había matado a su novia porque se enfadó con ella. Tenía la pistola y disparó. La falta de premeditación suele ser escalofriante.

EN 2016,
habían 353 personas en prisión por cada 100,000 habitantes

¿Cómo explicar el por qué de la muerte?

Hace poco visitamos Fortaleza, la ciudad de Brasil con el mayor índice de homicidios de adolescentes y niños. En 2013 la tasa de homicidios era de 267,7 por cada 100.000 habitantes entre jóvenes de 16 y 17 años, pero su mapa de violencia letal dibujaba un arco casi perfecto, alejado de la zona turística, donde había barrios sin ningún homicidio en un año.

Cuando les preguntamos a jóvenes de estos lugares cuántos asesinados han conocido, a veces utilizan los dedos de las dos manos para contarlos. Hace unas semanas, un extraficante nos decía que no recordaba a cuántas personas había matado. Lo hacía porque era lo que tenía que hacer: eliminar al enemigo. Un policía de Río de Janeiro relataba una historia similar. Lo más común es que tampoco recuerden cuántos compañeros han muerto. Un chico de 15 años nos contó que había matado a su novia porque se enfadó con ella. Tenía la pistola y disparó. La falta de premeditación suele ser escalofriante.

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Cuando les preguntamos a jóvenes de estos lugares cuántos asesinados han conocido, a veces utilizan los dedos de las dos manos para contarlos. Hace unas semanas, un extraficante nos decía que no recordaba a cuántas personas había matado. Lo hacía porque era lo que tenía que hacer: eliminar al enemigo. Un policía de Río de Janeiro relataba una historia similar. Lo más común es que tampoco recuerden cuántos compañeros han muerto. Un chico de 15 años nos contó que había matado a su novia porque se enfadó con ella. Tenía la pistola y disparó. La falta de premeditación suele ser escalofriante.

TODAS
¿CÓMO SOBREVIVIMOS?
¿POR QUÉ LUCHAMOS?
¿POR QUÉ MATAMOS?
¿POR QUÉ MORIMOS?

Testimonio Brasil 4 Por qué morimos

Brasil

Lorem Ipsum es simplemente el texto de relleno de las imprentas y archivos de texto. Lorem Ipsum ha sido el texto de relleno estándar de las industrias desde el año 1500, cuando un impresor (N. del T. persona que se dedica a la imprenta) desconocido usó una galería de textos y los mezcló de tal manera que logró hacer un libro de textos especimen. No sólo sobrevivió 500 años, sino que tambien ingresó como texto de relleno en documentos electrónicos, quedando esencialmente igual al original. Fue popularizado en los 60s con la creación de las hojas "Letraset", las cuales contenian pasajes de Lorem Ipsum, y más recientemente con software de autoedición, como por ejemplo Aldus PageMaker, el cual incluye versiones de Lorem Ipsum.


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"Tengo miedo de un balazo por detrás"

Brasil

MC
Traficante
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¿POR QUÉ MATAMOS?

Mis hermanos me trataban muy mal desde niño. A nadie le gusta que lo golpeen todo el rato. Me castigaban, me dejaban encerrado en la casa. Veía a todos los amigos jugando en la calle y yo ahí, en la azotea o encima de un muro solo, viendo y pensando: ‘Cuando sea mayor todo lo que voy a hacer’.
Tenía 14 años cuando entré. Estudié hasta el tercer año. Nunca trabajé en nada. Sólo vendí cacahuates en los semáforos, cerca de Maracaná. No siento vergüenza. Mi mamá vivía en una casucha de madera. Yo veía que el crimen era más fácil. Que las mujeres bonitas sólo hacían caso a los que iban armados. Y pensaba: ‘¿Qué es eso?’. Siempre quise tener un videojuego, una computadora, incluso un teléfono, pero mi mamá no me lo podía dar y yo pensaba: ‘Carajo’. Trabajé para comprar algo que me diera orgullo. Ahora gano unos 2,500 (reales) a la semana. Tengo casa, estoy casado y tengo dos hijos, de un año y de tres meses.
Antes solo veía las mejores cosas, pero es un negocio serio. Tiene sus momentos buenos y otros, en que los que la cosa aprieta. Hay que tener sabiduría. Yo siempre pedí a Dios que me cuide. No he recibido ningún tiro. Pero yo quiero hacer una vida aparte. Esto no es para mi. Haces mal a otras personas. Llevo seis años y nunca maté. Si un día me lo pide (el jefe) intentaré convencerlo de que lo haga otra persona. Esas cosas pasan factura. Es bíblico. Sólo Dios tiene el poder de dar y quitar la vida. Sólo mataría si me hacen daño. Tengo miedo de la cobardía, de ser apuñalado por la espalda o de un balazo por detrás. Doy gracias a Dios. Muchas personas me ayudaron, no lo puedo olvidar, como mi superior (el gerente), estoy sin palabras. Río de Janeiro, Abril 2017. *Cambiamos el nombre de esta persona por su seguridad.

"Somos guerreros, somos cazadores"

Brasil

MÁRCIO ALEXANDRE
Major Batallón 41º de la Policía Militar
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¿POR QUÉ MATAMOS?
Ser policía es un sacerdocio. Acabamos conviviendo con nuestros compañeros más que con nuestras familias. No estoy casado, pero tengo una compañera. La familia de un Policía Militar se acostumbra y pide que no pase nada. Porque la verdad es una guerra. Si utilizas armamentos de guerra, estás en una guerra. Si tienes zonas dentro de la ciudad en las que necesitas de un aparato militar para poder entrar, entonces tienes guerra.   Yo estuve cuando empezó el batallón en 2010 y volví en abril pasado. Cuando llegué había mucha violencia. Cuando volví, la realidad era mucho peor. Fue aumentando porque con el proyecto de la Unidad de Policía Pacificadora llegó una migración de marginales (criminales) de otras localidades. Dicen que el Batallón 41º es el que más mata, pero es un batallón en medio de un contexto muy violento. El enfrentamiento acaba siendo natural. No es que sea un batallón letal.   Lo de Costa Barros (en 2015 cinco jóvenes murieron cuando cuatro policías del 41º dispararon 111 veces contra su coche) fue un error que está siendo juzgado. Cuando trabajas con vidas, como la Policía Militar, si cometes un error puede acabar con muertos. Es como en un juego de fútbol: si el portero falla, es gol y ese gol puede acabar con el partido. No es por minimizar la muerte de aquellas personas.   Yo le digo a mis policías que somos guerreros, somos cazadores. Tenemos que garantizar la seguridad de todos. A quien trabaja aquí le gusta porque sabe que es un batallón de héroes.   Río de Janeiro, Marzo 2017.

“El que da el primer tiro es el que arranca la vida”

Brasil

GALO
Extraficante
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¿POR QUÉ MATAMOS?
Mi primer muerto fue cuando tenía más o menos 15 años. Pero la primera vez que maté no maté. Porque el que mata es el que da el primer tiro. Ese es el que arranca la vida. Yo ayudé. Le dieron un tiro de fusil en la cabeza. Yo después lo completé.   Cuando la policía entraba en la favela los chicos se escondían en mi casa, mi madre escondía las armas de ellos. Crecí con el olor a marihuana, viendo esnifar a las personas. Con 13 años, empecé a vender en Navidad para comprarme ropa bonita. Después empecé a vender todos los días. Vendía de todo: cocaína, crack, marihuana. Cuando dejé la escuela no sabía leer ni escribir: era muy burro. Pasado el tiempo me hice seguridad del gerente de la favela. Donde él iba tenía a 16 tipos rodeándolo. Estás 24 horas en la favela. ¿Sabes lo que es estar cinco años en la favela sin salir a ningún lugar?   Una vez, en un día matamos 15 personas. Todos eran nuestros amigos de crimen. Pero para nosotros era igual. Cuando estás en el tráfico es lo mismo que matar un ratón. Acabas de matar a uno y vas para el baile. El total de personas que maté no lo sé. Más o menos 30. Y fuera de eso, los tiroteos, que no tienes noción. Ese día matamos 15 y a los 15 los cortamos y los echamos en un barril y los quemamos. Eso es lo que hacíamos con todos. Para que la policía no pudiera investigar.   A veces una madre me preguntaba por su hijo. Le decía que no sabía dónde estaba, pero lo acababa de matar. Yo sabía que no lo iba a ver más. Soy malo, pero no tan malo. No lo sé, a veces pensaba que era bueno y luego hacía algo malo. Esa es la vida que vivía. Me tuve que ir de mi favela. Ahora he hecho tantas cosas malas que no tengo dónde ir. Mi familia ya no cree en mí. Tienen miedo. Si pudiera empezar de nuevo, lo primero que haría es estudiar.   Río de Janeiro, Abril 2017.   *Esta persona está identificada solo por su apodo por su seguridad.   Ilustración de Carlos Carabaña.

“Uno no crece pensando que va a matar”

Brasil


ANDRÉ LUIZ DE OLIVEIRA
Sargento Segundo de la Policía Militar
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¿POR QUÉ MATAMOS?
Decidí ser policía porque está en mi sangre. Mi padre era policía. Es mi segunda piel. El objetivo es servir y proteger, pero somos un ejército porque estamos en una guerra no declarada por territorio. Vas a una comunidad y ves a un pueblo pobre, abandonado y al mismo tiempo es un lugar explotado por el tráfico. Si la policía no entrara no habría enfrentamiento. ¿Pero vamos a dejar imponer al tráfico su ley? Ellos ahí matan. Ellos son jueces. Imagina salir con tu hijo y ver a un tipo con un fusil y una bolsa de cocaína vendiendo en la puerta de tu casa. Los niños acaban pensando que aquello es normal. Y los bandidos armados se convierten en sus héroes.   Rio de Janeiro es una ciudad donde mueres por tu trabajo. En el tiempo de mi padre el vagabundo (criminal) era un tipo viejo, tenía un respeto. Ahora son una pandilla de adolescentes con un arma en la mano, sin estudios, sin expectativas en la vida. Ya he perdido a varios compañeros, muchos. El último estaba en su carro y lo mataron porque descubrieron que era Policía Militar. Si matan a un policía ganan estatus.   Llevo casi 20 años en la lucha contra el tráfico y no puedo contar las operaciones que he hecho. Ya he estado en un enfrentamiento con un compañero baleado al lado. Estuve tirado en la mata seis horas sin poder estornudar para que no me descubrieran los bandidos. Si te descubren o corres, o reaccionas o mueres. Si te cogen y te llevan a la favela es peor: te torturan. No sé cuántos autos de resistencia he tenido. Recuerdo el primero. Fue hace 18 años. Era un asalto. Con la primera persona que hablé fue con mi padre. No es natural ver morir a alguien. Uno no crece pensando que va a matar. Mi padre me dijo «es algo natural en el trabajo, no va a pasar ni una, ni  dos, ni tres o cuatro veces».   Río de Janeiro, Marzo 2017.

“Maté a mi novia, no lo pensé”

Brasil

FELIPE
Preso
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¿POR QUÉ MATAMOS?
Vivíamos juntos en el interior del estado. Tenía un hijo con ella, de cuatro meses. Estaba contento por ser padre, no pensaba que era demasiado joven. Es la vida.   Compré el arma en la ciudad de donde era mi novia. Me costó 2,000 reales (600 dólares). Nunca quise vender drogas. La compré porque en mi barrio había bandas. Ellos matan, trafican, roban. Y un día estaba en casa de mi hermana, con mi cuñado, que sí es traficante, y ellos sacaron una foto. Tenía mucho miedo.   Hace 20 días que estoy aquí. Es la primera vez. Maté a mi novia, no lo pensé. Estábamos discutiendo y ella estaba de mi lado. Yo agarré el arma. Pensé que no tenía balas. El tambor giró y acabó disparando. Me siento triste, perdí todo el respeto. Cuando salga de aquí quiero seguir el camino de Dios. Yo no iba a la iglesia, pero ahora que vine aquí me hice evangélico. Aquí la vida es normal… bueno es normal… yo estoy aquí para aprender…   Mi hijo está, con todo respeto, con la madre de ella.   Fortaleza, Abril 2017.   *El nombre de esta persona es ficticio por ser menor de edad.   Ilustración de Carlos Carabaña.

“Mi infancia duró desde los cinco hasta los diez años”

Brasil

FRANCISCO DE ASÍS
Preso
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¿POR QUÉ MATAMOS?
Mi infancia duró desde los cinco hasta los diez años. Después ya no pensaba en jugar. Sólo pensaba en usar y vender drogas. Ahora estoy preso. El juez dijo que era yo. Entré aquí con 17 años, tengo 19.   La primera vez que consumí llegó mi hermano mayor y me ofreció. Esnifé y le dije: “¿Qué es eso?”. No sabía qué era, pensaba que era maicena. La primera vez pensé que iba a morir. A partir de la segunda ya sólo pensaba en hacer maldades. Sólo fumaba, dormía y comía… y vendía. Vendía todos los días. Pero esos 5,000 reales que ganaba los dividía con mi jefe. Yo no quería mucho de dinero. Me quedaba con 1,000 y poco y el resto en droga. Esnifaba al máximo.   Siempre fue violento ahí, desde que era niño. Mi primera arma la tuve con 13 años, me la dio un amigo para robar. Cuando llegaron las facciones la vida no cambió… bueno empeoró. Conmigo no se metieron. Si se hubieran metido conmigo…   Ese día estábamos todos usando droga y llegaron unos chicos que yo conocía con una chica. Me dijeron que los llevara a casa de uno de ellos. Ahí la mataron y la violaron. Yo no hice nada, pero el juez dijo que yo lo había hecho.   Cuando salga de aquí voy a ir a trabajar a São Paulo. Tengo tres hermanos allá. No quiero volver a mi casa porque si vuelvo voy a hacer las mismas cosas.   Fortaleza, Abril 2017.

“El demonio me poseyó”

Brasil

MARCELO
Preso
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¿POR QUÉ MATAMOS?
Estaba muy borracho y estoy seguro de que el demonio me poseyó porque consciente yo nunca haría una barbaridad de esas. Tengo 17 años. Dejé la escuela hace dos y empecé a beber. Drogas no consumía. Tampoco estaba en el tráfico. Yo era más de disfrutar. Ese día estaba bebiendo con mis amigos. Al principio fui a ver un partido a una ciudad próxima. Ahí empecé a beber. Después fui a una fiesta. Hasta hoy le pido a Dios que me devuelva la memoria para saber lo que pasó después.   Dicen que yo invadí una casa pidiendo un arma. Que decía que la necesitaba porque me estaban persiguiendo y me querían matar. Según ellos, la mujer de la casa me dijo que no tenía una pistola y ahí pasó lo que pasó.  El crimen que yo cometí… Dicen que fue con un cuchillo. Maté a un niño. Tenía como siete años.   No recuerdo nada. Mi mamá me dijo que allá todos están muy enfadados por lo que hice. Sólo pienso en hacer cosas buenas cuando salga. Si Dios quiere.   Fortaleza, Abril de 2017.   *El nombre de esta persona es ficticio por ser menor de edad.   Ilustración de Carlos Carabaña.

“No era respeto, era el temor que yo causaba”

Brasil

EDUARDO PAYUELO
Pastor evangélico
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¿POR QUÉ MATAMOS?
En cierto momento llegué a tener una gran fama, pero eso no era nada. No era ni respeto. Era el temor que yo le causaba a la comunidad. Cuando echaba un chiste, todos se reían aunque no fuera muy bueno, si no estaba en lo cierto, daba igual, todos me aplaudían.   Tengo 36 años. Soy nacido y criado en esta comunidad, El Encanto. Una vez después de ver a mi padrastro pegarle a mi madre, yo tendría 17 años, mi corazón se llenó de odio y salí a la calle. Me pusieron una pistola, me dijeron garitea ahí. Eso es lo primero que tienes que hacer, vigilar, luego vender, traer cosas de aquí para allá. Quemártela. Después ya estaba en mi esquina, armado, cuidándome de las otras bandas. Había unas cinco. Eran problemas mil en la zona. Si pasabas la frontera, era plomo. En mis tiempos era lo que se veía, ahora se ven bandas organizadas contra la policía, porque aquí las OLP (Operaciones para la Liberación del Pueblo) han hecho demasiado desastre.   Yo en mis últimos días en el crimen lloraba por las noches, pero no le podía decir a los muchachos. Yo era el cabecilla y eso era una debilidad. Me podían matar. El primero que me dijo que estaba equivocado fue el pastor Robinson y por eso me hice cristiano y ahora sigo el camino del señor. Yo, varón, le digo que los muchachos piden auxilio en silencio. Estar ahí es un sufrimiento muy grande. No es fácil. Te están mostrando un rostro, pero es mentira. Por dentro estar en el crimen te desgarra.   Caracas, Junio 2017.

“En Río de Janeiro no hay un solo día sin tiros”

Brasil

CECILIA OLIVEIRA
Periodista y creadora de la aplicación Fuego Cruzado
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¿POR QUÉ LUCHAMOS?
En Río de Janeiro no hay un solo día sin tiros. Hay días sin víctimas, pocos, pero hay. Soy periodista y siempre trabajé en temas de seguridad pública y política de drogas. A finales de 2015 intenté hacer un conteo y buscar víctimas de bala perdida y fuego cruzado, pero ese dato no existe. Entonces empecé a contar por mí misma. Busqué datos con la prensa de barrio y colectivos locales, pero fue mucho mayor de lo que imaginé, un volumen muy, muy grande. Creamos la aplicación Fogo Cruzado con el apoyo de Amnistía Internacional para mapear tiroteos, ver si hay operaciones policiales, si la persona sabe el motivo de los tiros, si hubo víctimas o no. La policía no da todos los datos. Nosotros contamos el tiroteo, ellos cuentan el crimen.   Cuando hicimos un balance de seis meses, el Complexo do Alemão fue el que tuvo más tiroteos, pero Nova Iguaçú tuvo el mayor número de víctimas mortales. Son cosas diferentes que demandan políticas de seguridad diferentes. La mayoría de los enfrentamientos son en áreas de la pacificación. No puede llamarse pacificados a lugares que está en flagrante tiroteo.   Río de Janeiro, Febrero 2017.

“Soy negro, pobre y favelado, no tengo miedo”

Brasil

MARCOS VALERIO ALVES
Líder vecinal en el Complexo de Alemão
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¿POR QUÉ LUCHAMOS?
Tengo 49 años, 25 hijos, 16 nietos y una bisnieta. Llevo en Alemão desde el primer soplo de vida. La gente tiene miedo a hablar por las represiones de la policía. Yo soy negro, pobre y favelado, ya no tengo miedo.   No sé dónde está el juramento de los policías de servir y proteger, porque hacen todo lo contrario. ¿Y dónde queda el habitante? Es rehén de una guerra particular (entre policías y traficantes) que no es suya. Y las mujeres que van a recoger a sus hijos al colegio, ¿cómo viven? Y los niños que están dando clases y escuchan tiros, ¿qué piensan? ¿Qué van a hacer cuando crezcan? Y el profesor que da clases, ¿qué va a enseñar?   Cuando llegó la UPP (Unidad de Policía Pacificadora) en 2010 hubo buenos comandantes. Me dijeron que eran buenos para la guerra pero que venían a hacer la paz. Y cumplieron. Durante ocho meses no hubo ni un tiro. En 2013 cambió el comando y cambió todo, todo el día disparos. (Mientras habla empieza un enfrentamiento. Los tiros se escuchan a unos 500 metros). ¿Ves? Porque alguien gana con la guerra, ¿quién gana?, porque los habitantes no. El hoy preso Sergio Cabral (exgobernador del estado de Río de Janeiro) dijo en su campaña de reelección que Alemão era una fábrica de bandidos. Luego se retractó. Pero yo le diría que su UPP ahora sí ha hecho una fábrica de bandidos. Teníamos un proyecto social con más de 1,000 jóvenes y niños. Ya no queda nada, sólo una panadería. De ese proyecto ahora el 99% de los chicos se dedica al tráfico.   Río de Janeiro, Febrero 2017.

“Es una jungla con todas las especies criminales”

Brasil

MARCO ANTÔNIO PINTO
Comisario de la delegación de Homicidios de la Baixada Fluminense
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¿POR QUÉ LUCHAMOS?
Yo llamo a esto la Fábrica de Bizcochos. Tenemos que informar de la autoría para que el Ministerio Público lleve al autor a la justicia. Son bizcochos simples. No nos podemos preocupar por el relleno. Si un policía se concentra sólo en un caso viene una avalancha encima de él. Yo me programo cada día para hacer diez tareas, pero cuando llego aquí difícilmente consigo completar dos. En la televisión, el policía se dedica 24 horas a un crimen. Eso no pasa. Nosotros tenemos miles de casos abiertos. Hay más o menos 150 homicidios al mes.   Entré en la policía en 1987.  Me casé hace 25 años. Ella me decía que si no me iba de la policía no se iba a casar. Después me decía que si iba a viajar cuando volviera ya no iba a estar más. Y tengo dos hijos, uno de 17 y otro de 13 años. Ellos no quieren ser policías, pero si quisieran me preocuparía. En Río de Janeiro el policía tiene que tener un compromiso mayor por las dificultades sociales. Y la Baixada es peor.   La cultura de muerte aquí viene desde hace años, está muy enraizada. Soy un policía reciclado. Cuando yo empecé estábamos en un régimen de dictadura. En Brasil cambió todo, pero en la Baixada la violencia sólo cambió el ritmo. Continúan los grupos de justicieros de hace 30 años. Hace diez llegó la milicia. Ahora también tenemos latrocinios y carros y cuerpos carbonizados. Es una jungla donde viven todas las especies criminales.   ¿Cuál es la identidad de la víctima? Eso no interesa. Que anduviera de sandalias, que fuera negro o blanco, calvo o con melena. Si era traficante o empresario. Nosotros investigamos a gente de la Policía Militar, a gente de la Policía Civil, milicianos peligrosos. Intentamos crear credibilidad. El policía necesita ese deseo. Les digo que cuando no tienen nada que hacer se sienten al lado de un teléfono, porque alguien te va a llamar para pasarte una información buena. Y de repente puedes hacer el mejor trabajo de tu vida.   Río de Janeiro, Enero 2017.

"Es el miedo el que me hace continuar"

Brasil

ADRIANO DÍAS
Activista y fundador de la ONG Com Causa
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¿POR QUÉ LUCHAMOS?
Cada vez que me encuentro con otra víctima tengo una sensación de impotencia, de que el trabajo no vale la pena. Y da miedo. Que eso pase conmigo  o con mis familiares. Tal vez es el miedo el que me hace continuar. Hay una obligación. Ayudar a un familiar a que no se sienta solo dentro de esa tragedia es más importante que cualquier otra cosa. Yo soy de la Baixada Fluminense y desde los 80 empecé a defender los derechos humanos y denunciar la violencia relacionada con los grupos de exterminio, los llamados mano blanca, que controlan el territorio a través de la muerte. Un caso llevó a otro y para el 2000, ya estaba relacionado con otra violencia letal, principalmente crímenes de la policía.  En 2007 sufrí una amenaza muy grande, estaban planeando matarme o desaparecerme por trabajar en los juicios de la masacre de la Baixada Fluminense (29 personas asesinadas aleatoriamente por la policía en 2005). Desde entonces tengo un perfil más bajo. Ya no me expongo e intento tener buenas relaciones. Cuando tenemos una acción efectiva, es muy escondida, para preservar la vida de las personas involucradas. Somos de una región invisible.  En la ciudad de Río hay una guerra declarada, pero la nuestra es velada. El miedo es constante.   Tengo miedo de la reconfiguración del crimen en Río, la falta de control de la tropa, del Estado, y de estrategias para impedir el avance de los grupos criminales. Tengo más miedo como ciudadano que como militante. En los tres primeros tres meses del año, hubo 1,500 homicidios, más de 60 policías muertos, hay buses quemados en los últimos días. El miedo es el principal motivador para hacer algo.   Río de Janeiro, Marzo 2017.

"Soy un reductor de homicidios"

Brasil

ALEX S. MARMELO
Pastor evangélico
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¿POR QUÉ LUCHAMOS?
Cavé un túnel, serré los barrotes. Nada funcionó. La tercera vez que fui capturado fue en Cabo Frío (una localidad turística del Estado de Río de Janeiro). Tenía una casa allí. Estaba fugitivo en verdad. Y ahí también hice un asalto a un supermercado y hubo un tiroteo. Me estaba yendo de la playa en mi carro y la policía me capturó. Ahí o vas a morir o vas preso. Pensé que iba a salir fácil como las otras veces. Me condenaron a nueve años por asalto, asociación criminal y otro crimen en Río.   En la cárcel un amigo asaltante de Cidade de Deus me dijo que fuera a una reunión. Era un culto. Me sentí tan bien, las músicas eran tan inspiradoras, el ambiente era cargado de una paz… de una inspiración divina. Ahí empezó mi trayectoria, mi nuevo camino con Dios.  A los tres años me dieron la libertad condicional. Solo que cuando sales aquí fuera es otro nivel, otra realidad. Todas las posibilidades que tenías antes vuelven a hacer parte: mujeres, dinero, droga. Mi compadre era el gerente general de la favela. Y cuando salí me trajo tres kilos de marihuana, una pistola, un dinero. No quieres decirle que no. Él te ayudó en la cárcel. Me volví débil. Volví a aquella vida de nuevo. Fue mi mujer, que también es pastora ahora, la que me ayudó a volver a la Iglesia. Hace 17 años.   Sé que hice cosas malas. Yo participé de ejecuciones, yo participé de momentos en que prendíamos fuego a un tipo vivo, amarrado. Son cosas que hacía porque tenía que hacer. El submundo exige una postura de esa naturaleza. Fue muy malo, pero creo que el secreto de la vida es transformar lo que es malo en algo bueno. ¿No se hace gas con basura? Nuestra vida también tiene su basura. Dios tenía un proyecto para mí. Lo que yo hago ahora es un círculo de Dios. La historia se repite. Lo que hicieron por mi hace 17 años yo lo hago ahora por todos estos chicos (el pastor creó el centro Hune Brasil —Há Uma Nova Esperança— para quitar a jóvenes del crimen y alejarlos de las drogas). Ahora soy un reductor de homicidios.   Río de Janeiro, Marzo 2017.

"Muchos entran al box para defenderse en la calle"

Brasil

LOLA WERNECK
Coordinadora de juventud en la ONG Luta pela Paz
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¿POR QUÉ LUCHAMOS?
Yo no vivo aquí, pero he hecho muchos amigos. Vengo los fines de semana, me divierto muchísimo. Pero tengo mucha rabia. Imagina al que vive aquí. La estigmatización crea odio. La policía criminaliza todo el tiempo a los jóvenes. Cuando hay una operación, el que tiene un familiar se va fuera de su casa. Porque si estás en casa y eres hombre, eres bandido.  El box es una oportunidad de transformar esa rabia en algo positivo. Ofrece mucha adrenalina y otras reacciones físicas que los jóvenes sienten en una situación de violencia. Estar sólo en el ring superando al adversario, tiene mucho que ver con la vida. También tienes disciplina, tienes respeto, tienes una filosofía. Sientes que formas parte de una familia. Eso cambia como el joven se ve y cómo ve al otro.   La escuela el año pasado estuvo 20 días cerrada. ¿Qué clase de educación tienes? Hay muchos jóvenes que no tienen éxito en la escuela pero que son exitosos en la lucha. Lo ven como un proyecto de vida: no soy una mierda, soy una persona reconocida. Cambia como él ve su futuro. Me dicen que se sienten tristes, con mucha rabia, sin opciones, frustrados. Muchos entran para aprender a defenderse en la calle.   Para resistir esta situación de violencia la gente normaliza esa violencia. Para mí eso es una doble victimización. La otra opción es cambiar todo, pero es muy difícil. También salir de aquí. Luta Pela Paz nació en 2000. Desde que yo entré recuerdo a cinco o seis alumnos que murieron por la violencia de la policía o de las facciones.   Río de Janeiro, Marzo 2017.

"Hoy matar a un policía es una victoria"

Brasil

NELSON DA SILVA
Teniente retirado y fundador de SOS Policial
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¿POR QUÉ LUCHAMOS?
El policía, por ser policía, ya es un enemigo. ¿Por qué no matan a los jueces, a los fiscales? Ellos son casos aislados. Se mata a personas específicas, pero a nosotros nos matan sólo por ser policías. No es el policía que atrapó al marginal, es simplemente el policía. No tenemos la sensación de que haya castigo. Hoy matar a un policía es una victoria. Y cuando nosotros matamos a un bandido, a veces el policía acaba preso.   Yo entré a la policía porque buscaba la estabilidad  financiera del empleo público.  Fue hace 32 años. No había ese riesgo que hay hoy.   Antes era una profesión respetada, incluso por el propio marginal. Era un empleo que se pagaba bien. En la época, ocho salarios mínimos eran 5,000 reales y ahora ganamos poco más de 2,000. Yo, como muchos, tuve que trabajar también en seguridad privada para darle una buena vida a mi familia. Ahora no se tiene material, no se tiene efectivos, no hay ni hojas de papel. Si no hay dinero para comprar papel, no va a haber dinero para armas, municiones o comprar gasolina para hacer diligencias. Estamos muy vulnerables.  En las calles se está matando al policía. Yo perdí a mi hermano de corazón. Era un hombre bueno, alguien que ayudaba, un hombre de familia, que tenía tres hijos. Siempre estábamos juntos y murió en la mano de marginales. No hay una contrarespuesta efectiva del estado para cuando un marginal mata a un policía. Yo siempre voy armando. Si estás desarmado no puedes ayudar. Ahora estoy investigado por la policía Militar. Me acusan de organizar la huelga.  La hicieron las mujeres de los policías. Ahora el Estado está en crisis. Como yo soy de SOS Policía, recibí 17,000 mensajes. Mi esposa fue a la puerta del batallón porque ella es mujer de PM y sabe lo que hemos sufrido. Yo fui a apoyar a mi mujer. Pero está prohibido en nuestras normas. Lo que no entiendo es: ¿Por qué nos cobran a nosotros, servidores públicos, cuando la calamidad pública del estado es por la corrupción? Se le tienen que cobrar a ellos.

“El miedo legitima la barbarie”

Brasil

MARCELO FREIXO
Presidente de la Comisión Derechos Humanos, ALERJ
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¿POR QUÉ LUCHAMOS?
El crimen organizado nace dentro del Estado. Fuera es barbarie. Todas las facciones de Río de Janeiro nacen en la prisión y van a controlar las favelas. Porque la gran mayoría de presos son de la favela.   Soy diputado hace diez años, pero empecé a trabajar en prisiones con 21 y ahora tengo 50. Cuando empecé a trabajar esas facciones casi no existían. Yo les vi ganar cuerpo dentro del presidio. Son mucho más un control local que crimen organizado. Si tú hablas con los grandes traficantes presos no saben ni dónde está Bolivia, muchos de ellos nunca salieron de la favela. Brasil es hoy la tercera población carcelaria del mundo. ¿Y quiénes son los presos? Los mismos que mueren. Son los matables.   Los números que tenemos de homicidios son de genocidio, pero la violencia no es igual para todo el mundo. Los homicidios sobre la población blanca descendieron bastante. Al contrario de la población negra.  El problema es que las políticas de seguridad pública en los últimos gobiernos tienen una lógica de guerra. Y en la guerra es matar o morir.   ¿Por qué las personas que sufren la violencia en Río de Janeiro están de acuerdo con ajusticiamientos, con personas amarradas, con la venganza? La lógica de la guerra trae la sustitución de la justicia por la venganza. Y el combustible que mueve ese sentimiento es el del miedo. El miedo legitima la barbarie. El miedo permite que el estado no cumpla la ley: ‘Yo no sé quién es mi enemigo, pero sé qué color tiene y del territorio que viene’. El futuro de la juventud negra de la periferia es la muerte o el presidio. Y las excepciones confirman la regla.   Río de Janeiro, Marzo 2017.

“Cuando naces en la favela ya eres un superviviente”

Brasil

RAULL SANTIAGO
Fundador del colectivo Papo Reto
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¿POR QUÉ LUCHAMOS?
Cuando naces en la favela, ya eres un superviviente. Tienes que aprender a vivir en medio de un ambiente que es increíble, pero en el que hay guerras. Soy habitante del Complexo de Alemão hace 28 años, la edad que tengo. El colectivo Papo Reto nació en 2014, poco después de unas fuertes lluvias. Algunas casas se desmoronaron y esas familias se quedaron sin tener dónde dormir. Queremos mostrar todas las cosas buenas que pasan en la favela, pero denunciar los abusos a los derechos humanos nos lleva mucho tiempo, porque son muy graves.
 

“CUANDO NACES EN LA FAVELA, YA ERES UN SUPERVIVIENTE”

  Empecé en la lucha en 2006 haciendo eventos y producciones para recaudar fondos y mantener el único espacio donde teníamos acceso a internet. En 2010 participé en colectivos que discutían los problemas que teníamos en el Complexo, como la falta de un servicio de recogida de basura. Algunos habitantes empezaron a denunciar violaciones a sus derechos, principalmente por las operaciones policiales, que siempre fueron las únicas políticas públicas en la favela.   Muchos abusos los comete el propio estado a través de la policía Recibimos amenazas verbales o agresiones físicas. Yo sufrí ataques virtuales. Hicieron varios perfiles falsos con mi nombre y foto. A finales del año pasado me tuve que ir tres días de la favela porque algunos policías me amenazaron. Es muy difícil denunciar y también nos quita mucha energía.   Río de Janeiro, Marzo 2017.

“No se arrepienten del delito, se avergüenzan de que los detengan”

Brasil

MANOEL CLÍSTENES
Juez
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¿POR QUÉ LUCHAMOS?
La mayoría no se resocializa: o terminan en un presidio o los asesinan. El resultado es triste. No se arrepienten del delito, se avergüenzan de que los detuvieran. Tengo cuatro hijos y muy en el fondo siempre tienes miedo de que caigan en ese mundo. Los centros sociales son un factor agravante para la violencia. El grueso de los muertos está en la franja entre 17 y 22 años. El perfil entre las víctimas y los ejecutores es el mismo: jóvenes del sexo masculino, aunque cada vez más mujeres, que viven en la pobreza o por debajo del límite de la pobreza. Los motivos son luchas de facciones, deuda por drogas y la llamada quema de archivo, cuando la persona es testigo o sabe alguna cosa. Una vez llegó aquí un niño que a los 12 ya había matado a tres. En esas comunidades manda la ley del silencio. Nadie quiere ser testigo de un crimen en la favela. Nadie oye, nadie ve. Los crímenes que son resueltos es porque la familia tiene coraje, pero la mayoría prefiere irse antes que testificar. El juez sólo tiene 45 días para sentenciar el proceso. Llegas a casos absurdos. Por ejemplo, tenemos en nuestro sistema a un adolescente que tiene 22 procesos. Los datos que yo manejo hablan de un 92,8 % de impunidad.   Fortaleza,  Abril de 2017.

“¿Por qué al estado no le interesan nuestros muertos?”

Brasil

CAIO FEITOSA
Investigador del informe Cada vida importa
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¿POR QUÉ LUCHAMOS?
¿Cómo crece la gente? La gente socializa la violencia. Luchar contra ese sentimiento es nuestro principal objetivo, y aún no sé si lo conseguimos. Hace unas semanas cerca de mi casa tuvimos el caso de Dandara, otro caso de linchamiento y descuartizamiento. Es una barbaridad. Desde 2007 a 2014 murieron 1,200 personas en los cinco barrios del Bom Jardím. No se puede pensar que eso es normal, que es algo de la naturaleza o que es Dios quien quiere que sea así.   En los años 2000 empezamos a preocuparnos por los asesinatos de jóvenes. Cuando intentamos hacer acciones la sorpresa fue que nadie quería hablar de eso. Muchas familias no tienen derecho a la memoria porque se piensa de ellas que son bandidos, traficantes. Parece que no tienen una historia. Da la impresión que su vida no importa. Las familias también tienen miedo porque el asesino vive muy cerca y los asesinatos están asociados al tráfico de drogas, pero no sólo al tráfico, también a otras redes ilegales: el tráfico de armas, la seguridad privada ilegal. Lo otro que queríamos saber es: ¿Por qué al Estado no le interesan nuestros muertos?. Pero la policía no colaboró en la investigación.   Otra dimensión que me preocupa es cómo resolvemos conflictos. Me contaron que uno de mis primos se puso los pantalones cortos de su hermano y él lo amenazó con matarle. Si yo hubiera hecho eso en mi tiempo hubiéramos tenido una gran crisis familiar. Y algo importante es que si ese chico quiere conseguir un arma no va a tener ningún problema.   Fortaleza, Abril 2017.

“El entrenamiento de un policía no lo prepara para el resto de su vida”

Brasil

CAPITÁN WAGNER SOUSA
Diputado estatal por Ceará
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¿POR QUÉ LUCHAMOS?
Cuando yo estaba en la Academia, el arma que utilizaba era un revólver calibre 22 que hoy ya no existe. Pasé tres años para ser oficial. Hoy el soldado pasa apenas cuatro meses y tiene un entrenamiento muy deficitario para las atribuciones del policía. No es suficiente para prepararse para el resto de la vida.  ¿Por qué quise ser policía? Para ser sincero fue por el empleo. Luego me apasioné. Tenía la oportunidad de salvar vidas.   Empecé en la política porque un grupo de policías me lo propuso. Yo no tenía dinero, no tenía parientes en la política. Era 2010. Me quedé como suplente.  Luego me presenté a concejal de Fortaleza y saqué la mayor votación de la historia. Luego diputado del Estado y saqué también la mayor votación de la historia. El cambio de la policía a la política fue muy interesante. Fue en la época del lanzamiento de Tropa de Élite, aquella historia del capitán Nascimento. Yo era capitán. Hubo mucho esa conexión cuando llegué al Parlamento. El día que llegué tuve un debate muy grande con un diputado, era como la película.   Fortaleza, Abril de 2017.

“No podemos crecer en la maldad”

Brasil

EDIVANIA MÁRQUES
Activista del Centro de Vida Herbert Souza
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¿POR QUÉ LUCHAMOS?
Aquí la gente muere entre los 14 y los 29 años. Llegar a los 29 años es tener suerte. Con las bandas criminales hay un planteamiento de la muerte mucho más brutal. Su lógica es exterminar al otro, descuartizarlo. Ya no es sólo una muerte con un tiro. Creo que hay una total deshumanización. No podemos crecer en maldad. El último caso que vivimos en el barrio es algo muy difícil de entender: una persona mató a un joven y distribuyó sus miembros. La cabeza en un rincón, los brazos en el otro. Pasamos una semana viendo los miembros.   Luego ves mensajes en las paredes tipo: si robas a un trabajador, mueres. Parece que tienen hasta conciencia social [se ríe irónica]. No tienes que robar al trabajador, tienes que robar al burgués.   Cuando era pequeña, si veía un arma me daba pavor. Estaba temblando todo el día porque sabía lo grave que era que alguien estuviera armado. Hoy encuentras normal que alguien pertenezca a una banda armada. No es normal, pero es común. Es una sociedad enferma. Todo esto trae consecuencias psicológicas para los demás. Yo misma tengo miedo. Siempre trabajé en el tema social. No quieres aceptar lo que está pasando. Quieres que las personas tengan una vida digna.   La población piensa que más policía es la solución. Siempre que hay un espacio para una obra la gente lo que pide es un puesto de salud, una escuela y una delegación de policía. Lo que percibimos con los jóvenes, en cambio, es que piensan que el estado no va a cambiar las cosas, que somos nosotros los que nos tenemos que unir.   Fortaleza, Abril de 2017.

“Hay un genocidio de la población joven y negra”

Brasil

RÓMULO SILVA ACTIVISTA
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¿POR QUÉ LUCHAMOS?
Yo me considero negro. Siempre viví en la periferia de Fortaleza. Siempre estudié en escuela pública. Soy de familia humilde. Mi papá se fue casa cuando tenía diez años.  Mi lucha por los derechos humanos comienza en 2002 cuando me empiezo a cuestionar mi propia condición: ¿Por qué jóvenes de mi edad estaban siendo asesinados por la policía o los traficantes? En la cabeza de un chico de 15 años eso no está claro y hasta hoy sigue sin estarlo.   En la masacre del 12 de noviembre de 2015,  murieron 20 personas, 11 en la misma masacre y otras nueve en otros lugares, también ligados. Un joven llegó al CUCA (un centro cultural)  diciendo que la policía había matado a varias personas.  Yo conocía a dos de ellos. A Alef y Jardel. Eran muy amigos. Murieron juntos.   Hicimos varias manifestaciones en Fortaleza para presionar de alguna manera y sensibilizar a la sociedad.  Casi todos los policías han sido liberados. Se dice que hubo casi 200 involucrados. De esos, unos 10 ó 15 van a responder a la justicia.   Mensualmente mueren unas 400 personas en Fortaleza. De esas casi 90 % son jóvenes. Hay un genocidio de la población joven y negra.  La violencia afecta mi vida directamente. Vi amigos morir. Yo mismo he sido detenido por la policía. Hay que entender las formas de violencia simbólica como el machismo, el racismo, la homofobia, la xenofobia y crear mecanismos concretos con las personas de la propia comunidad y la academia. Necesitamos crear espacios de resistencia e indignación porque ahí nace la esperanza y se cree en un mundo mejor.   Fortaleza, Abril 2017.

“Si hay tiroteo, el día siguiente es mucho peor”

Brasil

MÓNICA CIRNE
Fisioterapeuta
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¿CÓMO SOBREVIVIMOS?
A mí me llegan las sobras de los acontecimientos. Son chicos con parálisis facial. Jóvenes de 14 años con derrames. ¡Ese es el nivel de estrés! También crecieron mucho las fracturas. Las secuelas por disparos. Desde hace diez años atiendo gratis a los habitantes del Complexo de Alemão. Dos veces a la semana. Hago 18 consultas por día. Hay madres que son usuarias de drogas y después viene un hijo con deformidades, que no habla. Es muy complicado. Todo relacionado al día a día.   Hace cuatro años empezamos a construir el Instituto Movimento e Vida, pero las puertas están cerradas porque no tenemos patrocinador para los gastos. La comunidad está desesperada. Yo vuelvo siempre después del Carnaval pero este año no pude. Todo el mundo que tiene un problema y necesita rehabilitación física busca a Mónica, ya sea porque recibió un tiro o se cayó de una azotea. Y Mónica está vieja y cansada. Cuando estoy en casa y hay un megatiroteo en la calle tal, sé que el día siguiente va a ser mucho peor para mí.   Río de Janeiro, Marzo 2017.

"Esta guerra nunca va a acabar"

Brasil

ROSA
Cajera de banco
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¿CÓMO SOBREVIVIMOS?
Mi hermano recibió un tiro en un baile funk durante un fuego cruzado. Quedó paralítico durante 10 años y falleció hace poco. Hace 40 años que vivo en la misma calle en el Complexo de Alemão.  Me gusta, es un lugar bueno. Pero después de que la Unidad de la Policía Pacificadora entró, acabó el sosiego. Tenemos tiroteos todos los días. No podemos estar fuera de casa o dejar a los niños jugar en la calle.   Hace unos meses los policías ocuparon mi azotea y desde ahí disparaban contra los traficantes. Nosotros estamos en medio. En mi calle, las casas están llenas de tiros. Hay días que no puedo subir a mi casa por el fuego cruzado.   Cuando empiezan los disparos yo sigo viendo la novela, pero mi hija se esconde debajo de la cama de mi mamá. A veces no consigue ir a la escuela por los tiros.  Hay días que compro más comida para no tener que salir. En las noches no consigo dormir. Me quedo despierta por el ruido y empiezo a pensar: ¿Qué tal si tiran una granada? En casa de mi comadre ya echaron una. Quedó sorda un día entero.   Río de Janeiro, Marzo 2017   *Cambiamos el nombre de esta persona por su seguridad.

"Sin el deporte podría estar muerto"

Brasil

CHEYMAN
Luchador
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¿CÓMO SOBREVIVIMOS?
De niño era gordito y se burlaban de mí. Era muy peleonero. Todas las semanas me llamaban en la escuela y mi mamá se estaba volviendo loca. Un día vine a Luta Pela Paz (en el complexo de Maré) porque quería aprender a defenderme. Mi mamá no tenía tiempo para estar con nosotros más que en la noche. Luta Pela Paz fue un padre para mí.   Tengo 19 años y hace ocho que estoy aquí. Empecé con box. Al principio todavía peleaba bastante, pero al año siguiente me calmé porque entendí que esto era una disciplina. Después me enamoré de la lucha libre. A los dos años y medio empecé a competir. He perdido en poquísimas ocasiones. Si no hubiera encontrado el deporte estaría en malos pasos o muerto de tanto pelear.   Tenía una cabeza muy dura, mal genio, era machista. Todo eso acabó. Aquí me han enseñado a conocer nuevas culturas para no quedarnos solo en este mundito. Hace unos años, unos suecos vinieron a hacer un documental. Después de un año nos invitaron a ir. Yo nunca había salido de Río. Estuve en Estocolmo y andaba hablando solo por la calle. Me quedé impresionado con los vikingos.   Río de Janeiro, Marzo 2017.

"Quien está en el frente tiene derecho a improvisar"

Brasil

VERÍSSIMO DA LAGE
Profesor de teatro
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¿CÓMO SOBREVIVIMOS?
A los habitantes de la favela nos santifican o nos demonizan y las dos son formas de deshumanizar. La gente lo que quiere es ser humano. Me crié en una favela llamada Pexinhos, en Recife. Soy profesor en Vila Cruzeiro hace 18. A los jóvenes les digo que no hay nadie mejor para hablar de sus experiencias que ellos mismos.   Vamos a estudiar el mito de Antígona, porque en 2010, durante la invasión de las fuerzas armadas, en la Vacaría, la parte más alta y pobre, varios jóvenes fueron ejecutados y las madres querían rescatar sus cuerpos para sepultarlos. Los cerdos los estaban devorando. Lo mismo que le ocurrió a Antígona con su hermano Polinise. También estudiaremos La farsa del abogado Pantelhin, en relación a las astucias que se tienen que desarrollar para vivir en la favela; Othelo, por todo lo que tiene que ver con el control del territorio, la lucha de poder; Tartufo, de Moliere, la historia de un falso religioso que se trasviste de un creyente fervoroso para hacer patrañas. Es una forma de debatir sobre el avance del fundamentalismo religioso. Y La madre coraje, de Brecht, que cuenta la historia de una mujer que tiene cinco hijos y se gana la vida con la guerra forneciendo víveres. Es un paralelo con las tías de las quentinhas en las favelas, que venden víveres para los soldados de la UPP, para los traficantes.   A mis alumnos los llamo Hércules, por todas las pruebas que tienen que superar para llegar a la escuela. A veces el aula está medio vacía por los disparos. Otras los disparos empiezan en medio de la clase y sus madres los vienen a buscar. Estos jóvenes no deben ser objeto de caridad, sino de admiración. Por la urgencia en la que viven crean un pensamiento muy complejo del que deberíamos aprender. Quien está en el frente tiene derecho a improvisar.   Río de Janeiro, Marzo 2017.

“Nos tenemos que ir de aquí”

Brasil

ANANIS DE OLVEIRA
Pastor evangélico
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¿CÓMO SOBREVIVIMOS?
Cuando hay culto y empiezan los tiros, les digo a todos que nos vayamos al cuarto de atrás. No hay mucho más que hacer, sólo esperar a que pase. Cuando llegué a esta iglesia hace dos años, venían más de 150 personas al culto, ahora no pasan de 30 porque desde hace mes y medio vivimos en fuego cruzado.   Mira las entradas, están llenas de agujeros por las balas. No es forma de vivir. Tenemos que salir de aquí. No veo otra opción. Yo intento calmar a las personas que vienen a la iglesia para que la gente pueda estar aquí, pero la gente tiene miedo de salir de casa, no quieren pisar la calle.  Lo único que podemos hacer es continuar caminando y no desistir. Nuestra luz es Cristo.   Río de Janeiro, Marzo 2017.

“¿Sabes qué crimen cometí? pedir un salario digno”

Brasil

CARLOS ANTÔNIO OLIVEIRA DE AQUINO
Policía Militar
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¿CÓMO SOBREVIVIMOS?
En 1997, el Papa Juan Pablo II estuvo en Brasil. Fui a reclamarle a mi capitán mejor salario y condiciones de trabajo. Y él me dijo: «Ve a hablar con el Papa». Yo obedecí. Un día el Papamóvil paró enfrente de la Cruz Roja, aquí en Río de Janeiro, y yo con mi uniforme de policía, esperé y grité: «Ayúdeme Santo Papa, sólo usted me puede salvar». Y la Policía Militar, hipócrita, me detuvo cinco días por reivindicar mi salario. Yo era soldado. Otra vez llevé a mi hijo de dos años a una protesta y salió en la televisión porque teníamos una manta que decía: «No quiero una bandera y un héroe muerto, quiero protección del Estado y un padre vivo».   Yo veía en la televisión los tanques de guerra y quise entrar al Ejército. Me di cuenta que me estaba preparando para una guerra que no existía. Si yo veía a un criminal no podía hacer nada. En 1988 entré a la Policía Militar porque tenía el sueño de servir y proteger a la sociedad. Pero después de un año vi que era un esclavo, no solo de mis superiores, sino de los gobiernos, del politiqueo. Empecé mi lucha hace 20 años y desde entonces la Policía Militar me ha perseguido. En 2012 estuve en la cárcel de Bangú durante nueve meses, donde ponen a los peores presos. ¿Sabes qué crimen cometí? En el país de la corrupción, yo pedí condiciones de trabajo y salario digno.   Río de Janeiro, Marzo 2017.

“Mi mamá huyó con nosotras”

Brasil

SUYANNE OLIVER
Trabajadora social
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¿CÓMO SOBREVIVIMOS?

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  Mi papá le pegaba a mi mamá. Tengo muchos malos recuerdos. Hubo un día que mi mamá no aguantaba más y quiso prender fuego a todo. Mi papá trabajaba con pintura, tenía galones en la casa. Ella los derramó en el cuarto y fue con nosotras. Llorábamos mucho. Pero no pudo. No prendió el fuego. Mi mamá huyó con nosotras. Yo tenía siete años.   Estuvimos en el interior de Ceará  hasta los 11 años. Regresamos porque mi mamá sintió que teníamos que hacerlo, teníamos una casa aquí, y allí empezamos a asumir responsabilidades que no eran para nosotros, cuidar la casa, lavar la loza, hasta pedir fruta en la calle. Mi papá no nos ayudó nada. No nos fue a visitar. Mi mamá nunca denunció a mi papá. Ella huyó y ya.   Cuando regresamos encontré a los amigos que había dejado, fue muy bueno, pero siempre había esa tristeza profunda, de entrar en la casa y acordarse de lo que había pasado.  Cuando regresé había cambiado el contexto social.  En aquella época no había esa cuestión de crímenes violentos y ahora si. Empecé a trabajar con la comunidad.   A mi mamá también le dispararon. El año pasado. Ella venía de la iglesia con mi tía. Se metió dentro de un fuego cruzado. Los avionzinhos le decían que saliera, pero ella no entiende la forma del hablar de los traficantes. Continuaron caminando. Mi mamá solo sentía como pasaban las balas. Recibió una en el tendón. Todavía la tiene dentro.   Fortaleza, Abril 2017.

“Alguien que escoge eso tiene dos caminos: cárcel o cementerio”

Brasil

CAROLINA XIMENES
Estudiante
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¿CÓMO SOBREVIVIMOS?
A veces la única forma de sustentar a la familia es a través de la droga.  Un vecino que vivía en mi calle murió por deberle cinco reales (1.5 dólar)  a un traficante.  Yo he visto morir unas tres personas. Mi primo, mi vecino y un colega de la escuela, que también estaba en las drogas. Usaba, no pagaba… Muere mucha juventud en nuestro barrio. Mucha, mucha, mucha. La realidad no juega. Alguien que escoge eso tiene dos caminos: cárcel o cementerio. El joven se acostumbra a que todos los días muera uno.   En pleno siglo XXI, la gente tiene este prejuicio contra el negro joven de la periferia. Siempre hemos tenido esas cosas de prejuicio por religión, por droga, por ser mujer… En una clase de ciudadanía, yo dije que soy umbandista (parte de una religión ecléctica fundada en Brasil en el Siglo XX) y un niño me dijo: “Tú eres hija del diablo, tú adoras a Satanás”. Cuando salimos de la escuela me empujó al suelo y me empezó a pegar.  Yo no entendía el porqué.   Sufrimos muchas violencias. Por no tener un dinero, una ropas, las personas ya te ven diferente. Yo veo que la gente rica, es muy fresquinha. Siento que la periferia es más acogedora.   Fortaleza, Abril de 2017.

“Tienes que tener cuidado de con quién andas”

Brasil

HENRIQUE LIM
Estudiante
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¿CÓMO SOBREVIVIMOS?

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Cuando eres niño si escuchas un ruido tienes que echarte a correr. Yo eso lo sabía cuando tenía diez años y estaba en medio de la calle. También tienes que tener cuidado de con quién andas. Primero porque si fulano está metido en algo y van a por él y tú estás ahí en ese momento… Y si pasa algo conmigo, lo primero que van a decir es que algo había hecho. Por la cabeza de la gente no pasa eso de ‘el lugar equivocado en el momento equivocado’.   Por ejemplo, si muere un traficante lo que piensa la gente es que al fin su madre va a poder dormir, que no va a tener más preocupaciones. Que un joven mate a otro joven se está convirtiendo en una cuestión muy banal. Y hay gente en la comunidad que lo incentiva: ‘Si fulano hace esto, tú lo matas, total nadie lo va a echar de menos’.   Creo que lo que más influye para que los jóvenes entren al crimen son los recursos financieros. Yo ahora me estoy graduando, pero si mi madre no trabajase o sólo ganara el salario mínimo, no podría pagar mis pasajes y mi comida. A veces las familias de esos jóvenes no tienen dinero para comprar un pantalón e ir a una entrevista de trabajo. O para cortar el pelo. Yo ayer le arreglé el pelo a un amigo. Es muy fácil para las personas hablar de que los chicos no salen del crimen porque no quieren.   Fortaleza, Abril de 2017. 

"Como madre tengo miedo"

Brasil

Vilma Madre

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En el crimen no están siempre las mismas personas. Llegan de otros barrios. Y lo único que puedes hacer es empezar una especie de amistad con ellos. Bueno, eso o también ha habido muchas familias que se fueron por la violencia. Eso empezó hace unos cuatro años. Amenazaban a los hijos y entonces se iban.   Yo tengo tres hijos con el que viene. Uno de 9 años, otro de cuatro y estoy embarazada de ocho meses. Como madre, tengo miedo, porque ves que hay muchos jóvenes perdidos que se meten al tráfico. Yo con mis hijos soy muy realista, les digo pasó esto y esto otro. Porque aquí muere mucha gente, muchos conocidos. Lo que más miedo me da son las balas perdidas. Porque no hay pocas. Puedo estar aquí sentada y que me toque una. Eso me pone muy nerviosa.   Nací en Fortaleza y antes me gustaba vivir aquí. Antes teníamos libertad para jugar en la calle, ahora no. Fue empeorando. Lo de los jóvenes hoy da tristeza. Empiezan en el tráfico y se mueren rápido. No tienen tiempo para vivir. Y yo temo por el futuro de mis hijos. Necesitamos deporte, cultura, para que su mente no esté vacía.   Fortaleza, Abril de 2017.

“Si los cuento todos, han muerto unos ocho amigos”

Brasil

VÍTOR PEREIRA
Desempleado
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¿CÓMO SOBREVIVIMOS?
Hace unas semanas, iba caminando y alguien dejó las piernas de un cuerpo en una esquina. Me asomé. Tenía curiosidad. Después me fui a casa.   La primera vez que vi un muerto estaba en un teléfono público. Llegaron en un carro, le apuntaron, así bien cerca, como si fuese aquí al lado, y le dieron un tiro: PAAAAH. Yo me quedé paralizado. Tenía 11 años.   Otro día le dispararon a mi mamá. Yo era niño. Fui a recoger un hamster a casa de un amigo y estaba esperándolo en la esquina con mi mamá. Un tipo, primo de un colega, se estaba peleando con otro por una empanada. Escuché un tiroteo y de repente mi mamá cayó en el suelo. Tenía un tiro en la espalda. No salí más de casa hasta que tuve 15 años. Sólo iba a la escuela.   Cuando era niño, había tanto tiroteo que mi familia ponía el colchón en el suelo y nos tirábamos ahí para no recibir una bala perdida.  Ya perdí un amigo que murió así. Me asusté mucho. Estuve un año con el trauma, hasta que vi otro y otro y otro y otro. Si los cuento todos, han muerto unos ocho amigos.   Mi madre cuida de mí como si tuviera nueve años. Ella hace todo por mi. No duerme hasta que llego a casa. Yo llego y voy directo a la computadora, pero ella se levanta de cama para hacerme de comer, no importa que sea la una de la mañana. Ella me hace mi tapioca. Tiene miedo de que me pase algo. Otro día estaba yendo a un evento de reggae aquí en la plaza. Vi que mataron a una persona, pero ya no me detuve. Me fui al concierto.   Fortaleza, Abril de 2017.

“Me dieron un tiro en la cabeza”

Brasil

One Chot Músico

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El último recuerdo que tengo fue de una semana antes, cuando dimos un concierto. El resto me lo contaron. Fue en febrero de 2012. Iba a buscar unos discos porque me iba de gira promocional. Estacioné mi carro, una camioneta Mitsubishi.  Me dieron un tiro en la cabeza.   Aquella noche no había luz en el hospital. Fue cirugía de guerra. El pronóstico que le dieron a mi mamá fue: “olvídese de su hijo cantante, no se va a acordar de nada”. Desperté tres semanas después porque estuve en coma inducido y lo primero que pregunté fue: “¿Dónde están mis rastas?” Reconocía a todo el mundo, menos a las enfermeras, claro. El cerebro es muy sabio y olvida lo que no quiere recordar.   Fue mi segundo secuestro exprés. Bueno, yo digo que cuando me metieron el disparo en la cabeza era por un secuestro o para robarme la camioneta, nunca lo supe. Me robaron el celular, pero yo creo que eso fue la policía. Yo le tengo más miedo a los policías que a los malandros.   Venezuela siempre ha estado mal y ahora está peor que nunca, pero yo no quiero irme a ningún lado. No conozco un país mejor que este. Yo no tengo miedo, no me siento inseguro. Y si ahora se vive una guerra entre el gobierno y la oposición, tengo que centrar todas mis redes en el problema. Yo estoy en medio.   Me puse One Chot por otra cosa, pero ahora que me preguntan digo que me llamo así porque me dieron un tiro en la cabeza.   Caracas, Junio 2017.

"Tengo decenas de casquillos"

Brasil

DONA MARTA
Ama de casa
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¿CÓMO SOBREVIVIMOS?
Mira lo que tengo aquí. Es una calabaza. Mira lo que guardo. Son casquillos de balas. Los he recolectado aquí cerca, en casa, en la calle, en la azotea. Empecé este año. Hace meses que tenemos disparos casi todos los días. ¿Ves el portón? Ese agujero es también de una bala. Por eso tiene una cuerda para que cierre. Tengo muchos casquillos, decenas. Tengo 81 años. Llegué a Alemão con mi marido. Somos diez personas en casa. Conmigo vive mi hija, mis sobrinos, mis nietos. A veces estoy viendo la televisión y empiezan los tiros. Mis nietos tienen miedo. Se esconden. También tenemos tres perros. Esa es una figura de São Jorge. Él nos protege. Voy todos los días a recoger a mis nietos a la escuela. Uno estudia en una y otros dos en otra. Muchas veces los disparos empiezan a la hora de la salida. Ellos tienen que esperar a que acaben dentro de la escuela porque no puedo llegar. Cuando pasa eso me pongo muy nerviosa. Si me muevo es malo. Si me quedo quieta es peor. Río de Janeiro, Marzo 2017. *Cambiamos el nombre de esta persona por su seguridad.

“Los tiros son normales”

Brasil

MARIA GREGORIA NAVARRO
Dueña de una tienda de abarrotes
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¿CÓMO SOBREVIVIMOS?
Yo soy de Barquisimeto. Llegué aquí en 1960. Había puro pugil, una mata con pura espina hedionda, y esto era un matizal. En ese tiempo, la gente quitaba la mata y hacía su ranchito de tabla, yo hice lo mismo. Poco a poco se fue poblando el barrio, era muy bonito, la gente quitó hizo su familia. Ya no sé cuantos nietos tengo, bastantes, también bisnietos y tataranietos. Tengo 80 años. El barrio ha cambiado mucho. Hasta el tricolor (partidos de oposición al gobierno) ha venido para arreglar esto aquí, está descuidado, pero yo tengo este lugarcito y mira qué vista tengo. No sé cuando empezó la violencia, pero los tiros son normales. La violencia es normal. Siempre fue. Gracias a Dios yo estoy bien, aquí tranquila. Yo en mi casa, mi familia en casa, trabajamos para mantenernos y no hacemos pregutnas. Allí arriba (en la parte alta del barrio) es otra cosa.. Pero aquí estoy segura, tengo mi mata de cacao, mi huerto. No ando viendo lo que pase en otro lado. Me preocupa más que hay mucha rata y gatos sueltos. Caracas, Junio 2017.

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